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No se trata de una forma de amor al pr&#xF3;jimo que se contrapone al odio prefabricado de un par de intendentes de morondanga y sus s&#xE9;quitos, sino de una imagen de la vida en com&#xFA;n, es decir, de que todos podamos vivir m&#xE1;s amablemente. Primer punto en el que no hay &#x201C;ellos y nosotros&#x201D;. No podr&#xED;amos desde nuestra vida m&#xE1;s o menos resuelta hacer una especie de apolog&#xED;a de la vida en la calle&#x2026; pero vivir en la calle no es moco de pavo. Tampoco es un m&#xE9;rito, justamente, no se trata de eso. &#xA1;Qu&#xE9; triste justificar la propia existencia por el m&#xE9;rito! El problema es otro: qu&#xE9; hacemos con lo que nos toca. C&#xF3;mo nos movemos en una situaci&#xF3;n imprevista, qu&#xE9; mirada nos inventamos, de qu&#xE9; m&#xE1;scara somos capaces, de d&#xF3;nde sacamos el coraje, c&#xF3;mo nos llevamos con nuestra fragilidad. Se llama vida y no se puede merecer. Hay una &#xE9;tica posible ah&#xED;&#x2026; En Arte Sin Techo aprendimos algunas cosas. Gracias al descaro de Felicitas Luisi, su fundadora, que no ced&#xED;a a lugares comunes de esos que brotan a borbotones en el universo asistencial, nuestro trabajo no diferenciaba &#x201C;ellos&#x201D; y &#x201C;nosotros&#x201D;, sino que todo lo confund&#xED;a en un mismo deseo de qui&#xE9;n sabe qu&#xE9; cosa. El deseo nunca es claro ni teledirigido, sino que es, por excelencia, algo que nos pasa. Entonces, la apuesta de Arte Sin Techo, consist&#xED;a en investigar ese deseo compartido por una tallerista, un m&#xFA;sico, una trabajadora social, un flaco que dorm&#xED;a en la calle, un psicoanalista, un hombre que rebotaba de iglesia en iglesia, una mujer externada del Borda, una trans que so&#xF1;aba con ser ama de casa, un busca encantador de serpientes, y as&#xED;. &#xBF;Gente buena y pobrecita? Seguro que no. &#xBF;Por qu&#xE9; habr&#xED;amos de negarle a quien experimenta semejante periplo los dobleces que nos callamos para con nosotros mismos? En el fondo, no hay nada m&#xE1;s pueril que querer ser &#x201C;mejor persona&#x201D; y no hay nada m&#xE1;s canalla que pedirle a alguien que vive en la calle que se vuelva el mejor burgu&#xE9;s posible.Nuestras amigas y amigos de la calle dieron la vuelta, apenas como m&#xE1;scara aceptan semejantes cometidos, su cinismo es m&#xE1;s fino que el nuestro y sus jugadas movilizan fuerzas que en nosotros no se manifiestan. Por eso dec&#xED;amos que es incomparable la experiencia de cualquiera que vive en la calle con vidas apagadas, grises, pusil&#xE1;nimes como la mayor&#xED;a de las personas que quieren &#x201C;limpieza&#x201D; y se dejan interpelar por los pelafustanes del momento. Somos nosotros en situaci&#xF3;n de calle&#x2026; otro aspecto en el que se desdibuja la distancia entre &#x201C;ellos y nosotros&#x201D;. Organizaciones como No Tan Distintes o Yo No Fui dejan ver hasta qu&#xE9; punto desde el dolor m&#xE1;s profundo &#x2013; generado por la insensatez de esa se&#xF1;ora insulsa que llamamos &#x201C;sociedad&#x201D; &#x2013; se puede engendrar el deseo de una vida amable. Entre la c&#xE1;rcel y la calle, entre la disidencia de g&#xE9;nero y la maldita econom&#xED;a, hay personas que ensayan entre m&#xE1;rgenes muy estrechos, que inventan cuando pueden, que resisten, que piensan, que fabrican libros, remeras y formas de convivencia. &#xBF;Es necesario comparar esa vitalidad con la pereza existencial de quienes ahora tambi&#xE9;n se la agarran con quienes viven en la calle? Adem&#xE1;s, esa violencia no es neutra ni inocua, sino funcional a lo m&#xE1;s rancio de una ciudad hip&#xF3;crita, aspiracional y, finalmente, mediocre. Para decirlo con &#x2018;charm&#x2019;, una ciudad con presupuesto de Barcelona y villas de R&#xED;o de Janeiro. Negociados inmobiliarios, campa&#xF1;as demag&#xF3;gicas de &#x201C;mano dura&#x201D;, estructura parapolicial (como fue en su momento la UCEP y hoy ni siquiera sigla), la polic&#xED;a con m&#xE1;s denuncias de violencia institucional en un pa&#xED;s en el que la polic&#xED;a es corrupta y asesina. &#xBF;Realmente los habitantes de semejante ignominia piden m&#xE1;s polic&#xED;a? &#xBF;Ser&#xED;amos capaces de vivir en la calle? Es una buena pregunta que, para algunos, s&#xF3;lo resultar&#xED;a tolerable como juego de sobremesa. &#xBF;Ser&#xED;amos capaces de arregl&#xE1;rnosla? &#xBF;Aprender&#xED;amos c&#xF3;digos y subterfugios? &#xBF;Enhebrar&#xED;amos la mejor estrategia posible? &#xBF;Tendr&#xED;amos el coraje de afrontar una pelea, un robo, una ocupaci&#xF3;n? &#xBF;Podr&#xED;amos dormir y hasta so&#xF1;ar?[1] &#xBF;Ser&#xED;amos capaces de amar, de ilusionarnos en vano? &#xBF;Llegar&#xED;a el momento en que estuvi&#xE9;ramos en condiciones de salir? No lo sabemos. Quienes acompa&#xF1;amos un tramo de esas vidas con un tramo de nuestras vidas, quienes llevamos en nuestros cuerpos algo de esa desolaci&#xF3;n y tambi&#xE9;n la llegada de unos cu&#xE1;ntos soles, no lo sabemos. Lo que s&#xED; sabemos es que ni los pol&#xED;ticos que juegan con veneno, ni los polic&#xED;as que se prestan como perros de presa, ni los comunicadores c&#xF3;mplices, ni mucho menos los que se babean tras una pantalla aguantar&#xED;an. Pues la vida real les provoca alergia, un miedo mal llevado, un odio poco elaborado, el deseo inconfesable de querer salvarse a s&#xED; mismos y s&#xF3;lo a s&#xED; mismos. Ustedes &#x2013; eso que les pasa &#x2013; son la lacra de nuestro tiempo. No un chango o una flaca de la calle. Y al resto nos cabe asumir esta agresi&#xF3;n que se hunde como una herida de guerra sobre nuestras buenas consciencias. Nos cabe organizarnos mejor, fortalecer nuestras redes y advertirles que todos estos improperios y toda esta violencia no ser&#xE1; gratis, que tomamos nota y que no olvidamos. No vayan a sorprenderse de nuestro propio principio de crueldad. &#x201C;Somos nosotros en situaci&#xF3;n de calle&#x201D;Gabriel Sodikman (*) Ensayista, docente e investigador, editor. Publicada en Tiempo Argentino</description></oembed>
