{"version":"1.0","provider_name":"CHACODIAPORDIA.COM","provider_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/en","title":"El regreso inesperado del dinero en efectivo - CHACODIAPORDIA.COM","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"ivXaK9yEQA\"><a href=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/el-regreso-inesperado-del-dinero-en-efectivo\/\">El regreso inesperado del dinero en efectivo<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/el-regreso-inesperado-del-dinero-en-efectivo\/embed\/#?secret=ivXaK9yEQA\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El regreso inesperado del dinero en efectivo&#8221; &#8212; CHACODIAPORDIA.COM\" data-secret=\"ivXaK9yEQA\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script type=\"text\/javascript\">\n\/* <![CDATA[ *\/\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/chacodiapordia.com\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n\/* ]]> *\/\n<\/script>","thumbnail_url":"https:\/\/cdn4.chacodiapordia.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/Cajero-Pesos456.jpg","thumbnail_width":800,"thumbnail_height":534,"description":"Los titulares de principios de este a\u00f1o en los que se inform\u00f3 de que la Uni\u00f3n Europea estaba dando marcha atr\u00e1s en su impulso por una sociedad sin efectivo tienen, sin duda, algo de iron\u00eda. Por Enrique Dans Tras a\u00f1os de pol\u00edticas que favorec\u00edan los pagos digitales para combatir la evasi\u00f3n fiscal y el blanqueo de capitales, Bruselas ha decidido prohibir que los comercios rechacen el efectivo ante un crecimiento de establecimientos que, en 2024, se negaban a aceptarlo en m\u00e1s de una de cada ocho tiendas. La narrativa dominante de una desaparici\u00f3n inminente de los billetes y monedas parece haberse chocado de bruces con una realidad bastante m\u00e1s compleja. Europa no parece estar sola en esta especie de reencuentro con el cash. Las \u00faltimas encuestas y estudios muestran que el efectivo sigue teniendo una presencia notable en las econom\u00edas avanzadas, aunque con perfiles muy distintos. En la eurozona, m\u00e1s de la mitad (52%) de las transacciones f\u00edsicas en puntos de venta a\u00fan se hacen en efectivo, pese al avance imparable de tarjetas y pagos m\u00f3viles. Y no es un simple oasis aislado: un an\u00e1lisis del Banco Central Europeo revela que la circulaci\u00f3n de billetes y monedas alcanz\u00f3 cerca de 1.6 billones de euros a finales de 2024, equivalentes a alrededor del 10% del PIB de la zona euro, y sigue siendo la forma de pago con mayor aceptaci\u00f3n entre comerciantes. Estas cifras parecen desmentir la idea de que estamos a las puertas de una sociedad completamente cashless. No solamente persiste el uso del efectivo, sino que tambi\u00e9n se mantiene su funci\u00f3n como reserva tangible de valor y como opci\u00f3n de pago en contextos cotidianos. El paso hacia lo digital es claro y evidente sobre todo en pa\u00edses n\u00f3rdicos como Suecia, ya donde desde hace a\u00f1os cerca del 90% de las compras se realizan de forma digital y el dinero f\u00edsico representa menos del 1% del PIB, pero la realidad europea es much\u00edsimo m\u00e1s heterog\u00e9nea. Las tasas de uso de efectivo var\u00edan ampliamente: pa\u00edses del sur y del centro de Europa todav\u00eda muestran una preferencia m\u00e1s marcada por billetes y monedas que en el norte o el oeste del continente. \u00bfPor qu\u00e9 esta resistencia? La respuesta no es puramente sentimental: m\u00e1s all\u00e1 de preferencias generacionales o culturales, que tambi\u00e9n existen (los j\u00f3venes no han dejado de usar efectivo tan r\u00e1pido como se predijo), el efectivo cumple funciones que la digitalizaci\u00f3n no replica sin incurrir en costes o riesgos. Es un instrumento de inclusi\u00f3n financiera para ancianos y personas con menor acceso a tecnolog\u00eda, un respaldo en situaciones