Hacia 2050, el incremento de las temperaturas será un obstáculo decisivo para millones de personas que se definirán por el sedentarismo. Las regiones pobres, como siempre, serán las más comprometidas.
“Una alimentación saludable acompañada de ejercicio físico”, es la frase que, habitualmente y en condiciones normales, prescribe cualquier profesional de la salud a un paciente que busca bienestar. Lo que muchas veces no se tiene tan en cuenta es que, de aquí a los próximos años, para seguir la segunda parte de la receta y mover el cuerpo, se requerirá de condiciones climáticas favorables. Si en la actualidad el calor extremo actúa como barrera para salir a trotar o hacer actividad al aire libre en pleno verano, lo que ocurrirá en un escenario de calentamiento global podrá traducirse directamente en una invitación al sedentarismo. Este martes, un examen de lo que sucede con personas de 156 países, señaló que si se extienden en el tiempo las altas temperaturas podría incrementarse la inactividad física a nivel global. De hecho, las proyecciones van un paso más: hacia 2050, las altas temperaturas podrían provocar medio millón de muertes.
El trabajo, publicado en The Lancet Global Health, incluyó datos recabados en 156 naciones a partir de encuestas autodeclaradas, realizadas entre 2000 y 2022. En base a esta información, simularon qué podría suceder de cara a las próximas décadas. Entre los principales resultados, advirtieron que cada mes que registra una temperatura media mayor a 27,8°C se traducía en el aumento de 1,44 puntos porcentuales de sedentarismo. Esto es: si el calor se prolonga, empuja a las personas a quedarse en casa y esto constituye un factor de riesgo decisivo para fallecimientos prematuros.
Es cierto: las personas pueden hacer ejercicios en gimnasio o en diferentes espacios cerrados y aclimatados para la ocasión. Sin embargo, no todos los individuos pueden disponer de ese pago mensual y la única opción con la que cuentan es ejercitarse en el espacio público. Por ello, como siempre, las naciones más pobres serán las más perjudicadas; las que, en definitiva, tengan un acceso más restringido a la salud. En los territorios de renta media y baja, indica el estudio, el aumento del sedentarismo no será de 1,44 puntos porcentuales, sino de 1,85.
Los perjudicados de siempre
Las regiones más pobres y más calurosas serán las más comprometidas: los países que se ubican en Centroamérica, el Caribe, el este del África subsahariana y el sureste asiático ecuatorial. Asimismo, el trabajo puntualiza que las mujeres y los adolescentes serán las poblaciones más perjudicadas por la combinación de calor y sedentarismo, ya que suelen carecer de acceso a espacios de ocio climatizados. Las desigualdades se van solapando y, no casualmente, siempre se perjudica en mayor medida a los mismos.
De acuerdo al estudio, con el calor “se incrementa el flujo sanguíneo cutáneo y la sudoración, lo que incrementa la carga cardiovascular, el riesgo de deshidratación y la sensación de esfuerzo”. Si el calor complica las cosas, lo mismo sucede con la inactividad física, que suele ubicarse como un factor desencadenante de diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares y mentales.
Por otra parte, el artículo refiere un problema adicional vinculado a lo económico. “La inactividad física provocada por el calor también amenaza la producción económica. La disminución de la fuerza muscular, el deterioro cognitivo y la mala calidad del sueño se traducen en un menor rendimiento laboral y un mayor absentismo”, destaca. En conjunto, ello podría traducirse, hacia mediados de siglo, en pérdidas de productividad anuales de entre 2.400 y 3.680 millones de dólares a nivel internacional.
Una mirada más amplia
Consultado por Página 12, Adrián Baranchuk, médico cardiólogo y presidente de la Sociedad Internacional para Holter y Electrocardiología No Invasiva, aporta una dimensión adicional: “Durante los últimos años, se ha desarrollado el concepto de sostenibilidad, donde interactúan los aspectos sociales y económicos del individuo, el ambiente, y el impacto de las tres cosas sobre el bienestar físico. Hemos tomado noción de que la soledad, aquellas personas que viven solas y no tienen contacto con sus familiares y amigos, son las que menos se mueven. Son las que adoptan el sedentarismo como modelo de vida“.
Y continúa con el detalle: “Están metidos en la casa, consumiendo medios en todas sus dimensiones: si son mayores ven televisión, si son menores, están con el teléfono y la computadora. La falta de contacto social promueve los factores de riesgo cardiovasculares. Desde la medicina debemos pensar en una aproximación multifactorial, en donde se vuelva deseable cuidar el corazón, las arterias, así como el cerebro y las emociones“.
Según los datos arrojados por distinta evidencia científica, se estima que un tercio de la población adulta mundial (sí, uno de cada tres adultos) no cumple con los 150 minutos de actividad física a la semana que sugiere la OMS como piso. En esta línea, un artículo difundido una semana atrás por la revista Nature destacaba la relevancia de la actividad física como política de salud pública. “Queremos que se reconozca el papel más amplio de la actividad física para múltiples prioridades sociales y de salud pública”, indicaban los autores.
Esta clase de investigaciones constituye una muestra más de cómo el cambio climático –ese concepto que algunos juzgan abstracto y que otros, como el presidente argentino, directamente niegan– provoca impactos reales en la vida de las personas. Combatir el calentamiento global debería ser una misión primordial de la geopolítica global. Sin embargo, cada año, las potencias están más lejos de abandonar sus mezquindades.
Página/12




