{"version":"1.0","provider_name":"CHACODIAPORDIA.COM","provider_url":"https:\/\/chacodiapordia.com\/en","title":"Adi\u00f3s Juanito - CHACODIAPORDIA.COM","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"CASK39Tv1F\"><a href=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/adios-juanito\/\">Adi\u00f3s Juanito<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/chacodiapordia.com\/en\/adios-juanito\/embed\/#?secret=CASK39Tv1F\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Adi\u00f3s Juanito&#8221; &#8212; CHACODIAPORDIA.COM\" data-secret=\"CASK39Tv1F\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script type=\"text\/javascript\">\n\/* <![CDATA[ *\/\n\/*! 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Quien desde varios a\u00f1os antes y hasta su muerte fue mi amigo, maestro y consejero durante la d\u00e9cada de mi exilio en M\u00e9xico. Por Mempo Giardinelli Nacido en Apulco, pueblo hist\u00f3rico y precortesiano en el Estado de Jalisco, cercano a Sayula y Tonaya, lugares inspiradores de su extraordinaria obra literaria, all\u00ed impactan la arquitectura r\u00fastica, una iglesia construida a comienzos del Siglo 20 y un poblado que evoca todos los paisajes de la literatura rulfiana, si bien su etapa m\u00e1s creativa la desarroll\u00f3 en la Ciudad de M\u00e9xico, donde residi\u00f3 desde 1947 en la Colonia \u2013barrio\u2013 Cuauht\u00e9moc y con su entonces flamante esposa, Clara Aparicio, con quien vivi\u00f3 hasta su muerte en el departamento en la calle Rio Tigris, n\u00famero 84, y donde escribi\u00f3 y puli\u00f3 \u201cPedro P\u00e1ramo\u201d y toda su incomparable obra. Nacido en 1917 en el Sur del Estado de Jalisco, hacia 1940 escribi\u00f3 sus primeros textos, que impactaron a la literatura de todo el mundo por su originalidad y potencia narrativa, tanta que con s\u00f3lo un par de libros dej\u00f3 su huella marcada en la literatura universal. Juanito, como lo llam\u00e1bamos sus disc\u00edpulos y amigos, muri\u00f3 en su casa a los 68 a\u00f1os de edad y a causa de un testarudo y vertiginoso c\u00e1ncer de pulm\u00f3n. Pero s\u00f3lo ahora, cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s y en el 40\u00b0 aniversario de su muerte, me atrevo a esta reflexi\u00f3n de amigo y joven disc\u00edpulo, como fui desde finales de 1979, cuando el poeta Marco Antonio Campos me llam\u00f3 por tel\u00e9fono al departamento que yo alquilaba en el Sur de la Ciudad y me dijo: \u201c\u00a1Congratulaciones! Acaba de anunciarse el Premio Grijalbo de Novela de este a\u00f1o y, aunque no lo ganaste, ah\u00ed me pidi\u00f3 Juanito Rulfo que lo llames, ya sabes que fue uno de los jurados\u201d y me dio su tel\u00e9fono. Yo no ten\u00eda idea de todo eso, pero llam\u00e9 de inmediato. Me atendi\u00f3 \u00e9l mismo y cuando t\u00edmidamente me identifiqu\u00e9 me trat\u00f3 como a un colega, y dici\u00e9ndome que era mi novela la que deb\u00edan haber premiado, me invit\u00f3 a tomar un caf\u00e9 al d\u00eda siguiente en una librer\u00eda de su barrio. Desde entonces cre\u00ed siempre que lo hab\u00eda conocido por puro azar y como revancha vital a poco de exiliarme en la capital mexicana, adonde llegu\u00e9 en Julio del tenebroso a\u00f1o 1976 luego de ser liberado tras una breve y espantosa estad\u00eda en los s\u00f3tanos de la infame \u201cCoordinaci\u00f3n Federal\u201d. La amistad que Juanito (como lo llam\u00e1bamos sus amigos) me prodig\u00f3 desde entonces fue hermosa por blindada, generosa y constante, y porque me hizo