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En este 2024 Asuntos del Sur retom&#xF3; la indagaci&#xF3;n para evaluar qu&#xE9; hab&#xED;a sucedido en el primer a&#xF1;o de gobierno. Si hay algo que no se le puede reprochar a Javier Milei es que no haya sido consecuente con sus promesas. En el estudio Alerta democr&#xE1;tica: marcadores cr&#xED;ticos de riesgo autoritario en el primer a&#xF1;o de gesti&#xF3;n de Javier Milei analizamos los discursos, las im&#xE1;genes de redes sociales y las pol&#xED;ticas p&#xFA;blicas implementadas en ese periodo. Lo que encontramos es una visi&#xF3;n del mundo y de Argentina totalmente consecuente, sin fisuras: la pol&#xED;tica como un conflicto maniqueo, moralizante y sin matices entre una figura con caracter&#xED;sticas mesi&#xE1;nicas y una serie de adversarios supuestamente inmorales y malignos. Sectores sociales enteros son caracterizados por el Presidente como comunistas, socialistas, colectivistas, delincuentes, par&#xE1;sitos, adoctrinadores de la juventud. Este antagonismo maniqueo es funcional para la negaci&#xF3;n de la legitimidad de sus oponentes pol&#xED;ticos, uno de los criterios de riesgo autoritario se&#xF1;alados por Levitsky y Ziblatt. Esta visi&#xF3;n del mundo se plasma de manera directa en la gesti&#xF3;n de gobierno. Por un lado, el discurso antipol&#xED;tica y antiestatista es el fundamento de una verdadera guerra del estado contra s&#xED; mismo: no se trata de mejorar procesos o de alcanzar grados mayores de eficiencia, sino que se trata de achicar el Estado porque todo lo p&#xFA;blico es malo, comunista, adoctrinador. Sin embargo, no se trata de achicar todo el Estado: algunas &#xE1;reas, como las del policiamiento interno, se fortalecieron. Se trata de achicar al m&#xE1;ximo o eliminar todas las &#xE1;reas del Estado que ofrecen protecciones de derechos por fuera del mercado: protecci&#xF3;n frente a la enfermedad, frente a la vejez, frente a la violencia de g&#xE9;nero, frente a la pobreza. Un riesgo que hay que monitorear muy de cerca es que estos discursos y pol&#xED;ticas violentas se traduzcan en violencia social no planificada por parte de seguidores contra aquellos se&#xF1;alados como enemigos: cient&#xED;ficos, educadores, diversidades sexuales, personas estigmatizadas como pobres o racializadas. Hemos visto ataques a lesbianas, equipos del Conicet y a una persona que simplemente tomaba mate en un lugar supuestamente exclusivo. Son casos aislados, pero es un fen&#xF3;meno novedoso y preocupante en una cultura pol&#xED;tica que desde 1983 fue pac&#xED;fica. La erosi&#xF3;n de las pr&#xE1;cticas pol&#xED;ticas es real. Sin embargo no se han propuesto cambios o suspensiones de las reglas constitucionales ni se ha alterado el funcionamiento del Congreso, aunque hay que notar el uso recurrente del DNU. Los riesgos, hasta ahora, son moderados. La realidad es que la democracia a&#xFA;n funciona. Milei es un l&#xED;der elegido por voto popular y con una legitimidad vigente. El Congreso funciona, y el Presidente utiliza h&#xE1;bilmente las t&#xE1;cticas de la pol&#xED;tica para mover su agenda para negociar con gobernadores y l&#xED;deres de partidos opositores. La Justicia, de parcialidades problem&#xE1;ticas, no muestra un desempe&#xF1;o diferente al de otros per&#xED;odos presidenciales. Es decir, no estamos hablando de una dictadura, ni de un r&#xE9;gimen autoritario. Sin embargo, las alarmas mencionadas son preocupantes porque van cocinando a ba&#xF1;o mar&#xED;a el capital democr&#xE1;tico que tanto ha costado construir en la Argentina. La degradaci&#xF3;n de la discusi&#xF3;n pol&#xED;tica pac&#xED;fica, el creciente cuestionamiento de los derechos de sectores de la sociedad, la intolerancia a la disidencia y la protesta social y el desfinanciamiento de derechos adquiridos por parte de la ciudadan&#xED;a, van erosionando el contrato democr&#xE1;tico de nuestra sociedad. Que no nos pase como a la rana del laboratorio que cuando se da cuenta que el agua est&#xE1; demasiado caliente, ya es tarde para escapar. Sabemos, con Levitsky y Ziblatt, que los gobiernos que quieren avanzar contra la democracia dependen de la inacci&#xF3;n de los partidos, la justicia, y los formadores de opini&#xF3;n para poder hacerlo. Este es el momento de volver a construir coaliciones de fuerzas democr&#xE1;ticas, que refrenden pactos de respeto al debate p&#xFA;blico, a la disidencia y a los principios de derechos ciudadanos. Tenemos que recordar que, si bien puede parecer que la deslegitimaci&#xF3;n y la violencia discursiva son soportables mientras tienen de blanco a otros, si no son limitadas terminan inevitablemente formando una marea que tapa a todos. Quiz&#xE1;s all&#xED;, podremos volver a ganar terreno en la batalla cultural en pos de una reconstrucci&#xF3;n de un contrato social que impulse la recuperaci&#xF3;n y la ampliaci&#xF3;n de la democracia. elDiarioAR</description></oembed>
