{"version":"1.0","provider_name":"CHACODIAPORDIA.COM","provider_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/en","title":"Sobre la utilidad del nombre de las cosas - CHACODIAPORDIA.COM","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"NijrzkAaXb\"><a href=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/sobre-la-utilidad-del-nombre-de-las-cosas\/\">Sobre la utilidad del nombre de las cosas<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/sobre-la-utilidad-del-nombre-de-las-cosas\/embed\/#?secret=NijrzkAaXb\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Sobre la utilidad del nombre de las cosas&#8221; &#8212; CHACODIAPORDIA.COM\" data-secret=\"NijrzkAaXb\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script type=\"text\/javascript\">\n\/* <![CDATA[ *\/\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/chacodiapordia.com\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n\/* ]]> *\/\n<\/script>","thumbnail_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/BuenosAires-FraileMuerto.jpg","thumbnail_width":800,"thumbnail_height":551,"description":"Por Mempo Giardinelli Porque nombrar es la primera y decisiva marca de identidad de todo lo que nos rodea y a\u00fan de lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1. As\u00ed, el nombre de las personas y de los objetos, como de todo lo que se ve y se se\u00f1ala &#8211; como dice el Diccionario de la Lengua Espa\u00f1ola &#8211; es la \u201cpalabra que designa o identifica, o sea que representa una cosa\u201d. Todas las cosas tienen nombre. Cosa es todo lo que tiene nombre. El Diccionario de Uso del Espa\u00f1ol, de Mar\u00eda Moliner, fue durante d\u00e9cadas uno de los auxiliares m\u00e1s importantes del bien hablar en castellano. Do\u00f1a Mar\u00eda era capaz de poner de rodillas a la mism\u00edsima Real Academia, y as\u00ed normaba nuestra lengua con implacable autoridad. Hoy se consulta poco ese Diccionario, es cierto, y \u00e9se es todo un dato informativo porque la ignorancia y el despalabramiento han crecido extraordinariamente. Lo cierto es que hoy muchas renovaciones ling\u00fc\u00edsticas se imponen mediante el abuso de textos sintetizados, concisos, confusos, faltos de ponderaci\u00f3n o de poca meditaci\u00f3n, y los cuales superabundan en las llamadas redes sociales, que en realidad son bastante antisociales si bien contribuyen, por acci\u00f3n y efecto de cierta velocidad irreflexiva a la moda, a que la comunicaci\u00f3n humana sea hoy verdaderamente masiva, aunque de lenguaje muy deteriorado. Nombrar algo es representarlo. Darle vida, reconocerlo. En todas las civilizaciones se comenz\u00f3 por llamar a las cosas de un modo determinado, y sin dudas a los seres humanos, animales, objetos de uso, lugares, costumbres\u2026 Todo empez\u00f3 por tener un nombre. As\u00ed los mares, los pa\u00edses, las ciudades, los sitios de referencia, los h\u00e9roes y los villanos, una vez fijados en la Historia con un determinado nombre quedan grabados para siempre en el repertorio de la humanidad. Los nombres sirven para designar y para hacer conocer y distinguir las cosas, sean f\u00edsicas o ideales. Los nombres se constituyen as\u00ed en referencias indispensables. La Torre Eiffel, por ejemplo, es el s\u00edmbolo de Par\u00eds por la historia de su construcci\u00f3n, y su solo nombre define y evoca. De igual modo que Agrigento y el tesoro milenario que hoy es Sicilia sirven desde tiempos inmemoriales para designar personas, lugares, dioses y acontecimientos. Y los nombres argentinos tambi\u00e9n: el uso y el tiempo los fijan y sintetizan. San Miguel de Tucum\u00e1n hoy es s\u00f3lo Tucum\u00e1n; lo mismo San Fernando de la Resistencia, en el Chaco, y as\u00ed en otras provincias. Lo que siempre referencia es el nombre, que