La acumulación de crisis del liderazgo de Javier Milei y de episodios de corrupción en su círculo rojo se contrastan en un contexto de familias endeudadas e industrias desmanteladas. La población es cada vez menos permeable a seguir esperando pasivamente una mejora en su situación.
Por Jorge Capitanich*
La caída libre que experimenta Milei es producto del agotamiento de la paciencia ciudadana sometida a un ajuste cruel e interminable con funcionarios que exhiben conductas incompatibles con su prédica discursiva.
La moral pública del gobierno ha sufrido una corrosión típica de gobiernos cuya ética está más devaluada que los principios que lo sustentan. El caso Libra, el 3% de Andis, el bochorno de Adorni, las múltiples tropelías de Petovello, el saqueo indefinido de Caputo, las desregulaciones mortíferas de Sturzenegger, los préstamos flamígeros de la casta en el Banco de la Nación Argentina y la remoción de 250 funcionarios de gobierno denotan claramente que Milei es un títere de los grupos económicos que saquean el país y que el macrismo es corresponsable de su vaciamiento, no una opción alternativa de poder.
La manipulación del INDEC dibujando la inflación y la pobreza, el aumento desmesurado del endeudamiento de las familias, el quiebre sistemático de las industrias y de las pequeñas y medianas empresas, el aumento de la tasa de desempleo, la precarización laboral, la destrucción progresiva del salario, el desfinanciamiento de las provincias y municipios, la paralización de las obras públicas, y el sostenimiento artificial de un esquema cambiario que estimula el “carry trade” como herramienta de anclaje de una inflación que sigue incrementándose cada mes indican las características de un gobierno agotado en su misma matriz de gobernanza.
La pregunta reiterada es la siguiente: ¿hasta cuándo seguirá este modelo de alianzas territoriales en contra de los propios intereses inclusive de los Gobernadores de turno? ¿Hasta cuándo los empresarios permitirán la destrucción de sus empresas?
¿Hasta cuándo los trabajadores permitirán la expoliación de sus salarios? ¿Hasta cuándo los ciudadanos permitirán la destrucción de sus derechos y de su calidad de vida por el ajuste indiscriminado de la asignación de recursos para infraestructura y derechos básicos y esenciales?
La paciencia de los ciudadanos no tiene la precisión de un artefacto de relojería pero si un proceso inminente. Los ciclos suelen ser irreversibles. Y ésta no será una excepción.
Los indicadores económicos en materia industrial son cada vez más elocuentes. El desempleo crece al 7,5%. La precarización laboral aumenta junto al deterioro del salario y el cierre de empresas.
La extensión del conflicto en Medio Oriente puede generar un impacto de aumento de la tasa de inflación, de la tasa de interés y consiguientemente de los servicios de la deuda pública junto a una hipotética recesión mundial cuyas consecuencias pueden estresar aún más las condiciones objetivas de desenvolvimiento del sector externo.
La combinación de credibilidad y confianza en declive, economía en crisis y desigualdades sociales en aumento constituyen un cóctel que puede desembocar en una fragmentación de la coalición gobernante, abriendo un nuevo escenario político que no cabe duda será a favor del espacio opositor.
(*) Senador nacional por el Chaco




