El consumidor argentino “importa” crisis energéticas ajenas, pagando precios de importación por un recurso que se extrae de suelo propio. En marzo, la nafta super superó los $2.000 pesos por litro en el país, en el marco del ‘’micropricing’’ que lleva a cabo el gobierno de Milei.
El impacto de la suba internacional del petróleo sobre las naftas y el gasoil, producto de la guerra en Medio Oriente, se siente con fuerza en el bolsillo debido a la política de vincular los precios locales a los internacionales.
Mientras que hoy un ciudadano de Estados Unidos paga, en promedio, USD 1,05 por cada litro de nafta, un argentino debe abonar USD 1,42, de acuerdo a lo detallado por un informe del Instituto Argentina Grande (IAG). Así, el precio en Argentina es un 35% más alto que en Estados Unidos.
Bajo la premisa de la convergencia internacional, el gobierno de Javier Milei eliminó el Barril Criollo, la herramienta que permitía hacer valer su ventaja estratégica como productor. Al desarmar este amortiguador, Argentina quedó expuesta a la volatilidad global: el consumidor argentino “importa” crisis energéticas ajenas, pagando precios de importación por un recurso que se extrae de suelo propio.
El conflicto ajeno se traslada directamente al surtidor, encareciendo toda la cadena productiva en un país que produce más que nunca. Según señalaron fuentes del mercado petrolero a El Destape, los combustibles acumulan un incremento del 15% desde el inicio de la guerra el 28 de febrero.
En marzo, la nafta super superó los 2.000 pesos por litro en el país, en el marco del ‘’micropricing’’ que lleva a cabo el Ejecutivo nacional para ponerse a tono con el aumento de precio del barril de petróleo. Desde que asumió la administración libertaria, la nafta aumentó un 514%, 56,9% en términos reales, una cifra que pulveriza tanto el índice de inflación general (291,9%) como la evolución de los salarios privados (288%).
El documento del IAG señaló que la comparación con diciembre de 2025 también es muy relevante ya que el Gobierno está demostrando perder el control de los precios. “La nafta subió 18,7% este año, el doble de la inflación, que promete verse arrastrada por estos costos”, destacó el documento.
En ese contexto, el Presidente decidió postergar hasta el 1° de mayo la actualización de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono. La decisión fue oficializada mediante el Decreto 217/2026, publicado en el Boletín Oficial, con el objetivo de sostener la actividad económica dentro de un esquema fiscal sostenible y evitar mayores presiones sobre los precios.
El Destape




