Por el ing. José Sesma*
Primero veamos realmente que es “la política”
La política no se limita a las prácticas o estrategias de poder. “Político” proviene del griego “politikos”, que significa todo lo relacionado con la polis, la ciudad o la comunidad. En este sentido, ser político no es solo pertenecer a un partido o cargo público, sino tener un compromiso activo con el bienestar común, con la gestión de los recursos, la solución de los problemas y el desarrollo de una sociedad más justa y sostenible.
Es decir que, en su raíz, el concepto de “político” está profundamente vinculado con el ejercicio de la responsabilidad social, un ámbito en el que los técnicos, los ingenieros y los expertos tienen un papel fundamental. Si no somos nosotros, los que poseemos el conocimiento técnico, quienes participamos activamente en la política, corremos el riesgo de que las decisiones carezcan de una base sólida y realista, y eso es lo que hace que la política se vacíe de contenido concreto.
Siempre debatimos sobre si un técnico es o no político, y esto depende en gran medida de la forma en que se defina “política” y “técnico”. En muchos casos, se dice que un técnico no es político en un sentido estricto, porque no se involucra directamente en la toma de decisiones ideológicas o estratégicas relacionadas con el poder político. Omitiendo un aspecto clave de la relación entre lo técnico y lo político.
Generalmente, la clásica visión de la política se asocia con la toma de decisiones sobre el poder, la gobernanza, y la distribución de recursos en una sociedad. En este sentido, cuando se dice que un técnico no es político, se está señalando que, por ejemplo, un ingeniero, médico, científico o cualquier otro profesional técnico no suele estar involucrado directamente en los debates ideológicos, las campañas electorales o las decisiones sobre políticas públicas en un nivel formal.
En esta visión, a la política la vemos principalmente como un ámbito de lucha ideológica (por ejemplo, la izquierda vs. la derecha) o como la gestión del poder en el gobierno. Desde esta perspectiva, un técnico se dedicaría a la aplicación práctica de conocimientos especializados para resolver problemas concretos y no a la gestión del poder o a la toma de decisiones políticas.
Decir que un técnico “no es político” podría denotar varias cosas, entre ellas que se entiende a la política solo el ámbito de la lucha partidaria o las decisiones de los gobernantes. Sin embargo, como mencioné antes, la política también incluye el campo de la gestión de recursos y la toma de decisiones que afectan el bienestar colectivo.
Por lo tanto, un técnico que se ocupa de, por ejemplo, diseñar políticas de salud pública, infraestructura, tecnología, o sostenibilidad, está influyendo de manera directa en la organización y el bienestar social.
Decir que no es político muestra una falta de comprensión de cómo las decisiones técnicas y científicas interactúan con las estructuras de poder y las prioridades sociales y denota el desconocimiento del impacto social que tienen las decisiones técnicas, que no son meramente neutras, sino que tienen implicaciones políticas, especialmente cuando se refieren a la distribución de recursos, el acceso a servicios o las condiciones de vida.
Por ejemplo, un ingeniero que diseña un sistema de una integración logística de carga en la Zicosur, no solo está resolviendo un problema técnico, sino que está tomando decisiones que impactarán en la movilidad de los recursos naturales con valor agregado, brindando desarrollo y equidad social, el cuidado del medio ambiente, y la economía de todo el Cono Sur. Decir que esto no es político es pasar por alto el impacto de esas decisiones en la estructura social y en la organización del poder.
Se puede tomar como soberbia (sin pecar en ella) el minimiza el conocimiento técnico, al afirmar que un técnico no es político, se tiene implícitamente un desdén por el conocimiento especializado y la capacidad técnica. Se asume que solo aquellos con un perfil político (como los letrados, legisladores, activistas o gobernantes) tienen poder sobre lo que es importante en la sociedad, mientras que los expertos solo son “herramientas” al servicio de estos actores.
Este enfoque, además de ser limitado, subestima la capacidad de los técnicos para influir de manera significativa en el destino de las sociedades.
En definitiva, negar que un técnico es político muestra una falta de comprensión de las interacciones entre la técnica y la política, y puede ser una forma de despreciar la importancia del conocimiento técnico en la toma de decisiones colectivas. Los técnicos, en su capacidad para transformar la sociedad a través de su trabajo, son profundamente políticos, aunque su involucramiento no siempre sea en las luchas ideológicas típicas. Si un técnico no fuera político, sería una desconexión entre la práctica técnica y las realidades sociales a las que esa práctica.
Es cierto que los técnicos, los ingenieros y los expertos en diversas disciplinas juegan un papel fundamental en la política y en la gestión pública, aunque tradicionalmente se ha tratado de separar estos mundos. La política se suele ver como el ámbito donde se toman decisiones sobre la sociedad, los recursos, las leyes y el orden, mientras que la ingeniería y la ciencia se perciben como áreas más centradas en la solución práctica de problemas.
Sin embargo, en realidad, la política y la técnica están profundamente interrelacionadas. La política toma decisiones sobre el uso de recursos, la infraestructura, el desarrollo de nuevas tecnologías, la sostenibilidad, la educación, la salud, entre muchos otros aspectos, y esas decisiones necesitan estar fundamentadas en el conocimiento técnico. De lo contrario, pueden derivar en soluciones ineficientes o contraproducentes.
Un ejemplo claro es la planificación urbana, la gestión de la energía, el cambio climático, la tecnología de la información, la infraestructura pública, la innovación científica o las políticas de salud, donde los técnicos no solo ofrecen un asesoramiento esencial, sino que, en muchos casos, son quienes proponen las soluciones concretas basadas en la evidencia.
El reto está en que muchas veces los técnicos, por su formación, tienden a no involucrarse en el ámbito político, lo que considero un grave error, ya sea por desconfianza o por una falta de espacio donde puedan ejercer su conocimiento en este contexto. Sin embargo, si la política no se apoya en el conocimiento técnico, corre el riesgo de tomar decisiones que, aunque puedan sonar bien desde el punto de vista retórico, no sean viables o sostenibles a largo plazo y llevar a un rotundo fracaso.
En resumen, los técnicos no solo debemos ser consultados, sino que debemos participar activamente en la formulación de políticas, para que estas sean informadas, eficaces y realmente capaces de resolver los problemas de la sociedad. De lo contrario, como mencioné, la política quedaría vacía de contenido real, reduciéndose a un intercambio de palabras sin una base sólida sobre la que construir soluciones.
(*) Ingeniero electro industrial, consultor especialista en el sector Energía convencional y renovable, gas natural y biogás.