de fallo de infraestructura (como cortes de energ\u00eda o redes) y una forma de preservar privacidad en pagos cotidianos. Esto explica por qu\u00e9 las autoridades europeas han llegado a recomendar que los ciudadanos dispongan de efectivo suficiente para sobrevivir sin electricidad o internet durante al menos una semana. Espa\u00f1a, en este contexto, no es una excepci\u00f3n a la tendencia europea general. La retirada de billetes de alta denominaci\u00f3n, las iniciativas regulatorias y el avance de los pagos con tarjeta han empujado el uso del efectivo a la baja. Al mismo tiempo, medidas nacionales y europeas que limitan transacciones en efectivo buscan equilibrar la lucha contra el fraude con el derecho de los ciudadanos a pagar en efectivo. El pulso entre digitalizaci\u00f3n y preservaci\u00f3n del efectivo tiene, por tanto, manifestaciones particulares y a veces tensas en Espa\u00f1a, donde la preocupaci\u00f3n por la inclusi\u00f3n social y la privacidad se mezcla con la urgencia por modernizar sistemas de pago. En Estados Unidos, el mapa es distinto, pero no incompatible con esta narrativa. Los estudios de la Reserva Federal y las encuestas de comportamiento del consumidor muestran que los estadounidenses siguen manteniendo efectivo en sus carteras, incluso mientras adoptan m\u00e9todos digitales. M\u00e1s del 90% de los consumidores manifiestan la intenci\u00f3n de seguir usando efectivo como medio de pago o como reserva de valor, aunque la proporci\u00f3n de pagos en efectivo ha descendido con el tiempo. Son muchos los hogares que mantienen efectivo &#8221;a mano&#8221; para compras diarias y como colch\u00f3n ante imprevistos, y la preferencia por el pago con tarjeta no ha suprimido completamente la relevancia del billete y la moneda. Para la Generaci\u00f3n Z, seg\u00fan me cuentan en mis clases, la relaci\u00f3n con el dinero f\u00edsico es particularmente curiosa: al haber nacido en un mundo digitalizado, gran parte de sus ingresos, ya sean asignaciones familiares, pagos informales o ingresos tempranos, llega directamente por medios electr\u00f3nicos, y sus h\u00e1bitos de pago suelen estar dominados por el tel\u00e9fono o billeteras m\u00f3viles. Esta familiaridad hace que el efectivo, cuando les llega, se perciba con frecuencia como algo &#8221;externo&#8221; a su saldo habitual, un dinero casi destinado al gasto inmediato y que no forma parte de la contabilidad digital que manejan cotidianamente. Esto encaja con datos recientes que muestran que m\u00e1s de la mitad de los j\u00f3venes de la Generaci\u00f3n Z solo recurren al efectivo como \u00faltimo recurso, y muchos lo consideran anticuado. Esto crea una paradoja que pocos analistas financieros reconocen abiertamente: la digitalizaci\u00f3n y el descenso del efectivo conviven con una resiliencia que no parec\u00eda previsible hace apenas una d\u00e9cada. No estamos presenciando un adi\u00f3s lineal al efectivo, sino una recomposici\u00f3n de sus funciones. En Europa y en Estados Unidos, el efectivo persiste como herramienta de resiliencia, como red de seguridad para segmentos vulnerables de la poblaci\u00f3n y como contrapeso cultural a una dependencia completa de redes tecnol\u00f3gicas y proveedores externos de servicios financieros. Mirando hacia adelante, todo indica que la evoluci\u00f3n del efectivo no ser\u00e1 una simple l\u00ednea descendente hacia la desaparici\u00f3n, sino m\u00e1s bien una especie de reconfiguraci\u00f3n. Pol\u00edticas p\u00fablicas como la que recientemente aprob\u00f3 el Estado de Nueva York para exigir a los comercios que acepten efectivo y no penalicen a quienes paguen de esa forma reflejan la creciente preocupaci\u00f3n por la equidad en el acceso a los medios de pago. En la medida en que las sociedades debatan sobre soberan\u00eda tecnol\u00f3gica, privacidad de datos e inclusi\u00f3n financiera, el efectivo seguir\u00e1 seguramente siendo parte"}