Con el antecedente fresco de eventos extremos y suelos ya comprometidos por lluvias recientes, las provincias de la Cuenca del Plata empezaron a coordinar acciones concretas para anticiparse a potenciales pérdidas productivas por un posible evento de El Niño en 2026. La próxima reunión está prevista tentativamente para junio en Corrientes.
El primer paso fue una reunión en Santa Fe, donde quedó claro que, aunque todavía no hay certezas sobre la intensidad del fenómeno, el margen para la improvisación es cada vez menor.
El encuentro, organizado por la Agencia Federal de Emergencias (AFE), reunió a funcionarios de Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Misiones, junto a representantes del Gobierno nacional. La lógica fue revisar antecedentes, evaluar escenarios y empezar a alinear protocolos antes de que el clima imponga condiciones.
La reunión, realizada en territorio santafesino, marca un precedente, ya que aun una amplia región de esa provincia se encuentra bajo agua por excesos hídricos.
Desde Santa Fe, el secretario de Protección Civil y Gestión de Riesgos, Marcos Escajadillo, planteó el eje central basado en prepararse sin esperar confirmaciones definitivas. “Tenemos que prepararnos, aunque todavía no sabemos cuál será su intensidad”, sostuvo. En ese marco, la provincia ya activó un pedido a municipios y comunas para actualizar sus planes de contingencia, un punto clave si se tiene en cuenta que los impactos más concretos como anegamientos, cortes de caminos rurales, evacuaciones, se gestionan a escala local.
El dato de fondo es que la discusión dejó de ser exclusivamente meteorológica para pasar a ser operativa. Durante la reunión se analizaron las tormentas recientes y los llamados fenómenos convectivos, con la intención de avanzar hacia un protocolo unificado de actuación. El objetivo, según Escajadillo, es “optimizar recursos para brindar una respuesta más rápida y eficaz a los damnificados”.
Pero detrás de esa formulación aparece otro problema que es la superposición de esfuerzos y la falta de coordinación histórica entre jurisdicciones. La intención de armar un esquema común con Nación apunta, justamente, a reducir esas fricciones en escenarios críticos.
Desde la AFE, el director ejecutivo Santiago Hardie puso el foco en la escala regional del problema. “Estamos ante un proceso en formación. Probablemente en primavera tengamos mayor claridad”, explicó. Sin embargo, el funcionario dejó en evidencia la preocupación concreta: de que las condiciones actuales ya son delicadas.
El diagnóstico compartido habla de precipitaciones intensas acumuladas y suelos saturados, una combinación que reduce drásticamente la capacidad de absorción frente a nuevos eventos. “Necesitamos un invierno con menores lluvias para que, si el fenómeno se consolida hacia agosto o septiembre, no encuentre condiciones tan críticas”, advirtió Hardie.
En términos productivos, esa frase traduce que si el Niño se instala sobre perfiles cargados, el impacto sobre la campaña gruesa puede ser significativo, especialmente en zonas con problemas de drenaje o infraestructura limitada. A eso se suman posibles afectaciones logísticas, con rutas comprometidas y dificultades para el movimiento de insumos y cosecha.
La hoja de ruta que surgió del encuentro apunta a trabajar sobre distintos escenarios, desde eventos moderados hasta situaciones más extremas. La próxima reunión, prevista tentativamente para junio en Corrientes, tendrá un perfil más operativo que buscará relevar recursos disponibles, evaluar capacidad de respuesta ante evacuaciones y dimensionar riesgos sobre infraestructura y producción.
Bichos de Campo




