{"version":"1.0","provider_name":"CHACODIAPORDIA.COM","provider_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/en","title":"\u00daltima noche en el Col\u00f3n - CHACODIAPORDIA.COM","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"9NZGKwiQNo\"><a href=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/ultima-noche-en-el-colon\/\">\u00daltima noche en el Col\u00f3n<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/ultima-noche-en-el-colon\/embed\/#?secret=9NZGKwiQNo\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;\u00daltima noche en el Col\u00f3n&#8221; &#8212; CHACODIAPORDIA.COM\" data-secret=\"9NZGKwiQNo\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script type=\"text\/javascript\">\n\/* <![CDATA[ *\/\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/chacodiapordia.com\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n\/* ]]> *\/\n<\/script>","thumbnail_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/TeatroColon-890.jpg","thumbnail_width":800,"thumbnail_height":541,"description":"Por Mempo Giardinelli Suelo recordarlos, a ambos, rigurosos en el apego a la verdad y apasionados por alcanzar, alguna vez, la profundidad y calidad textual que dejaban huellas en la literatura argentina. Por entonces \u2013cuando este pa\u00eds apenas prefiguraba la tragedia que se vivir\u00eda pocos a\u00f1os despu\u00e9s\u2013 era posible que dos j\u00f3venes \u00e1vidos de encontrar explicaciones al mundo entre asombros, risas y sensualidades, se unieran fraternalmente en la pretensi\u00f3n extraordinaria de escribir textos que hiciesen \u00e9poca, explicaran la naturaleza humana y, a la vez y en todos los tonos, fuesen le\u00eddos por los grandes maestros del periodismo y la literatura. En aquel pa\u00eds en el que todav\u00eda eran importantes y significativas la literatura, la decencia y el honor, el buen estilo y la trascendencia, para dos j\u00f3venes periodistas como ellos escribir y leerse era un imperativo intelectual y social. Que adem\u00e1s compart\u00edan millones, porque entonces la Argentina era un pa\u00eds lector y de lectores. La violencia epocal, sin embargo, reg\u00f3 tanta bestialidad y tanto dolor cotidiano que, ineludiblemente, muchas tragedias llegaron a ser origen de excelentes relatos. Y en el caso del amigo al que homenajea este cuento, el estilo de su imaginaci\u00f3n prontamente se hizo tan popular como su fan\u00e1tica adhesi\u00f3n futbolera al Club Atl\u00e9tico San Lorenzo de Almagro. Quienes lean ahora estos apuntes identificar\u00e1n velozmente al personaje, que, como en otros casos, prefiero que en este texto no tenga nombre para que siga vivo en el imaginario de cada lector\/ora. Ojal\u00e1 eso suceda con quienes desde ahora se adentren en estos breves apuntes. \u00daltima noche en el Col\u00f3n Nuestro \u00faltimo encuentro fue muy doloroso. Tierno hasta cierto punto pero esencialmente triste, conmovedor y duro. Y urgente porque para los dos era imperativo partir, zafar, y en mi caso lo primero era poner a mi peque\u00f1a familia en resguardo. Los modos hab\u00eda que inventarlos y eso implicaba cambios urgentes, radicales, como vender o alquilar la casa, prisa n\u00famero uno de la que ya hab\u00eda empezado a ocuparse Chela, quien retir\u00f3 todo lo imprescindible y todo lo cuestionable pero sin aparentar mudanza, o sea mudando de a poco y en diversos viajes. Ella sabr\u00eda, adem\u00e1s, llevar a los chicos a lugar seguro, quiz\u00e1s al interior del pa\u00eds con parientes en Santa Fe, o en Mendoza, donde yo no lo supiera y a sabiendas de que el lugar absoluta y realmente seguro era algo que no exist\u00eda en aquel pa\u00eds. Pero era imperativo mudarlos de donde estaban, resguardarlos