El retiro de Brasil del acuerdo para electrificar el transporte pesado reaviva el debate en Argentina, donde la falta de infraestructura y el alto costo financiero chocan con la abundancia de Gas Natural como alternativa inmediata y sostenible.
Por el ing. José Sesma
En relación con el posible tratado con Estados Unidos, en Argentina se pretende fomentar la importación de vehículos eléctricos, ya vengan de Norteamérica, Europa, China u otros países asiáticos.
Sin embargo, antes de promover tecnologías que requieren inversiones que hoy no podemos sostener, el país debería priorizar el aprovechamiento de los combustibles que ya posee en abundancia, como el Gas Natural, impulsando la fabricación y comercialización de vehículos que utilicen este recurso estratégico.
Mientras tanto, Brasil dio marcha atrás con lo firmado en la COP30, retirándose del acuerdo sobre la implementación obligatoria del transporte pesado eléctrico. Este giro va en sentido opuesto a las grandes inversiones que ya están realizando automotrices como Iveco y Scania, que cuentan con una presencia significativa en la fabricación y venta de vehículos pesados a gas.
A diferencia de lo que se pretende instalar, la Argentina no cuenta hoy con un sistema de transporte y distribución de energía capaz de abastecer masivamente la carga de un parque automotor eléctrico, ya sea liviano o pesado. Tampoco posee una red de estaciones de servicio para sostener ese esquema. Y si el país intentara desarrollar esa infraestructura desde cero, la inversión sería extremadamente alta, por lo que volveríamos a recurrir a créditos internacionales de tasas elevadas, debido al nivel de endeudamiento existente.
En síntesis, la cuestión no pasa por determinar de qué país importaremos vehículos eléctricos, sino por comprender que debemos empezar por “arreglarnos con lo que tenemos”. Y lo que tenemos en abundancia – hoy y por muchos años – es Gas Natural.
Ese es el recurso hacia donde debemos orientar nuestra política de transición energética: fabricando, vendiendo y utilizando automotores que funcionen con él, o en su defecto importando vehículos que empleen este combustible.
Esta debería ser la política de transición realista y sostenible para la Argentina.




