¿Está preparado el Norte Argentino para enfrentar una crisis energética ante un verano de temperaturas extremas? La Argentina no carece de recursos. Carece de decisión política sostenida y planificación de largo plazo. Sin una política energética federal, moderna y realista – que integre Gas Natural, hidroelectricidad e infraestructura -, nuestra región seguirá siendo rehén del clima.
Por el Ing. José Sesma
Ante la consulta sobre una posible crisis energética en la Argentina y la capacidad del sistema de generación para responder a un incremento sostenido de la demanda, producto de las altas temperaturas previstas para el verano, mi respuesta fue la siguiente:
En términos de generación de energía, la Argentina depende de manera altamente predominante del GAS NATURAL, que representa aproximadamente el 65 % de la matriz energética nacional. Este recurso resulta esencial para el funcionamiento de las centrales termoeléctricas, muchas de las cuales enfrentan actualmente problemas de mantenimiento, antigüedad de equipos y limitaciones estructurales en la infraestructura de transporte y distribución del gas. Estas debilidades del sistema podrían acentuarse de forma crítica ante picos de consumo derivados de olas de calor prolongadas, especialmente en regiones como el Norte Argentino.
Resulta una verdadera lástima que la Argentina, contando con abundantes reservas de Gas Natural distribuidas en sus 24 cuencas sedimentarias, no haya continuado ni profundizado el desarrollo de centrales termoeléctricas de ciclo combinado alimentadas con GNL mediante gasoductos virtuales, utilizando tanques isotérmicos criogénicos, una solución técnica eficiente, flexible y probada.
Un ejemplo emblemático de esta innovación fue la Central Térmica Anchoris, ubicada en la ciudad de Luján de Cuyo, Mendoza, inaugurada en 2017. Se trató de la primera central termoeléctrica del mundo independiente de los gasoductos tradicionales, alimentada exclusivamente con Gas Natural Licuado (GNL). La central cuenta con una capacidad instalada de 41 MW, y su operación requiere aproximadamente 333 m³ de GNL, equivalentes a 200.000 m³ de Gas Natural gaseoso. Lamentablemente, esta experiencia pionera no fue replicada ni escalada en el territorio nacional.
Quien sí supo captar y aplicar esta brillante idea de generación energética fue Brasil. En 2021, inauguró la Central Térmica Jaguatirica II, ubicada en la ciudad de Boa Vista, en el estado de Roraima. Esta central posee una capacidad instalada de 117 MW, y su operación demanda aproximadamente 1.000 m³ de GNL, equivalentes a 600.000 m³ de Gas Natural, provenientes del Campo do Azulão, en el estado de Amazonas.
Actualmente, Brasil ya se encuentra instalando una segunda central de características similares para duplicar su capacidad de generación. El proyecto es operado por la empresa Eneva, y el GNL es transportado hasta la central mediante barcazas y camiones criogénicos, demostrando una logística energética moderna, eficiente y adaptable a regiones aisladas.
Por su parte, la energía hidroeléctrica aporta alrededor del 18 % de la generación total, y su desempeño está estrechamente vinculado al comportamiento hidrológico de la cuenca del río Paraná, un sistema estratégico no solo para la generación eléctrica, sino también para la logística, la navegación y el desarrollo regional. En los últimos meses, las lluvias registradas en los estados brasileños de Mato Grosso y São Paulo permitieron una recuperación parcial de los niveles del Paraná, río que nace en la confluencia de los ríos Paranaíba y Río Grande.
Esta extensa cuenca alberga centrales hidroeléctricas de enorme relevancia regional, como Ilha Solteira, Jupiá, Porto Primavera, Itaipú y Yacyretá. De no producirse nuevas bajantes significativas, Yacyretá – la mayor central hidroeléctrica del país – podría iniciar el período estival operando a plena capacidad, constituyéndose en un factor clave para sostener la oferta energética del Norte Argentino. No obstante, debe considerarse que Brasil prioriza legítimamente su consumo interno, lo que limita el aporte externo de energía en situaciones de máxima demanda.
Para evitar el estiaje del río Paraná y asegurar un funcionamiento eficiente, continuo y seguro de las centrales hidroeléctricas, resulta imprescindible cumplir estrictamente los términos de los tratados binacionales de Itaipú y Yacyretá, garantizando tanto la libre navegación como el uso racional y multipropósito de los embalses, incluyendo su aplicación para fertirriego.
En este contexto, la construcción de EMBALSES COMPENSADORES – en Itá Corá–Itatí, asociado a Yacyretá, y en Itacuá, a 28 km río arriba de Posadas, dentro del área de influencia de Itaipú – se presenta como una obra estratégica imprescindible y largamente postergada. Estos embalses no solo permitirían mitigar los efectos del estiaje, sino que además protegerían las turbinas hidroeléctricas de fenómenos como la cavitación, prolongando su vida útil, mejorando la eficiencia operativa y optimizando el rendimiento energético del sistema.
En síntesis, si se pretende evitar crisis energéticas futuras, particularmente en regiones vulnerables como el Norte Argentino, la Argentina debe garantizar el pleno cumplimiento de los tratados internacionales vigentes, priorizar la infraestructura hidroeléctrica y complementarla con una planificación estratégica e inteligente del uso del Gas Natural, incorporando soluciones modernas como el GNL y los gasoductos virtuales.
Actualmente, el sistema eléctrico nacional se completa con un aporte aproximado del 8 % de energía nuclear, 7 % de energía eólica y un crecimiento sostenido de la energía solar. Si bien estas fuentes resultan estratégicas y necesarias para la transición energética, aún no son suficientes por sí solas para cubrir picos extremos de demanda, sin el respaldo firme de la generación térmica a Gas Natural y de la energía hidroeléctrica
Aquí aparece una deuda estructural: el incumplimiento práctico de los tratados de Itaipú y Yacyretá en lo relativo al manejo integral de embalses. La construcción de embalses compensadores en Itá Corá–Itatí y Itacuá no es un capricho técnico: es una necesidad estratégica para evitar el estiaje, proteger turbinas de la cavitación y garantizar generación estable, navegación y riego.
La Argentina no carece de recursos. Carece de decisión política sostenida y planificación de largo plazo. Sin una política energética federal, moderna y realista – que integre Gas Natural, hidroelectricidad e infraestructura -, el Norte Argentino seguirá siendo rehén del clima. Y las crisis energéticas seguirán siendo anunciadas como inevitables, cuando en realidad son perfectamente evitables.




