La huellas del racismo quedan marcadas para siempre, y aunque el mundo “avanza” las ansias hegemónicas permanecen y siguen siendo visibles. Muy visibles.
Por Lil Rodríguez
En materia musical las historias de instrumentistas o vocalistas que han sido segregados es larga, pero igualmente larga es la historia de sus reivindicaciones. Nat King Cole es un caso emblemático por las muchas aristas que encierra.
No le permitieron contraer matrimonio donde él quería porque era negro. No pudo alojarse en el hotel que una vez solicitó porque Nat era negro. Sufrió mucho para mudarse a la casa que compró porque en esa zona no aceptaban negros. Es más que una inolvidable voz. Es un acto de soberanía y pertenencia como pocos en el campo de la música estadounidense y latinoamericana, para no decir mundial.
A Nat King Cole se lo recuerda como un excelente pianista y un destacado cantante. A pesar de haber sido una de las estrellas más populares del mundo (llegó a vender 75 millones de discos) y de haber amasado una fortuna estimada en unos 27 millones de dólares para ese entonces, debió luchar contra el racismo y la discriminación imperante en Estados Unidos y otros países. Ejemplo de esto fueron la imposibilidad de celebrar su boda en el Waldorf Astoria, donde festejaban los ricos y famosos, o las dificultades para mudarse a un exclusivo barrio de Los Ángeles, donde los vecinos intentaron impedir su llegada.
La impresionante carrera de Nat King Cole terminó de forma abrupta a los 45 años de edad, debido a un cáncer de pulmón que se lo llevó en poco tiempo tras el diagnóstico. Era un empedernido fumador. Murió en California el 15 de febrero de 1965.
Hijo de Pastores
Nathaniel Adams Coles nació el 17 de marzo de 1919 en Montgomery, Alabama, aunque al cumplir cuatro años su familia se instaló en Chicago. La diversas biografías indican que su padre era pastor en una iglesia Bautista,y que su mamá era la organista de la iglesia. Nathaniel copió los códigos maternos y por allí llegó la música. Ya a los cuatro años tocaba el piano y a los doce ya su familia lo había inscrito en clases formales de música.
Quién diría que a los 18 años estaría casado con una bailarina y por ella se mudaría a Los Ángeles. Sería allí donde conformaría el Nat King Cole Trío que ciertamente comenzó a sonar en radio gracias a empresas discográficas pequeñas que creyeron en el proyecto que Cole mostraba. Ya no era solo un pianista de jazz: se asomaba al mundo como cantante.
Estamos hablando de una dura etapa de segregación racial en su país, y aún así Nat King Cole por su atrevimiento y convicción fue el primer afroamericano en tener un programa de radio… y uno de televisión. Ocurría en 1955. Tres años más tarde le daría un revolcón completo a la música popular al grabar en español, (idioma que no hablaba) temas latinoamericanos, y el mayor sacudón fue que grabó en La Habana. Y es que todo comenzó en Cuba.
Conviene recordar que la década de los cincuenta fue un verdadero boomerang artístico para Cuba. Por un lado salían sus grandes músicos buscando el oxígeno que el régimen de Batista no ofrecía y por otro lado llegaban luminarias, sobre todo estadounidenses para prolongar el boato de los centros nocturnos. Todo era un cálculo comercial. Hasta la mismísima Edith Piaf llegó a La Habana desde París en 1957.
Un año antes había llegado el gran crooner que era Nat King Cole, y llegó nada menos que contratado por el Cabaret Tropicana, local que tenía empresarios y directores artísticos de vista larga.
No fueron tontos: Nat King Cole garantizaba éxito absoluto. El contrato primero fue por dos semanas para cantar durante 40 minutos en el diseñado show “Fantasía Mexicana” y secundando a Nat nada menos que la orquesta de Armando Romeu y algunos integrantes, (sobre todo violines) de la Sinfónica Nacional de Cuba.
El inmenso escritor y humorista que fuera Enrique Núñez Rodríguez: escribió estas líneas: “Su voz estremecía a las damas: “El bodeguero”, “Quizás, quizás, quizás”. Durante esa visita el racismo asomaría su oreja peluda. Al gran Nat King Cole no se le permitió hospedarse en el Hotel Nacional so pretexto de “problemas con las capacidades”, lo mismo que le había sucedido a su compatriota Josephine Baker. Aparentemente, el color de la piel – por lo menos en personajes de cierta categoría – no era un problema en el Hotel Presidente, donde se alojó Sarah Vaughan durante su estancia en La Habana en 1957. Pero en Cuba, durante su segundo viaje Nat King Cole pudo quedarse en el Hotel Nacional, algo que él había puesto como precondición para cantar de nuevo en La Habana, una especie de reivindicación o pequeña victoria sobre la afrenta”.
