Hay personas que trascienden aquello que hacen. Que dejan de pertenecer solamente a una profesión, a un deporte o a una generación para convertirse en parte de la historia de un pueblo. Lionel Messi es una de ellas.
Por Juan José Bergia
Por eso hoy quiero decir, simplemente: gracias, Leo. Gracias por unir al pueblo argentino.
Nos regalaste momentos en los que las diferencias quedaron de lado. Durante noventa minutos, o durante una celebración que parecía no terminar nunca, millones de argentinos volvimos a abrazarnos detrás de una misma camiseta y una misma bandera.
Pero hay algo todavía más importante. Pienso en los pibes y las pibas de nuestro país y de tantos lugares del mundo que crecieron admirándote, que compraron o recibieron tu camiseta y la lucieron con orgullo. Muchos quisieron patear una pelota como vos, hacer un gol como vos o levantar una copa como vos. Y detrás de ese sueño encontraron también una historia construida con esfuerzo.
Porque tu carrera no se explica solamente por un talento extraordinario. La construiste durante años con trabajo, humildad, perseverancia y respeto. Llegaste a lo más alto sin olvidar el valor del equipo ni a quienes caminaron a tu lado.
Sos considerado por millones como el mejor jugador, pero para muchos argentinos existe otra dimensión que resulta igualmente valiosa: la manera en que transitaste el éxito. Sin necesidad de estridencias, respondiendo una y otra vez dentro de una cancha y manteniendo un vínculo especial con nuestro país.
Ese es quizás uno de los mayores mensajes que puede recibir una nueva generación: se puede alcanzar la grandeza sin perder la humildad. Se puede competir, ganar y ser reconocido en todo el planeta manteniendo el respeto por los demás.
El fútbol nos dio alegrías y tristezas. También nos enseñó a levantarnos después de una derrota y volver a intentarlo. Tu propia historia con la Selección Argentina recorrió ese camino hasta llegar a las noches y tardes inolvidables que quedaron grabadas para siempre en nuestra memoria.
Por todo eso, mi reconocimiento no es solamente para el futbolista. Es también para la persona y para el ejemplo que representa para tantos chicos y chicas que hoy comienzan a perseguir sus propios sueños.
Gracias, Leo, por cada alegría. Gracias por nuestros pibes y pibas. Gracias por llevar la camiseta argentina con orgullo. Gracias por unirnos.
Mil gracias, Lionel Messi.




