La despedida del capitán histórico de Argentina quedará en la retina de las 85 mil personas que colmaron el Monumental y los millones que lo homenajearon a distancia. “Estoy hablando más que nunca, no me quiero ir de acá ni quiero dejar la cancha. Los quiero, los voy a extrañar. Le agradezco a Dios de ser argentino, orgulloso de ser argentino y de haber cumplido mi sueño. Los quiero”, sostuvo al borde de las lágrimas.
“Es difícil decir algo hoy, hay muchas emociones, se me cruzan muchas cosas. Obviamente en lo primero que pienso es en mi viejo”, arrancó Leo, hasta que el recuerdo de Jorge lo frenó por unos instantes. La ovación era total: fue el gran reconocimiento y agradecimiento a haber competido a más del 100% en el Mundial aún con su papá mal de salud. “No me queda más que agradecer, como dije en la carta despedida. Fue un orgullo muy grande defender esta camiseta en estos más de 20 años”, dijo.
No hay homenaje que pueda estar a la altura del futbolista más extraordinario de todos los tiempos. No hay partido, no hay canción, no hay texto, no hay gol, ni siquiera uno suyo, que simbolice la dimensión real que tiene este hombre en la historia de este deporte.
“Jugar en la selección argentina es lo más lindo que me puede pasar”, dice, en el centro del estadio Monumental, un conmovido Lionel Andrés Messi, cuando empiezan a correr los primeros minutos de la era post Messi. Equivoca el tiempo verbal porque donde dice “es” debió decir “fue”.
Aunque en realidad no le erra ni en una coma: nadie puede dudar de que su presencia está llamada a perdurar todas las vidas que vengan. Messi le tocó la puerta a la eternidad, y la eternidad le dijo que sí, que pasara tranquilo y se sentara donde quisiera. Puede estar en paz, aunque le tiemble la voz cuando busca las palabras, mientras el silencio de todos aturde.
Se larga a un soliloquio que seguro no ensayó, pero qué importa. Repite “gracias” varias veces, justo él. Es la escena final de un recorrido inigualable, repleto de piedras con las que tropezó antes de levantarse siempre. Hasta que las cosas, justo en los años finales, se alinearon con lo que alguien podría llamar justicia. Vinieron los títulos con la camiseta que ama, y entonces el reconocimiento unánime se transformó en devoción en cualquier lugar del planeta.
“El no venir más va a ser un dolor muy grande. Les juro que me gustaría venir toda la vida, jugar en la Selección Argentina es lo más lindo que te puede pasar, lo más lindo que te puede pasar. Como dije, si bien quiero estar roda la vida acá, es el momento: el último Mundial fue demasiado, todo lo que me tocó vivir… Tuvimos la suerte de cumplir mi sueño y el de todo el país, de volver a ser campeones del mundo”, explicó en el escenario ubicado en el centro del campo de juego.
Ninguno como Argentina, para él: “Los quiero, los voy a extrañar”, ensaya como últimas palabras, antes de entregarse otra vez a la gratitud en una vuelta olímpica que dará solo, caminando, sonriendo, devolviendo aplausos.
La Nación/Diario Olé




