El riesgo país trepó 8,4% en lo que va de agosto. El Tesoro tuvo que subir casi 300 puntos básicos la tasa de la Lecap para sostener el carry trade. El riesgo país cerró en 474 puntos básicos, con una suba de 1,9%, y quedó en su nivel más alto desde el 10 de junio, cuando había terminado en 503 puntos. Sólo durante agosto el riesgo país acumuló una suba de 36 puntos, equivalente al 8,4%.
Las variables financieras que durante buena parte del año acompañaron al Gobierno empezaron a revertirse. Este miércoles el riesgo país subió, las acciones argentinas cayeron con fuerza y el Tesoro tuvo que convalidar una tasa mayor para sostener el atractivo de los pesos. El dólar oficial, en cambio, quedó contenido debajo de los $1.500. Es la pieza que el Gobierno necesita mantener quieta para que la inflación no se le escape.
La comparación regional tampoco ayuda. El economista Gustavo Neffa destacó que Argentina volvió a quedar como “el último vagón del tren” latinoamericano. Según el cuadro que difundió, el riesgo argentino quedó por encima de Ecuador, con 425 puntos; Bolivia, con 406; y muy lejos del promedio regional de 253. México aparece en 199, Brasil en 173, Chile en 91 y Uruguay en apenas 66 puntos básicos.
El problema no es solamente estadístico: con ese nivel de riesgo, la posibilidad de que el Tesoro vuelva de manera regular al mercado internacional sigue lejos. La tensión se reflejó este miércoles en la licitación de deuda. Finanzas recibió ofertas por $6,49 billones, pero adjudicó $4,49 billones, apenas lo necesario para alcanzar un rollover de 100%.
El dato tiene dos lecturas. Economía logró renovar todo lo que vencía, pero dejó afuera alrededor de $2 billones, para evitar pagar todavía más. La frazada volvió a quedar corta: sostener el carry trade y evitar que los pesos busquen refugio en el dólar obliga a mantener rendimientos suficientemente atractivos.
La comparación con la licitación anterior es todavía más clara. La Lecap con vencimiento el 30 de noviembre de 2026, S30N6, concentró esta vez $3,29 billones y cortó a una TEM de 2,11% y una TIREA de 28,54%. Cuando el Tesoro había colocado exactamente el mismo título el 15 de julio, había pagado 1,92% mensual y 25,59% TIREA.
En menos de un mes, la tasa anual efectiva que tuvo que reconocer Caputo aumentó 2,95 puntos porcentuales, casi 300 puntos básicos.
El menú elegido también dice bastante sobre las preferencias del mercado. La colocación quedó concentrada en vencimientos cortos. Además de los $3,29 billones de la Lecap a noviembre, Economía adjudicó $650.000 millones en el bono CER con vencimiento en enero de 2027, que pagó CER más 4,51% TIREA. También colocó $230.000 millones en dólar linked a septiembre, con una TIREA de 7,33%, y otros $320.000 millones en dólar linked a octubre, al 6,91%.
La ingeniería tiene un objetivo preciso. El Gobierno necesita que quedarse en pesos siga siendo suficientemente rentable para mantener vivo el carry trade y, al mismo tiempo, descomprimir la demanda de dólares. Para eso paga tasa en pesos y ofrece cobertura cambiaria a través de los dólar linked.
El costo aparece del otro lado: tasas altas vuelven inviable el objetivo de reactivar la actividad económica vía crédito tal como promete el gobierno. Algo de eso apareció en la Bolsa. Los ADR argentinos que cotizan en Nueva York operaron mayoritariamente en rojo, en una jornada también negativa para los principales índices de Wall Street. Telecom cayó 5,6%, BBVA retrocedió 4,9%, Banco Macro perdió 4,6% y Edenor bajó 4,3%.
Los movimientos todavía están lejos de configurar una corrida, pero juntos muestran un cambio de clima. El riesgo país se alejó de los mínimos, las acciones argentinas perdieron impulso, el Tesoro paga más para retener pesos y la Argentina sigue lejos de los mercados voluntarios de deuda. El optimismo que había acompañado la primera mitad del año no desapareció, pero perdió aire, coincidente con las encuestas que marcan una caída de Milei.
Es que empezó a estar presente un reloj que hasta hace poco parecía lejano. A más de un año de las presidenciales, el mercado ya incorpora en los precios la duración política del programa económico. El año electoral asoma mucho antes de que aparezcan las boletas.
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