La consultora en comunicación política analizó en CIUDAD TV cómo deben informar los gobiernos ante una emergencia climática, cuestionó la politización de la prevención y advirtió sobre la falta de una cultura de gestión del riesgo. También examinó las claves de las recientes elecciones en Brasil y Paraguay y los cambios en las demandas de los votantes.
“Uno de los objetivos de la comunicación de crisis es justamente proveer certezas”, explicó. En esa línea, advirtió que la improvisación, la falta de profesionalismo y la difusión de información confusa pueden profundizar una situación de emergencia. “Terminás proveyendo más dudas y lo único que está buscando la población es que la política les dé certezas de hacia dónde va esto, de lo que se sabe y hasta de lo que no se sabe, porque decir que no se lo sabe también calma”, señaló.
Paolino remarcó que, cuando están en juego la vida y la salud de las personas, los responsables de comunicar deben evitar minimizar los riesgos. “Siempre es mejor sobreestimar un riesgo porque estamos hablando de vidas”, sostuvo y consideró fundamental reconocer los límites de la información disponible y aclarar qué se conoce y qué todavía no puede determinarse.
Una sola voz oficial y un flujo de información periódico
Al analizar cómo debería funcionar la comunicación en los gobiernos, Paolino planteó que es necesario establecer una vocería centralizada y un canal oficial del que se nutran los demás funcionarios y organismos.
“Lo que no hay que hacer es tener múltiples vocerías. Tenés que asegurarte un vocero”, indicó. Según explicó, esa persona debe utilizar un lenguaje sencillo, comprensible y alejado de términos técnicos o jurídicos que dificulten la comprensión. Además de conocer el tema para responder las preguntas de los medios, debe transmitir calma y cercanía.
La especialista aclaró que la vocería no debería tener un carácter político o ideológico, sino priorizar la información que necesita la población. A ese esquema, sumó la necesidad de contar con una cuenta oficial rectora en redes sociales, desde la cual se difundan las novedades y se ordene la comunicación del resto de las áreas gubernamentales.
“Lo más importante es que haya un único canal de comunicación del que se nutran todo el resto de funcionarios, diputados, concejales, de manera que todos comuniquen lo mismo”, expresó. De ese modo, la ciudadanía puede identificar dónde consultar información confiable y verificar lo que sucede.
Sobre la frecuencia y los formatos para comunicar, Paolino señaló que dependen de la dinámica de cada emergencia y de la información disponible. No todas las novedades requieren una conferencia de prensa, pero sí es necesario sostener un flujo informativo periódico y anticipar cuándo habrá nuevas actualizaciones.
“En la medida en que se les informa a los medios y a la ciudadanía cuándo va a ser la próxima comunicación, eso da certeza y tranquilidad. Esa cadencia informativa genera seguridad, tranquilidad y calma”, afirmó.
En relación con el fenómeno de El Niño y su impacto en la provincia, Paolino consideró que los gobiernos deben comunicar las medidas de preparación antes de que se produzca una emergencia. Para la consultora, la gestión del riesgo comienza con la prevención y exige informar qué acciones se están llevando adelante, qué sectores pueden resultar afectados y cómo se asistirá a las personas que viven en zonas vulnerables.
“Si es super niño y eso hace que la gente aumente su nivel de preparación, mejor”, planteó. En su análisis, la intensidad que finalmente alcance el fenómeno no depende de los funcionarios, por lo que recomendó no transmitir una falsa sensación de seguridad.
“Mi recomendación siempre es sobreestimar y es preferible asustar al ciudadano y que se sienta que tiene que estar con todas las alertas a que se quede tranquilo en su casa pensando que él no le va a tocar porque el funcionario dijo en la tele que no era super niño”, advirtió.
La especialista cuestionó que las diferencias entre los gobiernos municipales y la Provincia ocupen el centro de la discusión pública en lugar de la coordinación de las medidas preventivas. Consideró que se trata de una problemática que involucra competencias compartidas y requiere planificación conjunta.
También alertó que, cuando la comunicación de una emergencia se politiza, la población puede dejar de prestar atención a los mensajes preventivos porque percibe que la discusión entre dirigentes no responde a sus problemas. “Si fuera un oficialismo, estaría más ocupado tratando de entregar servicios públicos al ciudadano y de mantenerme cerca, que de culpar si el de al lado o el del otro no me lo da”, expresó.
