Los indicadores financieros le sonríen al gobierno, pero la economía real no despega. El Gobierno cree que tiene la reelección asegurada, pero se apagó el entusiasmo y la gestión está paralizada. Milei sólo frente al espejo.
Por Ignacio Fidanza
El gobierno está en un momento raro, incluso para los parámetros libertarios. Los indicadores financieros y monetarios le sonríen: baja el riesgo país a niveles que insinúan el ansiado regreso a los mercados voluntarios de deuda, suben los bonos y por primera vez en mucho tiempo se logra combinar la compra de reservas con un descenso de la cotización del dólar.
Pero esta serie de buenas noticias en el mundo financiero, que por momentos encienden la euforia de Milei y Caputo, conviven con realidades que golpean el día a día de los argentinos de a pie: la suba de la inflación que derrite el poder adquisitivo y el regreso de los problemas de empleo y actividad.
Los resortes que el gobierno imaginó para reactivar la economía, hasta ahora fallaron. En un reciente encuentro con empresarios, Caputo reconoció que el RIGI no logró atraer inversiones importantes. Y lo mismo ocurre con las 13 mil desregulaciones que promocionan Milei y Sturzenegger. “No activaron nada concreto”, lamentan en el Palacio de Hacienda.
Ahora, la apuesta es esperar que surja un proceso virtuoso de la combinación del regreso del crédito por la baja del riego país y la reforma laboral, que finalmente encienda los sectores de energía y minería, bases del nuevo modelo argentino que imagina Milei. La industria que tenga que desaparecer que desaparezca, preferiblemente en silencio, no como Techint.
Milei suma así a su pelea con Héctor Magnetto de Clarín, a quien sigue sin autorizarle la fusión con Telefónica, un conflicto con el líder del grupo industrial más importante del país, ahora bautizado como “Don Chatarrín”. Los gustos hay que dárselos en vida.
Esta extraña combinación de noticias buenas y malas, en la que no es un detalle menor la suerte de Donald Trump que la Casa Rosada sigue con la atención de un cardíaco por su cardiograma, convive con un vacío de vértigo. Los últimos cambios de gabinete anestesiaron las internas, pero hundieron la gestión en coma profundo.
“No puede ser que en la explanada de la Casa Rosada haya dos autos”, se sorprende un colaborador del gobierno libertario que pasó por varias gestiones. El aislamiento de los hermanos Milei apagó una gestión, que sólo exhibe señales de vida en el Palacio de Hacienda. La Casa Rosada tiene áreas enteras literalmente abandonadas.
Es extraño, pero en la dirigencia libertaria no hay entusiasmo. Como si la Pax de Karina y los Menem se hubiese robado la irreverencia de las Fuerzas del Cielo de Santiago Caputo, que sabe que en marzo volverán a intentar desalojarlo del poder. Se nota la falta militancia y rebeldía, la pérdida de potencia digital, que ahora se activa a cuentagotas. La épica se adormeció como la economía.
El gobierno se convierte así en un espectador de las llamas que devoran la Patagonia, la implosión de las rutas y el cierre de empresas, mientras espera el milagro de Schumpeter, que por ahora viene cumpliendo con la destrucción, pero no tanto con la irrupción creativa de lo nuevo. Milei se contenta con visitar heladerías y cantar con Fátima Florez y El Chaqueño. No hay mucho más.
“La reforma laboral llega tarde, no va a generar empleo y la inflación nos va a terminar complicando fuerte”, afirma pesimista un diputado libertario. Un diagnóstico que convive en el oficialismo, con la idea de una reelección asegurada porque “el peronismo es un quilombo” y la posibilidad de coronar en Córdoba y Capital, los primeros gobernadores de La Libertad Avanza. Debería ser una fiesta, pero no lo es. Como si hubiera un misil en el placard, que exige moverse con cuidado.
¿Estamos entonces en las puertas de una transformación definitiva de la Argentina que nos acerque al modelo de Chile, con lo bueno y lo malo de ese salto? ¿O nos deslizamos hacia una crisis de recesión y deuda que desencadene otra vuelta de tuerca en la decadencia del país?
La fortaleza de Milei es la estabilidad macroeconómica y el giro conservador capitalista, dos ejes que por ahora parecen prevalecer sobre los costos en empleo, actividad, poder adquisitivo y servicios del Estado que signan al modelo libertario. Por lo menos, entre ese 40 por ciento que lo apoyó en las elecciones legislativas. Pero en la Argentina – y ahora en el mundo – dos años son una vida.
Tenemos entonces un menú confuso, que exige mirar caso por caso con los ojos bien abiertos. Como si la salida de escena de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, hubiera acentuado en Milei la soledad del arquero. Un gobierno que se supone fuerte y cuando se lo mira de cerca se ven cuartos vacíos. Tal vez no signifique nada, pero por algo, todos los gobierno sensatos se preocupan por armar su oposición y evitan como la muerte quedar solos frente al espejo.
Publicado en La Política Online




