Tras conocerse la sentencia del juicio por la verdad en el caso de Carlos Tereszecuk, el fiscal de Derechos Humanos, Diego Vigay, valoró el fallo de la Justicia Federal chaqueña que reconoció el homicidio como crimen de lesa humanidad y confirmó que el arrojamiento de cuerpos al río Paraná fue una práctica sistemática del terrorismo de Estado.
Luego de que la jueza federal Zunilda Niremperger diera a conocer la sentencia en el juicio por el derecho a la verdad por el caso de Carlos Tereszecuk, el fiscal de Derechos Humanos Diego Vigay analizó el alcance del fallo y destacó su valor histórico en la reconstrucción de los crímenes cometidos durante la dictadura.
“Carlos era un joven misionero que había estudiado para ser sacerdote, se había recibido de trabajador social, había sido presidente de centro de estudiantes y secretario legislativo de un bloque del Partido Auténtico en la Cámara de Diputados de Misiones”, recordó Vigay en diálogo con CIUDAD TV.
El fiscal explicó que “por el trabajo que había realizado en defensa de los derechos sociales y laborales, sufrió un intento de secuestro en plena democracia en 1975 y debió pasar a la clandestinidad para resguardar su vida”. “Finalmente fue secuestrado en noviembre de 1976, visto con vida en la Jefatura de Policía de Resistencia —que funcionaba como centro clandestino de detención— y desde entonces permanecía desaparecido”, señaló.
En 2018, se logró identificar su cuerpo, enterrado como NN en el cementerio de Empedrado, Corrientes. “Era uno de los cuerpos que bajaban por el río Paraná, de desaparecidos de la última dictadura”, indicó Vigay.
El fiscal explicó que a partir de un expediente iniciado en 1986 ante la CONADEP y actualizado en los últimos años, fue posible “reconstruir lo que había pasado con él, aunque muchos de los responsables ya habían fallecido”.
“Carlos estuvo secuestrado, fue muy torturado y se encontraba en un deterioro de salud muy importante”, relató. “Un sobreviviente detenido, Carlos Aranda, contó que incluso debió bañarlo porque no podía mantenerse en pie y, en ese marco, fue fusilado”, agregó.
Según precisó, “el cuerpo tiene heridas de arma de fuego en el cráneo y en el pecho, y fue arrojado al río Paraná con una sistemática que se repitió en muchos casos: cuerpos desnudos, atados con alambre, con cortes abdominales para que no flotaran y sin falanges en las manos para evitar su identificación”.
Vigay remarcó que la sentencia “reconstruye todo lo que pasó con Carlos y representa una reparación a la familia, que ya tenía el cuerpo pero necesitaba conocer la verdad”. “Ellos habían pedido esta sentencia, y para nosotros también es histórica, porque más allá de que era algo que se sabía, faltaba que la Justicia lo expresara de manera contundente”, valoró.




