Argentina posee abundantes recursos naturales, pero su aprovechamiento ha sido históricamente ineficiente. Esta deficiencia en la implementación de la política energética nacional limita el desarrollo industrial, la generación de empleo y la competitividad del país.
Por el ing. José Sesma
Lejos de ser una crítica destructiva, este análisis busca aportar una mirada constructiva sobre cómo mejorar la gestión de los recursos energéticos. Es fundamental que el Presidente cuente con asesores idóneos, profesionales especializados – y me incluyo entre quienes desean contribuir con su experiencia – capaces de orientar las decisiones estratégicas hacia un uso racional, sostenible y productivo de la energía.
El primer paso debe ser impulsar el consumo interno y la industrialización de los recursos naturales. Esta estrategia permitiría agregar valor a la materia prima, fortalecer la economía nacional y generar empleo en todo el territorio. Solo a partir de una base interna sólida podrá pensarse en la exportación, con productos que compitan en los mercados internacionales por su calidad y no únicamente por su bajo costo.
En cambio, la exportación primaria de hidrocarburos solo beneficia a los países importadores, que son quienes generan empleo y valor agregado a partir de nuestros recursos. Luego, esos mismos productos regresan al país como bienes industrializados, inaccesibles para una población sin ingresos suficientes debido a la falta de trabajo interno.
Por ello, se impone la necesidad de establecer una Política Energética de Estado que trascienda los gobiernos y promueva la articulación entre el sector público, el privado y el sistema científico-tecnológico. La energía debe concebirse como una herramienta estratégica de desarrollo, orientada a la producción, la innovación y el bienestar social.
Solo mediante una planificación coherente y sostenida en el tiempo será posible construir un modelo energético nacional que garantice la soberanía económica, eleve la calidad de vida de la población y consolide la posición de Argentina en el contexto internacional, desde una perspectiva de autonomía, equidad y progreso.




