Este viernes se cumple una década de la injusta detención de la líder de la Tupac Amaru. Su caso dejó en evidencia el entramado entre la política y la justicia de Jujuy para amedrentar a dirigentes sociales. 15 causas armadas y la convalidación de la Corte Suprema. Está internada en un hospital de Gonnet con la salud muy deteriorada.
Pasaron 10 años desde aquel 16 de enero de 2016, cuando Milagro Sala fue detenida por un acampe frente a la Casa de Gobierno de Jujuy, a la que hacía pocos días había llegado Gerardo Morales. Desde hace 3653 días, la referenta de la Tupac Amaru está presa. En el medio, más de una decena de causas que, como una cascada de agua incesante, impidieron que salga en libertad.
Y también el hostigamiento, la persecución judicial, el debilitamiento de la organización, el despojo, las muertes de su marido y de su hijo. Una década después, Milagro Sala está internada en el Hospital de Gonnet desde hace más de dos semanas y lleva en su pie una tobillera electrónica. “A veces, no quiere vivir más”, le dijo a Página/12 su hija Claudia.
¿Cómo se mide una década?, ¿Qué referencias son las apropiadas para demostrar lo que el tiempo desvaneció? En el caso de Milagro Sala son, primero, diez años de privación de su libertad: en penales de Jujuy, en su casa en esa provincia y, ahora, en La Plata a donde fue trasladada por cuestiones de salud. Son 15 causas abiertas y seis debates orales y públicos.
Son 15 años de prisión efectiva confirmados por la Corte Suprema de Justicia por la causa de “Pibes Villeros” por “extorsión, fraude y asociación ilícita” en relación con la construcción de viviendas – en la que la defensa denunció recusaciones e irregularidades – y otra por amenazas telefónicas a una Comisaría del Barrio Alto Comedero en el 2014.
“A veces no quiere vivir más porque está cansada de tanto apriete, se cansó de llorar. Lo que le hacen a ella no se lo merece ni al peor enemigo”, le dijo a este diario su hija Claudia. Milagro Sala ahora está internada en el Hospital de Gonnet en el marco de una proceso de angustia muy fuerte que le provocó una desestabilización emocional profunda. “Hace dos semanas que está internada. Ahora está tranquila, compensada y medicada bajo tratamiento de salud mental”, le confirmó a Página/12 su médico personal, Jorge Rachid.
Para la abogada defensora Alejandra Cejas, lo que todavía hoy sucede es “una judicialización del cuerpo de Milagro Sala”. “Se olvidan de que ella es una persona que tiene que ser tratada con dignidad”, dijo. Además, contó que el último año “ha sufrido un ataque desenfrenado por parte del Poder Judicial jujeño, tratando de traerla para conocimiento de una causa nueva, desconociendo la situación de salud que atraviesa”.
”Le pido perdón a Morales por ser negra y coya”, la frase tiene nueve años. La dijo Milagro Sala en el primer juicio que afrontó y que fue tapa de este diario. La soltó con la irreverencia que la caracteriza. Con la mirada dura y embravecida, como la de un caballo salvaje cuando se resiste a ser domado. En esos tribunales habló de la “revolución de la cabeza” con la que los tupaqueros lograron ser “señores y señoras, y hoy nos tratan de usted y no de negros villeros”. Y agregó: “No tengo vergüenza de decirlo, estoy orgullosa de ser negra, coya. Y creo que todas esas cosas son las que han molestado a Morales y si él sintió eso, le pido perdón”.
Gerardo Morales ya no está al frente del Palacio de Gobierno de Jujuy, pero la sombra de su ensañamiento contra la lideresa de la Tupac Amaru permanece sobre la provincia. “La siguen torturando con causa tras causa, buscando que no recupere la libertad. Ella quiere curarse de su enfermedad y demostrarle al patronato de Buenos Aires y de Jujuy que cuando después de su operación estuvo tres meses sin tobillera no se escapó, cumplió todas las reglas y aún así le pusieron la tobillera. Nada le satisface al gobierno de Gerardo Morales, que es el que gobierna detrás de Sadir. Actúa como un monje negro, es que le da ordenes a jueces y fiscales para hostigarla” dijo Claudia.
Pasó el gobierno de Mauricio Macri –aliado de Morales–, el de Alberto Fernández y ahora transcurre el de Milei. Muchos integrantes de la Tupac Amaru fueron detenidos con acusaciones similares a las de Milagro y ella es la única que sigue presa.
Pasaron pedidos internacionales y pronunciamientos de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Organización de los Estados Americanos (OEA) que reclamaron su “inmediata liberación”. Atrás quedaron sus fueros como diputada electa del Parlasur en el 2016.
El paso de los años también se puede medir en la pintura descascarada y en el cemento corroído o en las fiestas multitudinarias por el Día del Niño que dejaron de copar las calles de San Salvador de Jujuy cada agosto. Al momento de la detención de Milagro Sala, la Tupac Amaru había construido barrios, 8.000 viviendas, una fábrica de ladrillos, un taller de conformado de metales y una fábrica textil, escuelas primarias, secundarias y terciarias, centros de formación profesional, puestos de salud para personas con discapacidad y varios centros recreativos.
La década también arrasó con las piletas enormes de “El Cantri”, en Alto Comedero, ese símbolo del orgullo tupaquero.
Diez años después, la esperanza se mantiene y el reclamo por la libertad de Milagro Sala sigue firme.
Página 12




