La humanidad extendió el lunes su frontera en el espacio profundo con un hito que superó todas las marcas previas de la era Apolo. La misión de la NASA llegó a estar a 406.778 kilómetros de distancia de la Tierra y completó su sobrevuelo de la Luna antes de iniciar el regreso. Los cuatro integrantes de la misión Artemis II se transformaron en los seres humanos que viajaron a la mayor distancia de la Tierra en la historia.
A bordo de la cápsula Orion, los astronautas Reid Wiseman, Víctor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen quebraron el récord de 400.171 kilómetros que ostentó la malograda, pero icónica, misión Apolo 13 desde abril de 1970.
El nuevo límite quedó establecido en 406.778 kilómetros de nuestro planeta, una cifra que marca el pulso de la nueva carrera lunar y el regreso definitivo al satélite.
La jornada comenzó con una carga emotiva profunda en el centro de control de Houston. Un mensaje grabado por el veterano James Lovell, piloto de Apolo 8 fallecido el año pasado, despertó a la tripulación con una bienvenida a su antigua “zona” de vuelo.
Antes de las maniobras críticas, los astronautas realizaron pruebas de sus trajes presurizados, diseñados para garantizar la supervivencia hasta seis días en caso de una emergencia extrema.
El sobrevuelo cercano representó el núcleo de la actividad científica de la jornada. La nave Integrity, nombre con el que la tripulación bautizó a la cápsula, inició su fase de observación detallada que se extendió por más de siete horas. El punto de máximo acercamiento a la superficie ocurrió a las 23.02 GMT (las 20.03 en la Argentina), con una altitud de apenas 6550 kilómetros sobre el suelo lunar.
Durante este período, los tripulantes utilizaron cámaras de calidad profesional y dispositivos móviles para capturar imágenes de alta resolución de zonas que hasta ahora solo se conocían mediante sensores remotos y satélites.
Uno de los objetivos principales de la observación fue la Cuenca Oriental, una vasta estructura de impacto con tres anillos concéntricos que se extiende por casi 950 kilómetros. Los astronautas observaron con sus propios ojos la totalidad de esta formación, además de los sitios históricos de alunizaje de las misiones Apolo 12 y Apolo 14.
También identificaron los márgenes de la región del Polo Sur, una zona estratégica para los futuros descensos tripulados debido a la presencia de recursos críticos, como hielo, para el abastecimiento de agua.
El intenso entrenamiento previo en geología permitió a los tripulantes describir cráteres y antiguos flujos de lava con una impecable precisión técnica.
La misión incluyó momentos de alta sensibilidad cuando los astronautas propusieron nombres para dos cráteres anónimos en la cara oculta. La tripulación solicitó bautizar a uno de ellos como Carroll, en homenaje a la fallecida esposa (2020) de Reid Wiseman. El segundo recibió el nombre de Integrity, en sintonía con el espíritu de la nave espacial. El centro de control en Houston recibió la propuesta tras un silencio respetuoso que conmovió a los técnicos y científicos en tierra, quienes tomaron nota de cada descripción en tiempo real.
El paso por la cara oculta de la Luna impuso un silencio de radio absoluto de aproximadamente 40 minutos. En ese lapso, las ondas de comunicación resultaron bloqueadas por la masa del satélite, lo que dejó a la Orion fuera del alcance de la Red del Espacio Profundo de la NASA.
Tras recuperar el contacto, los astronautas presenciaron un eclipse solar total que solo fue visible desde su posición privilegiada en el espacio. Durante 57 minutos, la Luna bloqueó el Sol y permitió el estudio directo de la corona solar, la capa más externa y radiante de la estrella, con anteojos especiales de protección.
Con las tareas de observación concluidas, la nave inició su escape de la esfera de influencia gravitatoria lunar para emprender el camino de retorno.
El viaje hacia la Tierra demandará cuatro días de navegación a través del vacío del espacio. El amerizaje final está programado para el próximo viernes 10 de abril en aguas del Océano Pacífico, en las cercanías de la costa de San Diego.
La Nación




