Entre el 2 y el 7 de abril, un sistema de tormentas de lento desplazamiento dejó lluvias torrenciales sobre las cuencas de los ríos Tennessee, Ohio y Misisipi, acumulando hasta 40 centímetros de agua en algunas zonas y generando inundaciones catastróficas.
Inundaciones récord y evacuaciones masivas
La situación más crítica se vivió en Frankfort, Kentucky, donde el río Kentucky alcanzó los 14,7 metros, quedando apenas por debajo del nivel máximo registrado. El evento fue clasificado como de recurrencia milenaria, es decir, con una probabilidad extremadamente baja de repetirse en el corto plazo.
El impacto fue devastador: más de 500 rutas cerradas en Kentucky debido a anegamientos y deslizamientos, mientras que Tennessee activó evacuaciones obligatorias. Incluso, la icónica destilería Buffalo Trace suspendió su producción tras el desbordamiento del río.
Las tareas de rescate estuvieron a cargo de la Guardia Nacional y fuerzas de seguridad estatales, quienes actuaron rápidamente para asistir a los afectados. Aunque las precipitaciones disminuyeron, el nivel de los ríos siguió aumentando por la saturación del terreno, manteniendo el riesgo en niveles elevados durante varios días
¿Qué causó este fenómeno extremo?
El desencadenante fue un río atmosférico, una corriente de aire cargada de vapor de agua proveniente de zonas tropicales. Al ascender y enfriarse, este vapor se transforma en precipitaciones intensas.
Aunque naturales, estos fenómenos son cada vez más extremos por el cambio climático, que intensifica la capacidad de la atmósfera para retener humedad.
Los ríos atmosféricos no son nuevos, pero su potencia fue en aumento. Casos anteriores como la tormenta Pineapple Express en 2019 o el diluvio sobre Columbia Británica en 2021 ya habían evidenciado su capacidad destructiva.
Sin embargo, el episodio de abril en el centro de EE.UU. resalta cómo zonas que no estaban acostumbradas a eventos tan intensos ahora enfrentan amenazas crecientes.
El cambio climático agrava los riesgos
Estudios recientes confirman que el calentamiento global está alterando la frecuencia e intensidad de las lluvias. En regiones como el Medio Oeste estadounidense, la ocurrencia de lluvias extremas aumentó más del 40% desde 1958.
A medida que la temperatura global sube, la atmósfera almacena más vapor de agua, lo que se traduce en tormentas más severas y prolongadas.
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