”En efecto, en febrero de 1957 Cole regresó a La Habana para cantar de nuevo en Tropicana. Se ha asegurado que fue el primer negro no cubano en romper la barrera racial en las tablas del cabaret. No se olvida que Chano Pozo se había presentado antes, en 1941, con la bailarina rusa Tatiana Leskova en la producción “Congo Pantera”. También se ha escrito que las razones de su vuelta estaban vinculadas al dinero de Tropicana, pero en realidad Cole no confrontaba problemas económicos, estaba en el punto más alto de su carrera y no le faltaban ofertas de trabajo en los Estados Unidos. Lo cierto es que, al margen de los ingresos que pudo dejarle Tropicana La Habana significó para él un lugar muy especial, una especie de oasis donde descansar de la segregación. La Habana proveía avenidas de entretenimiento que constituían un remolino internacional de razas”, señaló.
En contexto
En los Estados Unidos, las primeras manifestaciones por los derechos civiles, tanto la conocida acción de Rosa Parks como el boicot a los ómnibus de Montgomery, Alabama (1955), iban extendiendo la llama de la desobediencia sobre todo en la marcha sobre Washington de Martin Luther King (“I have a dream”, 1963).
En esa atmósfera, el 10 de abril de 1956, apenas de regreso a su país, Cole fue atacado por tres miembros de la Asociación de Ciudadanos Blancos durante una presentación en el Auditorio Municipal de Birmingham, Alabama, la zona donde había nacido. Querían secuestrarlo e irrumpieron de manera intempestiva en el escenario, uno de los racistas le dio un piñazo en la cara, un micrófono lo golpeó severamente; Cole cayó sobre la banqueta del piano y se lesionó la espalda.
Lo sacaron del escenario para recibir los primeros auxilios, pero regresó con una ovación de más de cinco minutos. Suspendió sus presentaciones en Raleigh y Charlotte y a partir de entonces, se negó a presentarse en el Sur de los Estados Unidos .
La feria de las flores
Años antes, en 1949, él y su familia habían sufrido los golpes bajos del racismo al mudarse a una hermosa casa en Hancock Park, un exclusivo barrio de Los Ángeles, cerca de Hollywood. La Asociación de Propietarios primero dio la batalla para que no adquiriera la propiedad. Después se la trataron de comprar ofreciéndole 25 000 dólares por encima de su precio.
Por último, los vecinos, todos blancos adinerados, le dejaron carteles con insultos racistas en el patio y firmaron una petición para que “los indeseables” se marcharan del lugar. “Yo tampoco quiero indeseables. Si veo alguno, se los haré saber”, respondió Cole en tono pausado y con su sonrisa característica. Por último, llegaron a un extremo: envenenar a su perro.
Pero algo estaba cambiando. En mayo de 1948 la Corte Suprema de los Estados Unidos había decidido que no venderles casas a negros, judíos y asiáticos violaba la cláusula de igual protección de la 14 Enmienda a la Constitución de ese país. Por esa razón Cole, que no era ningún tonto, compró la propiedad, y también por esa misma razón no pudieron sacarlo de allí y tuvieron que acudir a procedimientos tan sucios como despreciables para ver si tenían éxito. Ocurría lo de siempre: la ley por un lado y las mentalidades por otro.
Más tarde, hubo otro cambio en su vida. En noviembre de 1956 se lanzó “El Show de Nat King Cole”, programa de variedades semanal producido por la NBC, lo cual lo convirtió en el primer afroamericano en tener un espacio propio en una cadena nacional de TV. Fue cancelado en diciembre de 1957 debido a falta de apoyo financiero y por la renuencia a auspiciar un show protagonizado por un hombre negro.
Cole hizo un último viaje a Cuba en 1958, también para presentarse en Tropicana y para algo completamente nuevo: grabar su primer disco fuera de los Estados Unidos. Así conectó con músicos de la talla de Armando Romeu, el pianista Bebo Valdés y el percusionista Guillermo Barreto, entre otros.
Nat King Cole, sin embargo, hizo algo mucho más importante: difundir la música cubana y latinoamericana: Cole Español (1958), A mis amigos (1958) y More Cole Español (1962).
Fue así como en su voz “españolizada” se divulgaron temas como El Bodeguero, de Richard Egües, Aquellos ojos verdes de Adolfo Utrera y Nilo Menéndez y Quizás, quizás, quizás de Osvaldo Farrés. El atrevimiento de Cole llegó al extremo de grabar con Mariachis, algo hasta ese momento impensable para un cantante de jazz.
Siempre manifestó su amor por la ciudad de La Habana porque, decía, allí se sentía libre en sus espacios públicos.
En Caracas estuvo. Lo trajo Renny Ottolina en exclusiva para su programa estelar de Televisión. Y fue allí donde Nat King Cole le preguntó por los compositores venezolanos, y justo al lado tenía, sin saberlo a uno de los más grandes: Chelique Sarabia.
Renny le hizo escuchar “Ansiedad» y el de Alabama se enamoró del tema. De hecho lo grabó. En Venezuela, sin ningún tipo de discriminación, fue feliz.
Honores para el King Cole por todos sus aportes, sobre todo la dignidad al cantar.
Publicado en TeleSUR




