{"version":"1.0","provider_name":"CHACODIAPORDIA.COM","provider_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/en","title":"El Che, Ram\u00f3n Ayala y el hombre nuevo - CHACODIAPORDIA.COM","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"PsUO3Sw1XV\"><a href=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/el-che-ramon-ayala-y-el-hombre-nuevo\/\">El Che, Ram\u00f3n Ayala y el hombre nuevo<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/el-che-ramon-ayala-y-el-hombre-nuevo\/embed\/#?secret=PsUO3Sw1XV\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El Che, Ram\u00f3n Ayala y el hombre nuevo&#8221; &#8212; CHACODIAPORDIA.COM\" data-secret=\"PsUO3Sw1XV\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script type=\"text\/javascript\">\n\/* <![CDATA[ *\/\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/chacodiapordia.com\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n\/* ]]> *\/\n<\/script>","thumbnail_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/VCP-SolansAyalaSchuap.jpg","thumbnail_width":700,"thumbnail_height":505,"description":"A 96 a\u00f1os del nacimiento de Ernesto El Che Guevara, y en homenaje a Ram\u00f3n &#8220;El mens\u00fa&#8221; Ayala. Por Pedro Jorge Solans* El 25 de mayo de 1962, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos organiza un evento por el d\u00eda de la Revoluci\u00f3n de Mayo, prepara una fiesta de confraternidad con la colonia argentina que hab\u00eda llegado a La Habana. La reuni\u00f3n se llev\u00f3 a cabo a las afueras de la capital, en un hermoso lugar elegido por el propio comandante Ernesto Che Guevara, R\u00edo Cristal. Asistieron cerca de 400 personas, entre ellas, una periodista argentina Carolina Aguilar Ayerra, quien estaba obsesionada por hacerle una nota al poeta chileno Pablo Neruda que por esos a\u00f1os hab\u00eda tomado relieve internacional y era una figura excluyente de la poes\u00eda social. Su poemario \u201cEstravagario\u201d, publicado en 1958 era el gran libro de la poes\u00eda en espa\u00f1ol. Neruda se hab\u00eda consolidado como uno de los poetas m\u00e1s grandes de la lengua espa\u00f1ola y como una figura p\u00fablica de relieve internacional. Hab\u00eda sido nombrado recientemente acad\u00e9mico de la Facultad de Filosof\u00eda y Educaci\u00f3n de la Universidad de Chile. El encuentro era la gran oportunidad de la periodista para lograr una cita con el poeta que integraba la delegaci\u00f3n. En un momento, la periodista se acerc\u00f3 y le pidi\u00f3 una entrevista para el diario La Naci\u00f3n de Buenos Aires. Neruda le pregunt\u00f3 qu\u00e9 temas le interesaba para el reportaje, Aguilar Ayerra, le respondi\u00f3 qu\u00e9 quer\u00eda hacerle algunas preguntas sobre la poes\u00eda comprometida con lo social, con la geograf\u00eda e historia de nuestros pa\u00edses y de nuestro continente. Neruda, la escuch\u00f3, larg\u00f3 el humo de su pipa, y le dijo, pero viene a Cuba, \u00a1y quiere hacerme una nota a m\u00ed! Siendo usted argentina. En su pa\u00eds est\u00e1 uno de los mejores poetas de nuestra tierra y de nuestra gente. La periodista qued\u00f3 en silencio. Neruda se percat\u00f3 que no sab\u00eda a quien se refer\u00eda \u00e9l. &#8211; Mire, creo que est\u00e1 aqu\u00ed, busque a Ram\u00f3n Ayala, pero primero l\u00e9alo o, esc\u00fachelo porque canta tambi\u00e9n. Le recomiendo el poema \u201cEl mens\u00fa\u201d, le aconsej\u00f3 Neruda antes de alejarse. Efectivamente, Neruda ten\u00eda raz\u00f3n. Ram\u00f3n Ayala estaba en La Habana. Formaba parte del contingente argentino de artistas, periodistas, escritores y militantes pol\u00edticos que hab\u00eda sido invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Llevaba pocas horas en la Isla y ya hab\u00eda vivido un episodio que lo marcar\u00eda para el resto de su carrera. A pocas horas