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Para que se entienda bien: no se trata de declaraciones que, por cierto, abundaron; de lo que se trata es que mientras los jubilados ponen el cuerpo frente a los palos y los gases policiales, esa porci&#xF3;n de la dirigencia opositora los mira por televisi&#xF3;n. Es cierto, muchos de esos dirigentes alegan el imperio de una correlaci&#xF3;n de fuerzas desfavorable que impide la movilizaci&#xF3;n masiva y muchos otros lo dicen al rev&#xE9;s: como la sociedad est&#xE1; desmovilizada no se puede cambiar la dichosa correlaci&#xF3;n de fuerzas. La correlaci&#xF3;n de fuerzas sirve para todo, para no hacer lo que se deber&#xED;a y para hacer lo que no se debe. Si algo les faltaba a quienes malviven la vida a cambio de un salario -siempre m&#xED;nimo en comparaci&#xF3;n con la riqueza que crean tras la venta de su fuerza de trabajo- es precisamente esto: que aquellos que dicen representarlos no est&#xE9;n junto a ellos en el momento en el que les apalean y les gasean la esperanza de una vejez digna. &#x201C;El pueblo no delibera ni gobierna sino a trav&#xE9;s de sus representantes&#x201D;. Pero estos &#xFA;ltimos no est&#xE1;n donde tendr&#xED;an que estar; los palos y los gases los reciben los representados que se ven obligados a deliberar, esto es, a pensar, debatir y actuar colectivamente cuando comprenden que nadie asume la representaci&#xF3;n de su desesperanza ante la promesa incumplida de la pol&#xED;tica. Tambi&#xE9;n aqu&#xED; hay una ruptura del pacto democr&#xE1;tico, que le sucede a la del intento de magnicidio de la exvicepresidenta Cristina Fern&#xE1;ndez. Esa porci&#xF3;n de la actual dirigencia opositora a la que aqu&#xED; se alude, ni se mosquea; no llam&#xF3; a la movilizaci&#xF3;n popular cuando el aprendiz de sicario y sus mandantes fallaron con el magnicidio y persiste en esa actitud cuando los jubilados son hambreados y reprimidos. La otra cara del brutalismo neocolonial la constituyen estos opositores de morondanga porque ambos rostros, aunque con gram&#xE1;ticas distintas, expresan lo mismo: hay que adaptarse a los vientos que soplan o, de lo contrario, la lig&#xE1;s. Para uno sos un blanco m&#xF3;vil, para los otros sos un idiota &#xFA;til que le hace el caldo gordo a la represi&#xF3;n. La indignaci&#xF3;n de los jubilados, su puesta en acto en el espacio p&#xFA;blico, viene a cuestionar la distancia indolente que separa a ciertos representantes de sus representados. En las c&#xE1;maras legislativas, en las reuniones partidarias, en los sindicatos y en toda instancia donde las ciudadanas y los ciudadanos delegan su protagonismo en terceros, esta insurgencia pac&#xED;fica de los jubilados pone al rojo vivo el sentido &#xFA;ltimo de la representaci&#xF3;n cuando el pacto democr&#xE1;tico es demolido golpe tras golpe. La memoria hist&#xF3;rica, tantas veces fragilizada por atajos y traiciones, se convierte en un arma arrojadiza en manos de esos dignos viejos que no han trepidado en enfrentar a la polic&#xED;a brava del neocolonialismo en marcha. Vilipendiados, despreciados hasta la humillaci&#xF3;n, esos hombres y mujeres que trabajaron toda la vida, han apelado a una reserva a&#xFA;n intocada entre los de su clase: la determinaci&#xF3;n de resistir cuando ya nada queda por perder. Su sentido de la verg&#xFC;enza y de la dignidad fue inmortalizado en esas im&#xE1;genes y escenas televisivas que los mostraron tan altivos como inermes frente al salvajismo represivo del gobierno. Sin propon&#xE9;rselo, estos jubilados que cierta jerigonza tecnocr&#xE1;tica insiste en denominar &#x201C;trabajadores pasivos&#x201D;, comienzan a constituirse en la referencia obligada para darle a la acci&#xF3;n pol&#xED;tica un sentido que supo ser distintivo de todo el pueblo en las horas que debi&#xF3; afrontar las peores embestidas dictatoriales de la clase dominante. De all&#xED; que, en las condiciones actuales, la reconstrucci&#xF3;n de los lazos de solidaridad, de identidad y de pertenencia, as&#xED; como los modos en que dichos lazos se anudan para representar un colectivo, un pueblo, una naci&#xF3;n en lucha, no pueden pasar por alto este ejemplo ind&#xF3;mito de sus mayores. Volver a creer que la pol&#xED;tica es la &#xFA;nica herramienta para producir los cambios en la sociedad supone, en primer lugar, admitir que la acci&#xF3;n que protagonizan &#x201C;los viejos meados&#x201D; es tambi&#xE9;n la &#xFA;nica que puede conducir a modificar la famosa correlaci&#xF3;n de fuerzas. No hay, no puede haber pol&#xED;tica alternativa por fuera de ese desempe&#xF1;o ejemplar. Pero, adem&#xE1;s, la resistencia de los jubilados tambi&#xE9;n viene a redibujar el futuro por el cual luchar. Una Argentina convertida en republiqueta, bajo un manto ficcional de democracia, pero ostensiblemente sometida por la voracidad de los grandes grupos econ&#xF3;micos locales y extranjeros, carente de cualquier capacidad soberana, expoliada en sus recursos naturales, condenada de por vida al endeudamiento externo y con niveles cada m&#xE1;s crecientes de pobreza, indigencia y marginalidad social, jam&#xE1;s podr&#xED;a ser el modelo de pa&#xED;s y de sociedad que protegiera a sus ancianos. Aunque algunos les cueste creerlo, estar junto a &#x201C;los viejos meados&#x201D; es estar del lado joven de la pol&#xED;tica. Publicado en P&#xE1;gina 12</description></oembed>
