La participación del equipo económico en las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Bangkok dejó más interrogantes que certezas. A las dudas que generó Luis Caputo entre los financistas se sumó una presentación de Vladimir Werning que terminó exponiendo una de las principales debilidades del programa económico: la fragilidad de las reservas internacionales.
El vicepresidente del Banco Central expuso ante inversores un gráfico que buscaba demostrar la recuperación de las reservas durante el gobierno de Javier Milei. Sin embargo, la comparación de dos metodologías terminó dejando a la vista que, después de casi tres años de gestión, la Argentina todavía no consiguió recomponer plenamente su posición externa.
La primera, representada por una línea azul, muestra la evolución convencional de las reservas netas. Según esa medición, el Banco Central pasó de un saldo negativo de 11.200 millones de dólares en diciembre de 2023 a uno positivo cercano a los 11.700 millones en octubre de 2026. Una recuperación de 22.900 millones de dólares.
La segunda, identificada con una línea gris, ajusta las reservas por el efecto del sobreendeudamiento. Bajo ese criterio, el punto de partida del gobierno de Milei era considerablemente peor: un rojo de 34.600 millones de dólares. La recuperación posterior alcanza los 32.000 millones, pero el resultado sigue siendo negativo en aproximadamente 2.600 millones de dólares.
Bajo la metodología del Fondo, Econviews calculó que las reservas netas todavía rondaban los 7.000 millones de dólares negativos en septiembre.
La diferencia metodológica tampoco es menor. Mientras Werning exhibe una recuperación de las reservas netas, el FMI utiliza un criterio más exigente, que descuenta determinados pasivos externos y los desembolsos de su propio programa. Bajo la metodología del Fondo, Econviews calculó que las reservas netas todavía rondaban los 7.000 millones de dólares negativos en septiembre. La distancia entre ambas mediciones expone hasta qué punto la fortaleza financiera que exhibe el Gobierno tiene pies de barro.
Una presentación del vice del Central reveló que las reservas son negativas
Pero lo de Werning es notable. El vicepresidente del Central buscó demostrar que el Gobierno había realizado un esfuerzo de acumulación de reservas mayor al que refleja la contabilidad convencional. Sin embargo, para sostener ese argumento, terminó exhibiendo una medición alternativa que deja al Banco Central contra las cuerdas.
Al pie del gráfico, el funcionario escribió una frase reveladora: “La normalización de la deuda oscurece el verdadero ritmo de mejora de las reservas internacionales netas”.
El argumento oficial es que el Gobierno heredó una serie de obligaciones acumuladas que afectaban la posición financiera del Banco Central. Al regularizar esas deudas, parte de los dólares utilizados no se tradujo en una mejora visible de las reservas convencionales. Por eso, Werning sostiene que el fortalecimiento fue mayor al que muestran las cifras habituales.
Pero el razonamiento contiene una contracara incómoda. Si se acepta la metodología alternativa del propio Banco Central, la Argentina todavía no consiguió construir un colchón positivo de reservas netas ajustadas. Y eso después de casi tres años de ajuste fiscal, restricciones cambiarias, financiamiento de organismos internacionales y operaciones destinadas a fortalecer la disponibilidad de divisas.
“Werning se pegó un tiro en el pie”, fue la conclusión de un analista financiero.
El problema no es solamente contable. Las reservas netas constituyen uno de los indicadores que utilizan los inversores para evaluar la capacidad de un país de atender sus obligaciones externas y sostener la estabilidad cambiaria. Por eso, la persistencia de una posición negativa bajo la medición ajustada abre interrogantes sobre la consistencia financiera del programa.
También aparece otra cuestión que Werning no termina de despejar en la diapositiva. El gráfico no permite identificar con precisión qué obligaciones se descuentan para construir la serie ajustada ni cuánto de la recuperación responde a compras genuinas de dólares, cuánto a nuevo financiamiento y cuánto a la modificación de los pasivos considerados.
La distinción resulta decisiva. No es lo mismo acumular dólares provenientes de un superávit externo sostenido que fortalecer transitoriamente las reservas mediante endeudamiento, refinanciaciones o cambios en el calendario de pagos.
En ese contexto, la exposición dejó planteada otra contradicción del programa económico. El Gobierno reivindica la flexibilización cambiaria, pero la disponibilidad efectiva de divisas continúa siendo una variable central para definir hasta dónde puede avanzar la eliminación de las restricciones que todavía persisten.
“Los números que presentó Werning muestran que hay cepo para rato”, advirtió la fuente consultada.
El traspié de Werning se suma al mal paso de Caputo por Bangkok. En una reunión con financistas organizada por JP Morgan en el hotel Four Seasons de la capital tailandesa, el ministro planteó que podría afrontar los compromisos de deuda con financiamiento de China, una opción geopolíticamente muy compleja para Milei, que no hizo más que garvar las dudas del mercado y provocó la nueva escalada del riesgo país.
A ese cuadro se agrega que sigue sin concretarse la tercera revisión del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. La demora mantiene pendiente una instancia clave para el programa económico con el desembolso de USD 900 millones.
“La combinación de reservas insuficientes, dependencia del financiamiento extraordinario y una revisión que no termina de cerrarse agrega presión sobre el riesgo crediticio argentino y encarece las posibilidades de regresar a los mercados internacionales”, completó el analista consultado por LPO.
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