Viajeros que esperan vislumbrar pingüinos y ballenas han viajado en mayor número cada año a Ushuaia, el principal centro de cruceros a la Antártida en el punto más austral de Argentina.
La ciudad azotada por el viento, que se promociona como “el fin del mundo”, ahora teme por su futuro. El remoto enclave se ha visto en la última semana en el centro de especulaciones sobre el origen de un brote mortal de hantavirus en un crucero por el Atlántico, después de que el Ministerio de Salud de Argentina indicó que estaba examinando si las primeras víctimas del brote, una pareja holandesa que murió en abril, contrajo allí el virus transmitido por roedores.
La investigación está rodeada de interrogantes. Las autoridades de Ushuaia -capital de Tierra del Fuego, una provincia que ha chocado con el presidente libertario Javier Milei – sostienen que son víctimas de una campaña de desprestigio. El Ministerio de Salud afirma que no puede descartar ningún destino visitado por los aficionados holandeses a la observación de aves durante su viaje por carretera de varios meses por Argentina y Chile antes de embarcar en Ushuaia.
Pese a la falta de cualquier evidencia de que el brote comenzó en Ushuaia, las personas aquí cuyo sustento depende de los visitantes extranjeros dicen que están sintiendo los efectos.
“Es un lugar que nosotros siempre nos hemos preocupado de difundirlo como un lugar que está lejano a todos los problemas del mundo a todos los problemas bélicos, racistas y en este caso también de salud”, declaró Julio Lovece, exsecretario de Turismo de Ushuaia.
“Hay preocupación, nosotros ofrecemos naturaleza, paisajes muy limpios, muy puros, este imaginario del fin del mundo que el turista espera encontrar en un lugar como este”, añadió.
Ansiedad por hantavirus siembra dudas entre turistas
La llegada del invierno ha vaciado Ushuaia, salvo por un goteo de turistas brasileños con chaquetas acolchadas y grandes capuchas que avanzan por las calles resbaladizas por el aguanieve, balanceándose como los pingüinos que han venido a ver.
“Nos preocupamos un poco de que esto fuera algo similar a lo que vivimos con el COVID. Pero por lo que parece, todo está funcionando con normalidad”, indicó Vinícius Pezzini, de 38 años, banquero de inversiones de São Paulo que está de luna de miel.
Mientras el viento patagónico sopla desde el canal Beagle, los operadores turísticos ya miran hacia la temporada alta. El invierno es cuando los pasajeros con mayor poder adquisitivo planifican los cruceros de verano a la Antártida. Varios agentes de viajes dijeron que los temores sobre la variante andina del hantavirus ya han llevado a algunos estadounidenses y europeos a cancelar para la próxima temporada. Rehusaron decir cuántos.
“Ya sabemos de cancelaciones de pasajeros que han sudpendido sus viajes por miedo al virus. Pero el otro problema no es solamente el hecho de que haya cancelaciones, sino que el que está tomando la decisión, que por ahí estaba pensando en ir a Ushuaia y tenía dos o tres destinos para elegir, decida descartar Ushuaia y, en vez de contratar un viaje acá, termine contratando el sudeste asiático, o África, o alguna cosa por el estilo”, señaló Ángel Brisighelli, dueño de la agencia de viajes Rumbo Sur con sede en Ushuaia.
“Ese daño no va a ser tan visible y lo vamos a descubrir más adelante, cuando veamos los números”, añadió.
Es un recordatorio de lo frágil que sigue siendo la economía del turismo, especialmente en el caso de los cruceros, que ocupan un lugar desproporcionado en el imaginario público cuando se trata de enfermedades infecciosas.
Algunos funcionarios de Tierra del Fuego se adhieren a la filosofía de que toda publicidad es buena publicidad.
“Hubo un impacto, un desprestigio, sí, pero bueno, también es una oportunidad para demostrar que Ushuaia es uno de los lugares más seguros del mundo”, sostuvo Juan Pavlov, secretario de Relaciones Exteriores del Instituto Fueguino de Turismo.
AP




