Empleados de la fábrica de Vicentin (algodonera Avellaneda) atraviesan su peor momento. La planta sigue paralizada, los sueldos se pagan a mitad y crece la desconfianza hacia los directivos.
La fábrica del Grupo Vicentin ofreció pagar solo el 10% de sus deudas en 16 años. La planta sigue paralizada, los empleados cobran la mitad del salario y crece la desconfianza hacia los directivos. Detalles del escenario que llena de incertidumbre a los trabajadores.
El conflicto en Algodonera Avellaneda, una de las principales plantas textiles del norte santafesino perteneciente al Grupo Vicentin, atraviesa su etapa más crítica.
Con la empresa bajo concurso preventivo, los directivos presentaron ante el juez una propuesta de pago que los acreedores califican como “impresentable”: una quita del 90% de la deuda y el pago del 10% restante en cuotas anuales a lo largo de 16 años, con dos años de gracia para comenzar a pagar.
Mientras tanto, la fábrica sigue paralizada, los trabajadores no cobran en tiempo y forma y la incertidumbre crece.
Según el expediente judicial, la propuesta contempla que el actual directorio mantenga el control de la empresa y que se intenten reactivar las operaciones mediante contratos de fasones (producción tercerizada). Pero el plan depende de la aceptación de la mayoría de los acreedores antes del 12 de noviembre y, posteriormente, de la aprobación del juez Fabián Lorenzini.
Para los acreedores, el planteo es una burla. “¿Quién va a aceptar cobrar solo el 10% y esperar 16 años?”, señalaron fuentes allegadas a la causa. Y para los trabajadores, el problema es aún más profundo: no hay diálogo, no hay producción y no hay horizonte.
“No cobramos y la fábrica está cerrada”
Juan Carlos Bandeo, delegado sindical de la Asociación Obrera Textil Delegación Reconquista, describió un panorama desolador al asegurar que “estamos cobrando los sueldos desdoblados. La última quincena de septiembre se pagó al 50% y todavía no sabemos si vamos a cobrar la de octubre. La fábrica lleva más de 20 días cerrada y no hay señales de reactivación”.
La situación salarial se deterioró aún más por los recortes de jornada que la empresa impuso meses atrás, cuando redujo la carga horaria a seis horas diarias, provocando una caída de hasta el 25% en los ingresos.
Además, no se pagaron aportes sociales completos, bajo el argumento de que existía una deuda con la Empresa Provincial de la Energía (EPE), la cual tampoco se regularizó a pesar de un convenio en 72 cuotas.
“Ya no hay confianza. Los directivos no aparecen, no hay comunicación formal y todo indica que están comprometiendo la fábrica como parte del concurso de Vicentin”, advirtió el gremialista.
Teléfono para el Concejo Deliberante
Ante esta ”situación crítica y de extrema urgencia”, la organización pide que el Concejo municipal interceda ante el intendente, el gobernador, los legisladores y demás autoridades para que ”se arbitren las medidas necesarias para evitar el colapso de la empresa” y se evalúen ”alternativas o mecanismos de asistencia que permitan preservar los 350 puestos de trabajo”.
Una crisis que refleja el derrumbe del sector textil
El colapso de Algodonera Avellaneda no es un hecho aislado. El sector textil argentino atraviesa una de sus peores etapas en años, con cierres, despidos y fábricas operando al 30% de su capacidad. El aumento de las importaciones, la falta de crédito, el derrumbe del consumo interno y la ausencia de políticas industriales agravan un escenario que parece sin salida.
En Reconquista, donde la algodonera es uno de los pocos motores de empleo formal, el impacto social es inmediato: familias sin ingresos, comercios paralizados y una comunidad que asiste impotente al vaciamiento de su principal fuente de trabajo.
¿Qué futuro queda para la planta?
La audiencia judicial del 3 de octubre dejó más dudas que certezas. Los trabajadores reclaman soluciones concretas, mientras que el sindicato advierte que “no pueden pagar con su salario los errores de la empresa”.
Sobre ese pleno, Bandero sugirió que “la única alternativa viable es que entre un nuevo inversor, indemnice al menos a la mitad del personal y reactive la fábrica con un plantel reducido. Pero con esta conducción, no hay futuro”.
El juez Lorenzini deberá resolver en las próximas semanas si avala la propuesta empresarial o exige un plan más equilibrado. Mientras tanto, la paciencia de los trabajadores se agota y la crisis de Algodonera Avellaneda se convierte en símbolo de una industria textil que agoniza entre la deuda, la desconfianza y el abandono estatal.
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