Hubo una época en que las grandes hazañas no eran solo para los superhérores. Hubo un tiempo donde soñar no era imposible y la fe hacía milagros increíbles. Hacia fines de los 90, dos atletas correntinos quedaron inmortalizados tras superar un desafío de resistencia y coraje.
Este 24 de enero se cumplieron 28 años de la recordada travesía por el río Paraná de Luis “Mojarrita” Agüero y Juan Goyo Alcaraz desde las playas de Itatí hasta Puerto Madero (Ciudad de Buenos Aires). Se trató de una proeza que cubrió 1.280 kilómetros durante enero y febrero de 1997.
Goyo Alcaraz nació el 18 de noviembre de 1958 en el pueblo mariano en el seno de una familia de 14 hermanos. Aprendió a nadar a los diez años de la misma forma que lo hacían todos los niños del pueblo: se sujetaba a maderas, troncos y con un poco de miedo en cada prueba ganaba experiencia en las profundidades.
Se define como un “nadador aficionado”, pero de adolescente participó en numerosas competencias organizadas por la Prefectura Naval Argentina como carreras de 1.000 metros. A los 25 años entró al cuerpo de guardavidas de la localidad, un puesto desde donde desarrolló todas sus habilidades en la natación. “Fue una experiencia muy gratificante ya que pude salvar numerosos vidas. Hasta hoy en día recorro en piragua las costas del pueblo y ayudo a aquellos nadadores que se están quedando sin fuerza en sus últimas brazadas rumbo a la costa”, resaltó.
El encuentro
Con 39 años comenzó a trabajar para la señal de Video Cable Itatí, reconocido medio local de Luis Antonio Tonelotto. Así fue como la mañana del viernes 24 de enero de 1997 llegó hasta la playa de Itatí en lancha para buscar una exclusiva con “Mojarrita” Agüero.
El reconocido récord mundial de permanencia sobre el agua, atado de pies y manos, decidió conectar 32 puertos aguas abajo acompañado de la imagen de la Virgen de Itatí, que iba a bordo de un balizador (B-584). “Un día estábamos en la mesa y de pronto a mi papá se le ocurrió que sería una buena idea llevar una imagen de la Virgen a Buenos Aires. Él quería que todos los correntinos que vivían en esa ciudad la tengan a la Virgen Madre”, recordó, para una anterior nota, Valentina Agüero, hija del atleta. Inmediatamente se contactó con personal de Prefectura Naval y el Arzobispado de Corrientes que hicieron posible la hazaña.
Goyo recordó que tras concluir la entrevista con “Mojarrita”, a bordo de la lancha, experimentó una sensación inexplicable como si la misma Virgen lo invitará a la travesía por el río Paraná. Dejó su micrófono y se lanzó al agua. “Te animás Goyito”, le dijo Mojarrita y el itateño no lo dudó un segundo. Al día siguiente, en Paso de la Patria, la primera parada, casi desistió por lo complejo del desafío. Así fue cómo decidió volver en remís a Itatí para comentarle a sus familiares sobre el compromiso que asumió; un compromiso que lo mantendría 37 días fuera de su hogar y con escasa comunicación, ya que en ese tiempo el internet y los celulares estaban lejos de ser parte de la vida cotidiana.
La participación de Goyo fue clave ya que “Mojarrita” tenía 69 años y había perdido la visión del ojo derecho por un glaucoma. Este problema físico le causaba la desorientación y muchas veces perdía el rumbo. Por ello, la ayuda del itateño fue muy importante para concretar la proeza.
Piedras en el camino
A parte del enorme esfuerzo físico, Goyo tuvo que superar problemas de salud. Por ejemplo, en Bella Vista sufrió un cólico que pudo superar rápidamente. “En la parada despedí unas piedras y seguí como si nada. Fue un milagro”, recordó.
Durante todo el viaje, este nadador aficionado tuvo que dormir en la cubierta del barco ya que la nave solo se había dispuesto para “Mojarrita” y 14 tripulantes. Debido a esto sus horas de sueño no fueron las mejores y no recuperaba toda su energía. Sin embargo, sus familiares comenzaron a recibirlo y a motivarlo desde el puerto de Gualeguaychú. Una acción que fue crucial para completar el reto.
Más complicado fue en la zona de Tigre cuando tuvieron que nadar en aguas cloacales. “Era imposible no pasar por el lugar. Debido a ello tuve una otitits (infección del oído que produce inflación y dolor). Pese a ello pude superarlo y llegue al puerto de Buenos Aires”, rememoró Goyo.
Juntos arribaron el 1 de marzo a Puerto Madero y tras un multitudinario recibimiento regresaron a Corrientes tres días después en un avión de Prefectura. En Capital, los esperaba una caravana en la Iglesia Catedral para partir rumbo a Itatí donde aguardaban 12 obispos y el pueblo para festejar la proeza que fue atribuida a la protección sagrada de la Virgen.
“Completar el desafío me llenó de orgullo. Hoy todavía lloro al recordar todo lo que tuve que atravesar. Hubo momentos buenos y malos, pero todo fue posible gracias a la protección divina de la Virgen”, cerró Goyo.
Diario Época/Alejandro Duete