donde nadie, ni yo, pudiese encontrarlos. Y adem\u00e1s deb\u00eda retirar los pesos que ten\u00edamos ahorrados y la chequera, y la Olivetti, y la novela interminada que hab\u00eda quedado en el departamento que alquil\u00e1bamos en Juramento y Vidal, y algunos libros, y dejar todo cerrado y oscuro, al pedo pero cerrado y oscuro. Las cosas que uno piensa en momentos as\u00ed. La concentraci\u00f3n que exigen la decisi\u00f3n y la premura de huir convierte todo en inminente, definitivo, de \u00faltimo momento y a punto de precipitarse como castillo de naipes soplado. Nos hab\u00edamos dado cita en Las Cuartetas, sobre Corrientes, que era un sitio ideal para el crudo invierno porque serv\u00edan el mejor submarino con churros de Buenos Aires, que sab\u00edamos coronar con una ginebra calentante, ritual que cumpl\u00edamos cada vez que nos encontr\u00e1bamos antes de salir a caminar por Corrientes y la 9 de Julio. En esos d\u00edas yo trabajaba un cuento inspirado en la amistad y los riesgos del oficio period\u00edstico en un pa\u00eds desquiciado, de modo que llegu\u00e9 un rato antes y orden\u00e9 un submarino mientras sacaba mi libreta Av\u00f3n para escribir mientras lo esperaba. \u00c9ramos amigos desde la primera tarde que compartimos escritorios en la revista Semana Gr\u00e1fica, que fue un fugaz fracaso de la entonces importante Editorial Abril. R\u00e1pidamente devino maestro para m\u00ed y otros redactores, y enseguida, por su agudeza y sentido de la iron\u00eda, y por su escritura virtuosa en lo elegante y lo campechano, se convirti\u00f3 en el escritor m\u00e1s talentoso de aquel tiempo, quiz\u00e1s Ricardo Piglia era el otro, el m\u00e1s instruido, onda acad\u00e9mico, pero en la calle sin dudas Osvaldo, que r\u00e1pidamente lleg\u00f3 a ser el m\u00e1s le\u00eddo y celebrado entre las burgues\u00edas urbanas junto con Manuel Puig. Ya para el segundo submarino yo escrib\u00eda a todo trapo en mi Av\u00f3n, como huyendo de la inquietud que otra vez me invad\u00eda, la angustia de no saber si esa vez ser\u00eda la \u00faltima, y en la boca ese sabor amargo y seco de cuando se tiene mucha sed una tarde caliginosa a la orilla del mar. No sab\u00eda si nos ver\u00edamos, realmente, y menos en esas condiciones exasperantes. Y adem\u00e1s pensaba, como \u00e9l, que era est\u00fapido sentir miedo porque todo lo que hac\u00edamos nosotros era escribir. Pero as\u00ed de absurda es la cabeza de los censores, sab\u00edamos ambos, y as\u00ed cada uno procuraba conducirse como quien navega en un r\u00edo torrentoso: no sab\u00e9s en qu\u00e9 curva van a aparecer las piedras, c\u00f3mo sortear\u00e1s los meandros o la cascada que puede ahogarte sin remedio, pero es un r\u00edo hasta cierto punto previsible y donde con suerte y ma\u00f1a pod\u00e9s sobrevivir. No como el mar, que es un gigante infinito que cuando se encabrona no da chance. La espera se hizo larga pero yo sab\u00eda dos cosas: que los cierres en los diarios pod\u00edan alargarse mucho y que \u00e9l no me iba a dejar plantado. Adem\u00e1s Las Cuartetas no estaba demasiado distante de mi refugio en casa de Vivi, mi amiga, adonde yo pod\u00eda volver a cualquier hora, si bien cargando la culpa de saber que quien te aloja siente miedo porque uno est\u00e1 envenenado, uno es germen, infecci\u00f3n, y te alojan pero vos sab\u00e9s que en alg\u00fan punto de sus corazones generosos y fraternos est\u00e1n deseando que te vayas de una puta vez, que no los comprometas m\u00e1s con el simple no saber si te buscan, ni qui\u00e9nes, ni con qu\u00e9 afanes, pero s\u00ed conscientes de que si te pescan tambi\u00e9n ellos estar\u00e1n en el horno y sin haberla comido ni bebido. Y tienen raz\u00f3n, es"}