Con estimaciones privadas y sectoriales que ya hablan de recesión, los principales datos de la actividad pintan un cuadro oscuro para las principales ramas de la economía real. Incluso entre los sectores más pujantes, como el agro, hay matices.
A pocos días de las elecciones legislativas, la economía real atraviesa una situación delicada, con varios sectores clave en un escenario igual o peor al registrado durante el año pasado, momento del “mayor ajuste de la historia”, en palabras del propio Gobierno. En este sentido, si bien hay rubros que exhiben mejoras, no alcanzan para compensar la situación del resto, golpeada por la caída del consumo, la volatilidad cambiaria y el incremento de las importaciones.
“La actividad económica en Argentina llega a las elecciones estancada”, sintetizó en diálogo con Ámbito el economista y director del centro de estudios Orlando Ferreres, Fausto Spotorno. En su opinión, la economía “ha llegado a un punto máximo que no está pudiendo superar”. Y ahondó: “Es el mismo nivel que no se pudo superar en 2022, 2017, 2013 y 2011. Ahí tenemos un techo”.
Según el último dato del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec, la economía cayó 0,1% mensual en julio, mientras que diferentes estimaciones privadas y sectoriales plantean un escenario de recesión. Por caso, PulsoPBA arrojó una caída de 1,8% durante el tercer trimestre, neutralizando el aumento observado durante el segundo trimestre del año.
Sin embargo, para Spotorno la situación actual “tiene algunas particularidades” respecto a otros momentos del pasado. En su opinión, el freno en la actividad “no ha sido homogéneo” debido a que “hay sectores que efectivamente han logrado crecer, como minería, agro, petróleo y gas, mientras que otros siguen estancados o frenados, como puede ser el sector de la construcción o la industria”.
En Argentina hay 4,5 millones de trabajadores debajo de la línea de pobreza
Tener trabajo ya no garantiza escapar de la pobreza. Así lo revela un informe elaborado por Laura Caullo y Federico Belich, responsables de la sección Social-Laboral de la Fundación Mediterránea, que advierte sobre la magnitud del problema. Según el estudio, uno de cada cinco trabajadores argentinos es pobre.
La tasa de pobreza entre los ocupados alcanza el 21,6%, lo que equivale a 4,5 millones de personas sobre un total de 21 millones de trabajadores. El dato refleja una paradoja persistente: aun con empleo, una parte creciente de la población no logra cubrir la canasta básica.
Entre los desocupados, la pobreza trepa al 58,9%, confirmando el impacto directo de la falta de empleo en la vulnerabilidad social. Pero el dato más preocupante es que tener trabajo tampoco exime de la pobreza, especialmente en el caso de los empleos informales o de baja productividad.
En tanto, el 40,5% de los independientes no registrados y el 37,5% de los asalariados informales viven por debajo de la línea de pobreza. Incluso dentro del trabajo formal, persisten sectores con altos niveles de vulnerabilidad. Un ejemplo es el servicio doméstico, donde los bajos salarios limitan la posibilidad de superar la pobreza.
El estudio también subraya las desigualdades regionales. En provincias donde más de la mitad del empleo es informal, la pobreza laboral se intensifica. Tucumán (58%), San Juan (57%), Salta, Santiago del Estero y Formosa (todas con 52%) encabezan el ranking de mayor informalidad.
Ámbito/Bae Negocios




