“Creemos que gracias al trabajo que hacemos las organizaciones sociales y fundaciones, proteccionistas de animales, se viene tomando más conciencia del daño que causa la pirotecnia en animales y también en animales humanos”, sostuvo.
Habló de un daño que afecta tanto a la salud física como psíquica, “que está más que comprobado y se han hecho un montón de campañas de difusión que ayudaron a que muchas familias tomen conciencia”.
Para la activista, hay dos cuestiones que reforzar y que tienen que ver con promover la no práctica durante todo el año, en torno al daño que ocasionan los estruendos, y la reglamentación vigente al respecto. Lo segundo tiene que ver con los controles de los municipios, “que puedan hacer efectivas estas ordenanzas, que puedan controlar”.
Comentó que también los comercios se fueron sumando con el correr del tiempo a estas prácticas que no son nocivas. Destacó que locales de ropas, kioscos, vehículos particulares ya circulan y muestran cartelería contra la pirotecnia de estruendo, desalentando la práctica. “No solamente por el ruido en sí sino que la manipulación de estos elementos puede generar un daño físico. Siempre fue común de niña que tiremos petardos muy estruendosos. Hoy, creo que tomamos conciencia que estamos causando daño a otra persona o a otro ser vivo y que nos podemos casar daño nosotros mismos”, indicó.
Recordó que la ordenanza además prohíbe la venta de cierto tipo de pirotecnia.
“Ponemos en la balanza si es más importante un momento de diversión o la salud de animales humanos y no humanos. Y es un pedido de todos los años de los bomberos voluntarios, de la policía, por la cantidad de incendios que se generan más allá de los efectos físicos y psicológicos como náuseas, mareo, taquicardia, sensación de muerte, aturdimiento, que es lo que producen”.
“Me parece que ya estamos en el momento de que toda la ciudadanía debe tomar conciencia”, afirmó.
recomendó el resguardo de los animales a la hora de los estruendos si ocurriesen nuevamente y alistarlos con sus collares y chapita identificatoria ante la posibilidad de que el miedo los desorienten y terminen perdiéndose de sus hogares.