lugar en su vida hasta la tarde del 7 de enero de 1986, cuando su muerte impact\u00f3 a la cultura mexicana y a millones de lectores de todo el mundo. Tengo para m\u00ed que se puede decir de Juanito que merecidamente alcanz\u00f3 celebridad con sus dos primeros libros: la colecci\u00f3n de cuentos El llano en llamas, publicada en 1953, y la excepcional novela Pedro P\u00e1ramo, de 1955. Solamente volver\u00eda a publicar, en 1980, su novela breve El gallo de oro. Con esas obras su popularidad fue estridente para siempre, y, manteniendo un perfil bajo, en 1983 recibi\u00f3 el Premio Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras. Aquel 7 de enero del 86 yo estaba en M\u00e9xico desde hac\u00eda un par de semanas y hab\u00eda ido a visitarlo. No fue una despedida triste porque \u00e9l no lo permiti\u00f3, pero los dos sab\u00edamos que dada su enfermedad era un adi\u00f3s. Me encomend\u00f3 un par de favores personales que luego cumpl\u00ed, y me pidi\u00f3 que le hablara de Buenos Aires, ciudad que amaba con idealizada desmesura. Ya enfermo de gravedad, estaba acostado en cama de una plaza, de alto respaldar, y entre s\u00e1banas muy blancas. Una mesa de luz con una veladora tenue, como para que no se le viera el mal semblante, y all\u00ed una infaltable libretita y un l\u00e1piz F\u00e1ber n\u00famero 2, amarillo, con gomita en la cola, que eran los que siempre usaba. No s\u00e9 por qu\u00e9 hab\u00eda abandonado las lapiceras, pero se hab\u00eda desprendido de las tres o cuatro que ten\u00eda. A m\u00ed me obsequi\u00f3 su \u00faltima Pelikan, preciosa y de cartucho, que todav\u00eda suelo usar. La tarde de su muerte, me enter\u00e9 por un llamado de Edmundo Valad\u00e9s, mi otro maestro, amigo y protector durante los a\u00f1os de exilio, con quien yo colaboraba editando la extraordinaria revista El Cuento. Quedamos en encontrarnos en la funeraria y hacia all\u00e1 fui. La Agencia Gayosso era y sigue siendo la m\u00e1s importante de M\u00e9xico, y la sucursal de la avenida F\u00e9lix Cuevas la m\u00e1s cercana al domicilio de la familia Rulfo. All\u00ed estuvimos casi todos sus amigos y esa madrugada recib\u00ed un llamado de Buenos Aires. No recuerdo qui\u00e9n, del diario Clar\u00edn, me pidi\u00f3 que escribiera un art\u00edculo. La diferencia de tres horas permit\u00eda el cierre a tiempo. La nota que escrib\u00ed y dict\u00e9 telef\u00f3nicamente (entonces no hab\u00eda internet, y el fax era una tecnolog\u00eda en pa\u00f1ales) ocup\u00f3 media p\u00e1gina de la secci\u00f3n Informaci\u00f3n General de la edici\u00f3n del d\u00eda siguiente, jueves 9 de enero de 1986. Se titula: \u201cTestimonio de un amigo. Sus \u00faltimos d\u00edas\u201d. La copio del original que afortunadamente recort\u00f3 y guard\u00f3 mi hermana, en el Chaco. \u201cMEXICO, 8 (Especial por Mempo Giardinelli): Juan Rulfo sab\u00eda, desde hac\u00eda casi tres meses, que iba a morirse. El c\u00e1ncer que se le anidaba en el pulm\u00f3n, manifestado en un enfisema incurable, no le fue ocultado y \u00e9l mismo supo atribuirlo, un tanto arrepentido, \u201ca todo lo que fum\u00e9 que fue demasiado. No tuve medida para muchas cosas y entre ellas para el cigarrillo\u201d, nos dijo a Edmundo Valad\u00e9s, uno de sus amigos de toda la vida, y a m\u00ed. Ya postrado, y en su casa del Sur de la Ciudad de M\u00e9xico, se dej\u00f3 crecer la barba, se dedic\u00f3 a escuchar cantos gregorianos y las m\u00fasicas del Medioevo de las cuales era un incomparable conocedor, y ya casi"}