Muzio acumulaba denuncias en su contra. El gobierno lo presionó por temor a que el escándalo en la Casa Argentina perjudicara a Milei durante su visita a Francia y a la Paris Week, que se realizará el 30 de septiembre.
En los días previos al viaje de Javier Milei a Francia, el Gobierno ya no pudo eludir más que el director de la Casa Argentina en París, Santiago María Guillermo Adolfo Muzio, finalmente renuncie a su cargo tras una gestión marcada por denuncias y cuestionamientos. Además de los estudiantes que señalaron persecución ideológica, Muzio usó la sede como centro ultraderechista, y hasta quitó una placa que recordaba a los desaparecidos durante la última dictadura militar argentina. El exdirector de la Casa, Marcelo Balsells, expresó que no es casualidad que “justo pocos días antes de que llegue Milei a Francia, a Muzio lo hayan renunciado”. Su reemplazante será Alfredo Mario Soto, profesor universitario.
Durante su gestión en la Casa Argentina en París, donde residen artistas y estudiantes argentinos que estudian masters y doctorados, Muzio fue acusado de echar a estudiantes por cuestiones ideológicas.
Más de 1000 académicos, escritores y artistas de Argentina, Francia y otros países escribieron una carta solicitando su renuncia, no solo por las expulsiones arbitrarias de alumnos sino por sus conexiones con la ultraderecha francesa.
En la carta, los intelectuales también denunciaron “reformas presuntamente irregulares” en el establecimiento donde funciona la Casa Argentina en París y “falta de claridad en el uso de fondos”, por lo que reclamaron “una auditoria administrativa, contable y técnica”.
Muzio también fue cuestionado por haber retirado en el Día de la Memoria una placa que recordaba a los desaparecidos argentinos y los que habían vivido en la Casa.
La renuncia de Muzio fue confirmada este domingo por fuentes oficiales, que informaron que el cargo será ocupado por Alfredo Mario Soto, docente universitario y especialista en Derecho Internacional Privado.
Si bien la salida de Muzio se intentó manejar con hermetismo, por temor a que el escándalo en la Casa Argentina arruinara la visita del presidente Javier Milei a Francia y a la Paris Week, que se realizará el próximo 30 de setiembre, la noticia circuló rápidamente entre los medios franceses.
Una Casa con historia
Con casi un siglo de existencia, la Casa Argentina en la Cité Universitaire de París, que albergó en el pasado a intelectuales como el escritor Julio Cortázar, se encuentra sumida en la polémica desde 2024, con el nombramiento por el gobierno de Milei del abogado franco-argentino Santiago Muzio como director. En diálogo con Página/12, Balsells relató que ya desde sus inicios la gestión de Muzio fue controversial. “Cuando uno llega como director a la Cité Universitaire, firma la carta de valores aceptando la laicidad, la no discriminación por sexo, por religión y por ideología política, y esa carta Muzio nunca la firmó”.
“Es una minidictadura”, se vive con “miedo constante” y “sin libertad de expresión”, indicó una residente a la agencia francesa de noticias AFP durante el curso académico 2025/2026. “Estamos todos escandalizados, es horrible lo que está pasando en esta casa”, abundaba el director de otra de las 47 residencias de la “Cité U”.
Muzio, ferviente católico, dirigió desde 2020 la antena en Madrid del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas (ISSEP), universidad privada fundada por la eurodiputada ultraderechista francesa Marion Maréchal, sobrina de la candidata a la elección presidencial de 2027, Marine Le Pen.
Ante la creciente preocupación sobre su gestión de la Casa, el Ayuntamiento de París pidió el 30 de julio al canciller francés, Jean-Noël Barrot, una “investigación” y que trate la situación con Buenos Aires.
La delegada general de la fundación que gestiona la Cité U, Blandine Sorbe, indicó entonces a AFP que trabajaría para que la cuestión “se aborde” a nivel diplomático, en el contexto de la visita prevista de Milei a París a finales de septiembre e inicios de octubre. Las múltiples quejas aceleraron la actual decisión.
Miedo en la Cité U
La Cité Internationale Universitaire de París nació en 1925, tras la Primera Guerra Mundial, como lugar de encuentro para “contribuir a la construcción de un mundo de paz”, según explica su sitio web. Cada año acoge a unos 12.000 estudiantes, investigadores y artistas de 150 nacionalidades.
Estos viven en residencias gestionadas por sus países de origen o por instituciones, entre ellas la propia Cité U, aunque las reglas recomiendan que un 30% de los residentes sean de otra nacionalidad para facilitar los intercambios, el llamado “brassage”.
Con una capacidad para unas 80 personas, la Casa Argentina abrió en 1928 y sus residentes pagan actualmente entre 620 y 1.210 euros mensuales (entre 720 y 1.400 dólares). Otrora conocida por sus actividades culturales, desde la llegada de Muzio es famosa por las polémicas.
“La Casa era un espacio de convivencia, cultura y arte. Hoy es un espacio de miedo, control, vigilancia, cámaras”, resumía otro residente del pasado curso. El “control” es sólo con los argentinos, precisó.
Los residentes denunciaban que se les limitaba el acceso a espacios comunes como el salón o la parrilla, epicentro de la vida social en Argentina. Además, aseguraban que el miedo les llevó a hablar con “murmullos” en la Casa.
El precedente “libertario”
Una de las primeras decisiones de Muzio fue no rubricar la Carta de Valores de la Cité U, que cada año firman los directores. Esta defiende el respeto de los derechos humanos y la vida privada, y prohíbe la discriminación por motivos “de género, de orientación sexual”, entre otros.
