La multinacional argentina Techint perdió un negocio millonario contra un competidor indio por decisión de los principales petroleros argentinos; continúa la pelea producto a producto de las empresas nacionales para frenar el avance chino
Un hecho que se acaba de concretar sacudirá el tablero del universo empresario argentino cuando se conozca. Una empresa india, gigante en su especialidad, pero desconocida en el país, se adjudicó la licitación para proveer de caños a un ducto de casi 500 kilómetros que llevará gas de Vaca Muerta a Río Negro para licuarlo y venderlo al mundo por barco. Es uno de los proyectos más grandes en la gestión de Javier Milei.
La decisión se tomó en el ámbito privado y desencadenará efectos como un dominó. Uno de los más evidentes es el golpe a Techint, la empresa que conduce Paolo Rocca. Es el mayor empresario industrial privado del país y uno de los referentes en la fabricación de caños para hidrocarburos a nivel internacional. Pero acaba de ver cómo los indios hacen negocios en el patio de su casa, en una actividad en la que, cuando él habla, los demás escuchan.
Los caños de la disputa son para Southern Energy, el consorcio que quiere cambiar el perfil exportador de la Argentina con una inversión de US$15.000 millones para exportar gas licuado.
En sociedad con empresas internacionales, lo integran muchos de los eslabones del establishment local, como Pan American Energy (su figura sobresaliente es Marcos Bulgheroni), Pampa Energía (Marcelo Mindlin) e YPF, cuyo jefe, Horacio Marín, tejió una relación tan cercana con el Presidente que Javier Milei hasta usa la ropa de trabajo de la petrolera en sus giras internacionales.
La decisión fue de tanta sensibilidad que se discutió largamente en la mesa de los petroleros. Marín, de hecho, propuso darle a Siat-Tenaris, la empresa de Techint, más alternativas para mejorar su oferta, pero la distancia era mucha para el resto de los integrantes del consorcio.
Todos los socios consideraron que, según la estructura de costos del proyecto, no había margen para hacer concesiones porque podrían convertirlo en algo inviable.
Rocca en persona es antagonista de la llegada desenfrenada de productos siderúrgicos asiáticos desde mucho antes de que el propio Javier Milei imaginara incursionar en la política. Esta vez, el enemigo de la industria nacional no estuvo en China, la latitud habitual a la que suele apuntar el jefe de Techint, sino en Bombay, sede de Welspun, la compañía que se quedó con el negocio.
Los indios hicieron su trabajo de principio a fin. Compitieron contra 15 ofertas de empresas provenientes de España, China, Colombia, México, Japón, Grecia, Turquía y, naturalmente, India y la Argentina.
Seis compañías quedaron en la etapa final del proceso. La oferta de la ganadora apenas superó los US$200 millones y fue un 40% más baja que la de Techint, que hizo varias mejoras para acercarse al valor de Welspun. La india coronó el negocio aceptando mayor flexibilidad en la forma de pago y en las garantías.
Sucede que el golpe de efecto ocurre en un momento especial de la convivencia entre el Gobierno, el empresariado local y las crecientes importaciones de países que producen más barato que la Argentina.
Los dueños y gestores de compañías encontraron un punto de apoyo para empujar una palanca que hasta ahora basculaba en el aire. En silencio y de manera artesanal, las industrias locales están armando su propia trinchera para frenar el avance de su enemigo más visible: la llegada masiva de productos importados de China. La defensa se construye saco a saco.
Una publicación en la red social X desató repercusiones entre ejecutivos importantes que abrazan la producción nacional. El texto es de Ramiro Castiñeira, quien en su bio de la red social se identifica con la libertad de precios, la economía abierta y el Estado sin déficit. Más importante que eso, es integrante del Consejo de Asesores del Presidente. Aunque ese organismo no tiene gran actividad, el hecho de pertenecer muestra la cercanía con las ideas de la Casa Rosada.
Castiñeira sostuvo que cuando Europa o EE.UU. imponen aranceles a China, no están “copiando la cubanización” kirchnerista de la Argentina, sino que miden el dumping, conocido como una práctica comercial desleal que le permite a un país vender más barato que sus costos, para neutralizarlo con aranceles a la importación.
Según el economista, hay prácticas comerciales que no están permitidas en Occidente porque es jugar sucio en el libre comercio. Y continuó cuestionando que subsidiar a una empresa para que pueda vender más barato en el exterior se considera dumping.
Castiñeira explicó que China subsidia el costo de la energía a la actividad siderúrgica, algo que “hace inviable la producción de acero en todo Occidente”.
Va de suyo que el mensaje resonó en las oficinas de Techint, aunque el golpe que sufrió en los últimos días ese grupo industrial vino de otro lado.
La Nación




