Umberto Eco, en 1995, publicó un ensayo que tituló “Ur-Fascismo” (o “Fascismo Eterno”), en el que argumentó que el fascismo no desapareció en 1945, sino que mutó en formas más difusas. Lo llamó “ur”, (prefijo alemán Ur que significa “original”), porque identificó una matriz común, que puede aparecer en cualquier época o lugar.
Por Dr. Miguel Julio Rodríguez Villafañe*
El fascismo (o Ur-Fascismo) regresa de formas inocentes y enmascaradas, a menudo invocando la libertad, la seguridad y la identidad nacional para justificar el retroceso. El control se efectúa, no como un dictador explícito, sino bajo apariencias democráticas, que suprimen el pensamiento crítico. No necesita que exista el Partido Nacional Fascista, puede aparecer con otros nombres.
Milei y las características de su Ur-Fascismo
Humberto Eco caracteriza al Ur-Fascismo en catorce características. En lo central de su análisis sostiene, que no necesitan estar presentes todos los rasgos simultáneamente. Basta con que aparezcan algunos para que el fenómeno sea reconocible.
Culto a la tradición o al pasado
Una de las características es el “culto a la tradición”, en ella se sostiene que la verdad ya fue revelada en el pasado. Se idealiza un pasado mítico que, en realidad, nunca existió tal como se describe.
Milei siempre se refiere a una Argentina ideal, que la ancla a fines del siglo XIX, en una economía de unos pocos exportadores de carnes, cueros y trigo. Pero era una etapa, sin democracia para muchos sectores, carentes de derechos laborales, ni sociales, en la que las ganancias se daban sólo a un determinado sector social.
Culto al anti–intelectualismo
Otro aspecto es el anti-intelectualismo. El periodismo, por definición, es una actividad intelectual y reflexiva. Se lo deslegitima en bloque, no por errores concretos sino por identidad de grupo, lo que implica una forma de anti-intelectualismo estructural. No se discuten los argumentos, se destruye al portador. Además, en esa misma postura el gobierno desfinancia a las universidades y a la educación en general.
El desacuerdo es traición
El presidente habla que, el 95 % del periodismo es corrupto, que es una forma de decir: “Quien me critica no es un ciudadano ejerciendo su función democrática, es un enemigo del pueblo pagado para destruirme”.
De esa manera, convierte la crítica periodística, que es el corazón de la democracia representativa, en un acto de traición. Los descalifica como “mentirosos”, “calumniadores seriales” y “sicarios con credencial de supuestos periodistas”. Es exactamente lo que Eco describía como otra característica del Ur-Fascismo.
El complot y el enemigo fuerte y débil simultáneamente
Mieli presenta a los periodistas como parte de una red corrupta y poderosa que controla la agenda, recibe sobres y coordina ataques contra su gobierno. Todo es complot destituyente de la institucionalidad que él encarna, sin embargo, se jacta de dinamitar al Estado y sus instituciones. Trata de héroes a los que fugan dólares del país y considera que la mafia y su dinámica, es un espejo a imitar.
A la vez, Milei sostiene, que los periodistas son “escoria”, “cerdos” o “excrementos”, es decir, seres despreciables e inferiores y los amenaza de enviarlos a una hoguera y recrimina a la sociedad que no “los odia lo suficiente”. Asimismo, se ensaña con ellos, deroga el Estatuto del Periodista, para quitarles los derechos que allí se consagran en favor del ejercicio del periodismo.
Incluso se llega al extremo, de no querer nombrar como jueza a Maria Verónica Michelli, que ha cumplido todos los requisitos para ser nombrada magistrada, sólo porque es cuñada de Hugo Alconada Mon, un periodista al que no quiere Milei. Además, el gobierno cerró la sala de prensa de la Casa Rosada y negó el acceso a 60 periodistas acreditados por once días, luego, el acceso se restituyó, pero con restricciones. A su vez, se registraron amenazas, persecuciones, espionaje y un fuerte aumento de acciones judiciales contra periodistas.
La contradicción entre fuerte y débil es la marca registrada del pensamiento Ur-fascista. La paradoja es que el discurso sectario no debilita, incluso, lo alimenta emocionalmente.
Democracia selectiva
Milei redefine a la libertad de prensa y sostiene que la prensa libre es legítima cuando apoya sus actitudes o actos de gobierno. Pero, cuando se lo critica es la “casta mediática” actuando contra el pueblo y convierte a la prensa, en general, como un actor político enemigo, que debe ser neutralizado. Incluso, Milei lanzó, en febrero de 2026, la “Oficina de Respuesta Oficial” en la red social X, un verdadero “Ministerio de la Verdad”. Esta oficina busca contrarrestar otras narrativas y fortalecer el relato oficial. O sea, quiere imponer desde el gobierno lo que debe ser tenido como la única información verdad.
Todo ello, vacía de contenido al concepto de la tarea del periodismo, que cumple una función, no estatal, de interés público institucional, en tanto garantiza la dimensión social e individual de la libertad de expresión como derecho humano, posibilita el control democrático y asegura el derecho de la sociedad a recibir información adecuada.
Culto a la virilidad
Los ur-fascistas demuestran un desprecio por las mujeres y las diversidades sexuales. Milei eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. A su vez, funcionarios del Ejecutivo han cuestionado las estadísticas oficiales de femicidios y el concepto de violencia de género, afirmando que se trata de ideología y no de una realidad a contemplar debidamente; entre otras medidas inaceptables, propias de esta característica.
Empobrecimiento del lenguaje
El presidente reemplaza el análisis por el insulto a los y las periodistas y sus palabras operan como armas semánticas, que cierran el debate antes de que empiece.
Milei, respecto del periodismo, crea una identidad negativa colectiva, que no admite matices.
Humberto Eco fue muy preciso en esto, ya que el lenguaje fascista no busca convencer, busca condicionar las emociones y lo hace desde una deshumanización gradual del enemigo odiado, que deja de parecer humano ante los ojos de quienes las rodean. En Ruanda, la radio llamaba “cucarachas” a los tutsis, semanas antes del genocidio que buscó eliminarlos. En la Alemania nazi, la prensa atacada era “la prensa judía” que se decía, “envenenaba” al pueblo. El mecanismo es siempre el mismo.
Defender nuestra democracia
Tenemos el deber de defender nuestra Democracia, para evitar que el Ur-Fascismo cruel siga avanzando patológicamente en el país, ensañado en el periodismo.
(*) Abogado constitucionalista cordobés y periodista de opinión