identifica, describe y representa. Y por eso cuando es sustituido por otro nombre, es como que se distorsiona tambi\u00e9n el paisaje. Est\u00e1 pasando desde hace a\u00f1os en la capital de la Rep\u00fablica Argentina, cuyo nombre ha derrapado al vocablo \u201cCABA&#8221;, horrible designaci\u00f3n que aniquila la poes\u00eda y el encanto del nombre original que en 1536 le puso Pedro de Mendoza al llamarla Ciudad del Esp\u00edritu Santo y Puerto de Santa Mar\u00eda del Buen Aire. Y eso que entonces era apenas un caser\u00edo hecho de tierra y de barro, y al que atacaban los habitantes originarios, como fant\u00e1sticamente narr\u00f3 Juan Jos\u00e9 Saer en su novela &#8220;El entenado&#8221;. Y ciudad, adem\u00e1s, que en 1580 refund\u00f3 Juan de Garay, que fue el primero en achicarle el nombre, dando inicio acaso involuntariamente a la mala costumbre argentina de andar &#8211; siglos despu\u00e9s &#8211; cambi\u00e1ndole el nombre a las cosas. En general, en el mundo, no es habitual cambiar los puntos de referencia. Naciones, ciudades, calles, r\u00edos, topograf\u00edas, no s\u00f3lo no mutan su designaci\u00f3n sino que con el tiempo se reafirman, se prestigian y casi siempre para orgullo de los lugare\u00f1os. No como aqu\u00ed en la Argentina, donde generalmente por obra y gracia, o des-gracia, de gobernantes y dirigentes, no pasa d\u00e9cada ni gobierno sin que alg\u00fan funcionario distorsione la historia llamando pato a la gallareta, respetables a los canallas y campesinos a los latifundistas. Como que aqu\u00ed ni los nombres tienen paz y siempre hay un nuevo pr\u00f3cer a mano, militar o civil, para alterar la representaci\u00f3n de las cosas. As\u00ed en el Chaco una ciudad de nombre precioso y significante, El Zapallar, devino hace a\u00f1os en el trillado \u201cGeneral San Mart\u00edn\u201d. Que no est\u00e1 mal dado el respeto debido al Padre de la Patria, pero El Zapallar hab\u00eda uno solo. Algo parecido, o peor, pas\u00f3 en C\u00f3rdoba, donde a una ciudad de sugerente apelativo \u2013 Fraile Muerto \u2013 la renombraron \u201cBell Ville\u201d , anglicismo que degener\u00f3 enseguida en el actual y desabrido Bel-Vil. Esa man\u00eda de cambiar nombres se aquerenci\u00f3 nom\u00e1s, en todas las generaciones y todos los gobiernos: la calle porte\u00f1a que en tiempos de la Colonia se llamaba Cuyo , ahora es Sarmiento; y la calle Victoria se convirti\u00f3 en Hip\u00f3lito Yrigoyen. Piedad se transform\u00f3 en Viamonte; y la mitad de la calle Charcas hoy es Marcelo T. de Alvear. Y en el barrio de Coghlan la sutil Bebedero pas\u00f3 a llamarse Pedro Ignacio Rivera en memoria de un abogado y pol\u00edtico que fue diputado por Mizque, Bolivia, en el Congreso de Tucum\u00e1n de 1816. Y as\u00ed siguiendo, la Avenida Republiquetas ahora se llama Cris\u00f3logo Larralde y sobran ejemplos, barrio por barrio, de la man\u00eda de \u201cdesnombrar\u201d, tara que no fue s\u00f3lo de pol\u00edticos, sino tambi\u00e9n de militares y oligarcas, que nos llenaron el pa\u00eds de Rocas y Mitres y Urquizas. Es de esperar que a los cipayos delirantes que hoy gobiernan no se les ocurra cambiar los bell\u00edsimos nombres referenciales que todav\u00eda quedan, como Esmeralda o Florida en la Capital Federal de esta Rep\u00fablica en desguace. O como Huinca Renanc\u00f3 o Venado Tuerto , o en el Chaco Ciervo Petiso y en Santa Fe Gato Colorado . Ni los tantos hermosos nombres originarios que hay en la Patagonia. La extraordinaria escritora rosarina que fue Ang\u00e9lica Gorodischer reneg\u00f3 hasta su \u00faltimo aliento porque en Rosario a la antigua Calle Real alg\u00fan ignoto intendente la rebautiz\u00f3 Buenos Aires, y a la Calle de la Aduana la convirti\u00f3 en Maip\u00fa, y Progreso pas\u00f3 a ser Presidente Roca como la Plaza"}