{"version":"1.0","provider_name":"CHACODIAPORDIA.COM","provider_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/en","title":"All\u00e1 bailan, aqu\u00ed lloran - CHACODIAPORDIA.COM","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"lWLzFJrZmN\"><a href=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/alla-bailan-aqui-lloran\/\">All\u00e1 bailan, aqu\u00ed lloran<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/alla-bailan-aqui-lloran\/embed\/#?secret=lWLzFJrZmN\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;All\u00e1 bailan, aqu\u00ed lloran&#8221; &#8212; CHACODIAPORDIA.COM\" data-secret=\"lWLzFJrZmN\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! 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Y vuelve a palear porque ella no siente alegr\u00eda alguna, porque en el interior de su rancho, entre cobijas y sobre la mesa de madera, junto al catre donde se apretaron unas pocas veces (ahora le parecen demasiado pocas, insuficientes), bajo una cruz de bronce que le prest\u00f3 el cura y rodeado de una decena de velas ardientes, est\u00e1 el cad\u00e1ver de Rosauro, con su cara quieta y relajada y sus ojos, que eran negros y bellos, y saltones como los de un yacar\u00e9, cerrados para siempre. Y vuelve a palear. Para no pensar m\u00e1s. En la victrola ponen ahora \u201cPuente Pexoa\u201d y el rasguido doble Ilena la tarde, mientras Juana se arquea otra vez y ya parece que termina el cuadril\u00e1tero justo antes de encender el carb\u00f3n que rociar\u00e1 por todo el espacio que prepara, porque ella es devota, se dice, y no es cuesti\u00f3n de fallarle al santo, y aunque no ir\u00e1 a la fiesta ella cruzar\u00e1 las brasas, como al Rosauro le hubiese gustado, si en cierto modo por eso lo mataron. Bueno, no fue as\u00ed exactamente, pero en cierto modo s\u00ed fue. Porque \u00e9l quer\u00eda lucir, esa noche del 24, unas alpargatas nuevas, negras, de lona limpia, que suplantaran a esas bigotudas que ahora sobresalen del borde de la mesa, detenidas para siempre, nunca m\u00e1s bailadoras, nunca m\u00e1s andariegas, juguetonas. El quer\u00eda unas alpargatas nuevas y por eso se conchab\u00f3 en el ingenio, aunque le dijeron que no lo hiciera porque estaban en huelga y no era cuesti\u00f3n de ser carnero, porque la solidaridad, los ingleses explotadores y todo eso. Pero ella sab\u00eda que \u00e9l no tenia ninguna mala intenci\u00f3n; s\u00f3lo quer\u00eda unas alpargatas nuevas y tambi\u00e9n plata para una tela floreada con la que ella, Juana, se hiciera un vestido para la fiesta de San Juan. Y otra palada, que parece la \u00faltima, acaso lo sea, y volver a erguirse, apoyarse las palmas en las caderas, sobre los ri\u00f1ones, y mirar el campo: esa planicie empecinada, interminable, reverdecida por las \u00faltimas lluvias, con los ca\u00f1averales desgast\u00e1ndose, secos en algunas partes, in\u00fatilmente germinados en otras, porque la huelga lleva ya dos meses y la f\u00e1brica no muele y si hasta parece que el olor a bagazo y a alcohol han desaparecido del aire. Y entonces una \u00faltima palada y a prender el fuego de carb\u00f3n de le\u00f1a como ella sabe hacerlo, cre\u00e1ndole un coraz\u00f3n de llamitas en el centro, soplando suave pero indetenidamente por los costados, colocada en cuatro patas y apantall\u00e1ndolo con un pedazo de cart\u00f3n, para que crezca como un ni\u00f1o sano, como el que so\u00f1aron con Rosauro pero ella no tendr\u00e1 porque acaban de llegarle las sangres de ese junio fresco, apenas oto\u00f1al. Y enciende el carb\u00f3n de abajito, despacio y bueno, fuerte el fuego, impetuoso, mientras escucha \u201cMi linda paloma blanca\u201d y evoca un abrazo, otra bailanta de hace un par de a\u00f1os, una escapada a la orilla de la laguna, el vigor de Rosauro solt\u00e1ndole el pelo y alz\u00e1ndole la pollera, y no puede evitar un estremecimiento, ni el llanto que no reprime, porque despu\u00e9s de todo, se dice, c\u00f3mo no llorar si \u00e9l est\u00e1 muerto, y entonces se enjuga las l\u00e1grimas en el antebrazo moreno y vuelve a apantallar el fuego, que sube lento, desde el coraz\u00f3n, como un sentimiento noble. All\u00e1 lejos se oyen los primeros gritos, los saludos y sapukays cuando llegan las carretas y los sulkys, y se maniatan los caballos al palenque, a las ramas bajas de los naranjos; hay un rumor que llena el aire, rumor de voces, de di\u00e1logos breves, salutaciones y primeros brindis, porque ya cae la noche y las estrellas empiezan a reverberar en el cielo, y ella recuerda la noche de antenoche, cuando Rosauro volvi\u00f3 de la f\u00e1brica y dijo \u201cestoy cansado, molido, y tengo miedo\u201d, y ella dijo \u201csalite, Rosa, andan diciendo que&#8217;st\u00e1 mal lo que hac\u00e9s\u201d. \u00c9l replic\u00f3 \u201cs\u00f3lo sigo hasta el viernes, por la alpargata, \u00bfsab\u00e9s?\u201d, y se ri\u00f3 al ce\u00f1irle la cintura y echarse sobre ella, en el catre que pareci\u00f3 cloquear con suave golpeteo contra el piso de tierra. S\u00f3lo sigo hasta el viernes, recuerda Juana, esa frase la ha repetido ya mil veces y se jura que la repetir\u00e1 siempre, toda la vida si la vida es siempre, s\u00f3lo sigo hasta el viernes, dijo \u00e9l, y s\u00ed, el viernes se detuvo, lo detuvieron, no pudo seguir porque se le cruz\u00f3 alguien al salir del ingenio, junto a un muro lateral de la f\u00e1brica. Dos puntadas recibi\u00f3, las dos sabias, certeras, una con leve error y la otra m\u00e1s precisa que le parti\u00f3 el coraz\u00f3n, as\u00ed dijeron las amigas, Do\u00f1a Vicenta, Encarnaci\u00f3n, Martita, la Eduviges, cuando llamaron a la puerta del rancho palmeando muchas veces, le parti\u00f3 el coraz\u00f3n, repitieron, encim\u00e1ndose, como rivalizando para ser cada una la primera en dar la infausta nueva, dos puntadas, de cuchillo grueso, as\u00ed de grande, como machete pero corto, le dijeron mientras ella negaba con la cabeza, semiahogada, como estaqueada al piso y sin entender, aunque reconociendo que se cumpl\u00edan sus presagios. Era viernes de noche y ella hab\u00eda tenido tanto miedo. Tanto. Lo hab\u00eda silenciado esa ma\u00f1ana, cuando Rosauro se fue para el ingenio y salud\u00f3 \u201choy termino, Juana\u201d y pucha si era cierto, ahora que todas medio le gritaban, excitadas como avispero apedreado, y algunas ya ensayaban su funci\u00f3n de lloradoras y Do\u00f1a Encarna la rodeaba con sus brazos gordos, anchos como durmientes de ferrocarril y le dec\u00eda \u201cven\u00ed, mijita, ten\u00e9s que"}