Y planteó que la evaluación social de la dirigencia también dependerá de su comportamiento durante una situación crítica: “La gente va a evaluar eso. Sí en el momento de crisis, de dolor, de sufrimiento, de tensión, vos estabas ocupado peleándote con el otro político o estabas tratando de encontrar soluciones”.
Por otro lado, Paolino señaló que Argentina y la región cuentan con antecedentes de inundaciones, crecidas de ríos y grandes precipitaciones que deberían servir como referencia para preparar a la población. En ese marco, destacó la importancia de recuperar la memoria de esos acontecimientos y traducirla en medidas concretas de prevención.
Como ejemplo, mencionó a Japón y Chile, países expuestos a amenazas naturales que desarrollaron una mayor cultura de gestión del riesgo a partir de sus experiencias. Allí, explicó, las medidas preventivas involucran a las escuelas, los clubes, los centros comunitarios y otras instituciones intermedias, que forman parte de un sistema de preparación.
En contraste, consideró que Argentina todavía tiene una cultura preventiva menos arraigada, tanto en la sociedad como en la política. Si bien existen planes de reducción de riesgos y mapas de amenazas, sostuvo que la gestión del riesgo aún no está suficientemente integrada en las políticas de Estado.
La consultora también destacó el papel de las organizaciones comunitarias para transmitir medidas de seguridad, identificar a quienes viven en zonas de riesgo y establecer cómo se actuará ante una emergencia. Para ella, no alcanza con que los gobiernos tengan planes elaborados: es necesario que los comuniquen para que la población sepa qué hacer y tenga la certeza de que recibirá asistencia si resulta afectada.
Paolino relacionó las dificultades para coordinar esas acciones con el escenario preelectoral y la incertidumbre de los distintos espacios políticos. A su entender, la preocupación por la supervivencia electoral puede obstaculizar diálogos que deberían sostenerse más allá de las diferencias partidarias.
Escenario electoral en la región y el mundo
Consultada sobre política internacional, Paolino analizó los resultados electorales de Brasil y Paraguay y sostuvo que no deben interpretarse como fenómenos aislados. Según su mirada, las campañas recientes muestran la importancia de las agendas de temas y de la capacidad de los dirigentes para responder a las demandas concretas de la población.
Al referirse a Paraguay, destacó el resultado inesperado de una elección municipal en la que se impuso una candidata vinculada al Partido Colorado. Lo comparó con el escenario brasileño, donde la elección presidencial derivó en una segunda vuelta, y consideró que ambos casos reflejan movimientos políticos que requieren una lectura más amplia.
Para Paolino, la clave no pasa exclusivamente por la orientación ideológica de los candidatos, sino también por la distancia entre las prioridades de la dirigencia y las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía.
“Lo que tiene que ver, por un lado, es en qué medida los gobiernos, los oficialismos, pueden entregar bienes y servicios públicos que tengan que ver con las necesidades específicas que la ciudadanía dice que tiene, o sea, no con lo que la política cree que los ciudadanos necesitan”, explicó.
En ese marco, mencionó las campañas de Zohran Mamdani en Nueva York y la discusión sobre la crisis habitacional como ejemplos de la importancia de identificar un tema que conecte con las preocupaciones sociales. También señaló que la selección de una agenda concreta puede influir en el desempeño electoral de los candidatos.
Al comparar las campañas brasileñas, observó que los sectores vinculados a Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva pusieron el acento en asuntos diferentes, como la seguridad y la economía. A su entender, el comportamiento de los votantes en los distintos territorios permite advertir que los resultados no responden necesariamente a una identificación ideológica uniforme.
A esa lectura sumó las características personales de los candidatos y el desgaste de sus imágenes públicas. Lula, señaló, llega con una trayectoria extensa y un desgaste considerable, mientras que el hijo de Jair Bolsonaro tiene elementos de la figura política de su padre, pero construye una identidad propia.
“Hoy si preguntás a los ciudadanos, el 60% te dice que no se siente identificado con ninguno de los dos. Entonces, puede votar a un presidente de izquierda, a un gobernador de derecha y a un vecinal para el municipio. Todo en la misma elección”, concluyó.




