La corrección en el mercado de bonos gubernamentales del Japón – valuado en u$s7,8 billones – se intensificó desde que el presidente estadounidense Donald Trump anunció sus aranceles del “Día de la Liberación ” en abril. La tibia recepción a los títulos nipones también revela una creciente aversión de los inversores de renta fija frente al deterioro fiscal de los principales emisores soberanos, como Estados Unidos y Japón.
En este contexto, surgen interrogantes clave: ¿hacia dónde se están redirigiendo estos flujos de capital? ¿Tienen los mercados emergentes una oportunidad real para capturar parte de ese capital en busca de refugio?
Sucede que los rendimientos de los bonos globales, en particular en el extremo largo de la curva, treparon con fuerza en todo el mundo en las últimas semanas ante la creciente preocupación por los déficits fiscales. En el caso de Japón, los títulos del gobierno y emitidos por un país altamente endeudado, son el “canario en la mina de ‘duration’ global”, escribieron los analistas de Goldman Sachs la semana pasada tras una débil demanda en una subasta de bonos a 20 años.
Cabe recordar que el mercado ya sintió el impacto del desarme del “carry trade” en Japón en agosto, pero el escenario actual es aún más delicado: la deuda de largo plazo japonesa enfrenta una ola de ventas masivas ante el temor de que los recortes impositivos y la desordenada aplicación de aranceles por parte del presidente estadounidense Donald Trump impulsen la inflación y obliguen a los gobiernos a expandir el gasto público. Esta dinámica elevó la “prima por plazo”, es decir, la rentabilidad extra que exigen los inversores por asumir el riesgo de mantener su dinero inmovilizado.
El contexto de la deuda global
El 17 de mayo, Moody’s se convirtió en la última gran agencia de calificación en rebajar la nota máxima a EEUU, debido al creciente nivel de deuda, que ya equivale al 124% del Producto Bruto Interno (PBI). Pero la situación es aún más precaria en Japón, donde el ratio deuda/PBI duplica esa cifra.
Un crudo informe del área de research del banco francés Société Générale advierte sobre la “mega bomba” que podría soltar Japón para los mercados globales. Y es que analiza que la reciente dislocación en el mercado de bonos del gobierno nipón podría representar el inicio de un “Armagedón financiero” a escala global.
El documento firmado por el analista Albert Edwards, de estrategia global, sostiene que el auge repentino de los rendimientos a largo plazo en Japón representa mucho más que un fenómeno local: “Es una señal temprana del desmantelamiento del régimen de represión financiera que ha imperado desde la crisis financiera global”, asevera.
El crudo informe francés
Según Société Générale, durante años los grandes inversores institucionales japoneses sostuvieron la demanda global de bonos soberanos, en particular del Tesoro estadounidense, mediante el uso del “carry trade” financiado en yenes. Sin embargo, con los retornos cubiertos de los “Treasuries” en terreno “profundamente negativo” y la inflación japonesa por arriba de la de EEUU y la eurozona, ese ciclo estaría por llegar “abruptamente a su fin”.
Para Pablo Repetto, jefe de Research en Aurum Valores -en diálogo con Ámbito- a nivel global crece la preocupación por los elevados niveles de endeudamiento al que llegaron varias economías desarrolladas, como resultado de un extenso período de tasas de interés excepcionalmente bajas y de un fuerte aumento del gasto público durante la pandemia.
Principales países del G7 por ratio deuda/PBI
Y aquí está el punto clave: donde Japón lidera, otros podrían seguirlo. La salud fiscal del grupo de las siete economías más desarrolladas a nivel global (G7) se deteriora en todos los frentes.
- Japón – aproximadamente 263%: tiene el mayor ratio entre las economías desarrolladas, producto de décadas de estancamiento, envejecimiento poblacional y sucesivos estímulos fiscales.
- Italia – aproximadamente 135%: su elevado nivel de deuda responde a déficits fiscales persistentes y bajo crecimiento económico.
- Estados Unidos – aproximadamente 124%: la deuda se disparó por el gasto en defensa, salud y recientes recortes impositivos.
- Reino Unido – aproximadamente 101%: creció tras los ajustes económicos por el Brexit y mayor gasto público.
- Canadá – aproximadamente 107%: subió a raíz de los estímulos fiscales durante la pandemia.
- Alemania – aproximadamente 63%: mantiene un ratio bajo gracias a su disciplina fiscal y fuerte economía exportadora.
El informe de Société Générale también cuestiona la visión predominante de que el alza del rendimiento del bono estadounidense a 30 años (que superó el 5%) se deba exclusivamente a desequilibrios fiscales internos. En cambio, plantea que parte del ajuste proviene de una reconfiguración estructural más profunda, “vinculada al colapso del ancla japonesa, que sostenía la demanda global de activos”.
Y concluye: “La verdadera bomba de tiempo fiscal está en EE.UU, pero la mecha podría encenderse desde Japón. Esta es una transición de régimen. El modelo en el que las tasas se mantenían bajas, se ignoraba la inflación y se absorbía deuda sin límite por llegar a su fin”, concluye el banco.
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