de aterrizar el avi\u00f3n que lo tra\u00eda, lo alojaron en un hotel en la zona El Vedado, y la delegaci\u00f3n no alcanz\u00f3 a acostarse cuando le golpearon las puertas de los dormitorios para avisarles que en 15 minutos deb\u00edan estar en el hall del hotel para ser llevado a la oficina del comandante Che Guevara, quien los quer\u00eda saludar personalmente.Eran la 3 de la ma\u00f1ana, el convoy de veh\u00edculos que los trasladaba lleg\u00f3 al lugar y despu\u00e9s de esperar un rato, los hicieron pasar a una pieza peque\u00f1a, austera, donde hab\u00eda una mesa, dos sillas y un equipo de mate. All\u00ed quedaron en silencio hasta que, de pronto ingres\u00f3 el comandante. Un breve cruce de palabras en general dio paso al apret\u00f3n de mano en forma personal con cada uno. De pronto, el comandante se detuvo y pregunta: -\u00bfQui\u00e9n es Ram\u00f3n Ayala? Con una voz aflautada y temerosa, Ram\u00f3n respondi\u00f3: &#8211; Yo, mi comandante. El Che se le acerca con rostro de admiraci\u00f3n, pero Ram\u00f3n temblaba. Nunca pudo definir qu\u00e9 le hab\u00eda pasado, solo recordaba qu\u00e9 temblaba como una hoja. El Che le da la mano, y le cuenta, que en los fogones en la Sierra Maestra, \u00e9l les cantaba a sus combatientes, \u201cEl Mens\u00fa\u201d, despu\u00e9s de contarles la vida, la explotaci\u00f3n y el ultraje que pasaban quienes trabajaban en los yerbales, y les hac\u00eda ver, c\u00f3mo sufr\u00edan quienes deb\u00edan trabajar para la infusi\u00f3n s\u00edmbolo de su cultura, de la tierra sin mal, de ese socialismo primitivo. Seg\u00fan, el propio Ram\u00f3n, \u00e9l solo pudo decir: &#8211; Gracias mi comandante. Ram\u00f3n Ayala fue la voz de los hacheros, de los mens\u00faes y de los tareferos. Poeta rebelde de los olvidados que dispers\u00f3 sus melod\u00edas m\u00e1s all\u00e1 del R\u00edo Paran\u00e1, y la estela de su canto hab\u00eda llegado a La Habana. La sangre derramada de los mens\u00faes, los m\u00e1s explotados entre los explotados peones rurales argentinos y paraguayos, hizo m\u00e1s roja la tierra roja en el Alto Paran\u00e1. En esas tierras de las misiones jesu\u00edticas, en el paraje Caraguatay, el canto de Ram\u00f3n Ayala le puso voz al silencio de los ansiosos por la libertad. Y con su voz diafragm\u00e1tica, hizo callar a las hachas en los montes. Con su voz alarg\u00f3 la frescura de las hojas verdes de los yerbales. Con su voz se hizo centinela de la dulzura de los misterios. Su voz cant\u00f3 el poema rebelde de los olvidados, y auscult\u00f3 el latido c\u00f3smico de esos hombres. Caraguatay, a\u00fan se parece, a un gran pesebre donde a cada instante nace la Am\u00e9rica mestiza. Te reciben duendes desfachatados, que recuerdan: &#8220;Aqu\u00ed el guerrillero de todos los tiempos fue \u201cErnesto mita\u00ed\u201d (en la lengua guaran\u00ed, &#8220;Mitai&#8221; siginfica ni\u00f1o, varoncito), se impregn\u00f3 de savia guaran\u00edtica. Aqu\u00ed escarb\u00f3 con sus manitas la tierra roja que humedeci\u00f3 con mocos, con leche hembra, para amasar un horizonte&#8221;. Durante las tardecitas de calor, pique, mosquitos y transpiraci\u00f3n vegetal, entre los yerbales y la selva, escuchaba el rumoreo de los mens\u00faes. El mita\u00ed paseaba por los senderos del asma en el regazo de una ni\u00f1era aborigen &#8211; guaran\u00ed mbya &#8211; que le aplacaba el calor en las aguas de una vertiente. Y con sus ojitos bien abiertos, ve\u00eda al viejo r\u00edo Paran\u00e1 como la salida al futuro. El gur\u00ed (nene peque\u00f1o) de los Guevara guardaba en su coraz\u00f3n los pu\u00f1ados de la tierra roja que llevar\u00eda a todas partes y esparcir\u00eda en la Sierra Maestra. En Caraguatay, con los duendes zumbando a la soledad, danzando sobre la memoria, nadie se\u00f1ala a Ram\u00f3n Ayala como m\u00fasico, poeta,"}