“Sentó un precedente”, explicó en ese momento Laurent Schneider, presidente de la conferencia de directores de casas. Cuando le preguntó por sus motivos, el argentino le respondió que no podía firmar “en conciencia” un documento que reconoce la igualdad de género y de orientación sexual.
El rechazo obedece a la “línea del gobierno argentino, que reconoce la existencia de dos sexos: el masculino y el femenino”, explicó Muzio al diario conservador JDD, precisando que su proyecto es “extirpar [la Casa] de las garras de la extrema izquierda y de la ideología woke” y restaurar “el orden y la disciplina”.
Persecución política
Pero el “punto de quiebre”, en palabras de la residente, fue el retiro en febrero de una placa “en homenaje a los 30.000 desaparecidos y víctimas del Terrorismo de Estado (1974-1983)” en Argentina, alegando reformas en la Casa.
Los residentes acabaron organizando un homenaje a los desaparecidos en la Casa de Alemania y la fundación que gestiona la Cité U respondió también colocando una placa similar en el campus.
Más preocupante fue que el grupo de 13 residentes argentinos que participaron de un acto por el día de la Memoria, la Verdad y la Justicia el 24 de marzo, a lo largo de los meses siguientes fueron expulsados de la casa. Balsells contó que “por suerte la Cité los acogió y pudieron ubicarse en otras casas para continuar sus estudios”. Salvador Calanni, uno de los afectados, describió la situación como una persecución política.
Calanni, entonces vicepresidente del comité de residentes de la Casa, lo vivió como una persecución política.
Una decena fueron acogidas en julio y agosto en otras residencias, recuerda Blandine Sorbe.
Pero Calanni, pese a contar con la beca de investigación más prestigiosa de la Unión Europea, la Marie Skłodowska-Curie, quedó de nuevo sin plaza para el curso 2026-2027, tras un proceso de adjudicación polémica.
La Casa Argentina abrió y cerró el proceso en agosto, cuando siempre tiene lugar en mayo y junio para organizar los “brassage” antes del inicio del curso en septiembre y permitir que quienes se queden fuera encuentren alojamiento en París, y no se adjudicaron todas las plazas.
De los 42 que quedaron fuera, seis impugnaron la decisión ante el ministerio de Capital Humano argentino, estimando que se les descartó “por una decisión discrecional” y no por sus méritos. Muzio echó además a una de los cuatro trabajadores permanentes que había en la Casa y otros dos se marcharon.
A ojos de Balsells, las denuncias contra el director franco argentino “ya incomodaban demasiado, y no es casual que justo pocos días antes de que llegue Milei a Francia, a Muzio lo hayan renunciado”, en búsqueda de apaciguar las aguas. En reemplazo de Muzio el gobierno designará a Alfredo Mario Soto, abogado y profesor universitario.
Reacción internacional
La situación acabó afectando a toda la Cité U. “La confianza está rota”, aseguró Laurent Schneider. “Nosotros defendemos ante los estudiantes una actitud de apertura hacia los demás, y, de él, no sabemos lo que dice dentro de su casa”.
El director de otra residencia fue más directo: “No le puedo confiar a un residente. ¿Se imagina que envío a alguien allí [con el “brassage”] y se encuentra con una reunión de la extrema derecha en la Casa?”.
Por ejemplo, dos grupos de reflexión vinculados a la extrema derecha en Polonia y Hungría presentaron en noviembre su plan “El Gran reseteo”, consistente en desmantelar la UE o reducir su alcance actual, reveló entonces el medio independiente de izquierda Basta!.
Y, en mayo, dos meses antes de que Francia autorizase la eutanasia, albergó un debate titulado “Protejamos la dignidad humana al final de la vida: basta de eutanasia en Europa”.
La senadora franco-argentina Sophie Briante Guillemont ya preguntó al gobierno en marzo si preveía tomar medidas para que las “infraestructuras” de la Cité U “no puedan utilizarse con fines ajenos a su misión” universitaria. El Ministerio del Interior todavía no respondió.
“Milei forma parte de lo que se denomina la reacción internacional. Es legítimo querer saber qué ocurre dentro de esta casa desde el momento en que, claramente, hay temas que pueden afectar a la política nacional francesa e incluso europea”, explicó a la AFP la legisladora.
Francia se prepara para celebrar en abril y mayo de 2027 una elección presidencial, crucial para la Unión Europea, con la ultraderechista Le Pen liderando los sondeos y temores de un riesgo de injerencia extranjera.
El problema pendiente
Muzio apela a la libertad de expresión y defiende que estas reuniones son privadas y se enmarcan en la privatización de espacios para obtener fondos para la Casa, aclara la delegada general. “Para volver al equilibrio financiero”, precisa el director en el JDD.
Pero el problema principal para poder actuar es más amplio: la Casa Argentina depende directamente del ministerio de Capital Humano y, a diferencia de la práctica totalidad de las casas, no cuenta con un consejo de administración con representantes de la Cité Universitaire.
Desde la década de 2010, la Cité U busca regularizar esta situación jurídica, pero “no depende solo de nosotros, es realmente un tema de discusión bilateral y diplomática”, insiste la delegada general.
Por la situación en la Casa, entre otras, más de 2.700 personas pidieron al Consejo de París que declarara “persona non grata” a Milei, pero el Ayuntamiento precisó que el Estado es el único competente para hacerlo.
Página/12




