Dicen que lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, salvo las míticas bodas de sus casinos.
Hay cosas que son tradición en Las Vegas. La ciudad que nunca duerme es el hogar por excelencia de los grandes casinos, y de los más famosos del mundo. Por eso, son miles los jugadores que llenan sus locales y recorren sus calles en busca de que la fortuna les sonría. Sin embargo, también hay jugadores que acuden para que su amor quede inmortalizado para siempre.
Casarse en un casino de Las Vegas se ha convertido en una auténtica tradición, porque no todos los días uno puede casarse con una versión de Elvis Presley oficiando su boda. Es algo que arrastra ya décadas de tradición, con miles y miles de bodas oficiadas y “sí quieros” pronunciados entre neones y luces de colores. Pero también hay otra costumbre que ha ido creciendo en este curioso ritual.
Y es que muchas parejas aprovechan su salida de la capilla del casino para ir directas a jugar, sea en tragaperras, en mesas de blackjack o póker o en cualquiera de los muchos juegos que pueblan estos establecimiento. ¿El motivo? En algunos es algo que va sobre supersticiones y ritos, ya que consideran que la celebración de su enlace es el amuleto perfecto para que la fortuna les acompañe. En otros, es tan simple como que los propios casinos pueden regalar fichas a quienes se case en ellos.
Sea por una razón u otra, es algo que sucede en muchas de las más de 70.000 parejas que se casan año tras año en las capillas temáticas de estos negocios. Bodas en las que hay para todos los gustos, desde el rey del rock que mencionábamos antes hasta auténticas extravaganzas con despliegues de helicópteros o carreras de coches. El único límite para estas bodas está en la imaginación… y el presupuesto.
Pero si algo une a todas esas celebraciones, aparte del amor, es que suelen ir acompañadas de un viaje del altar a la mesa. Jugadores que, ramo en mano y con un traje impecable, sonríen repletos de nervios en la mesa de la ruleta y llegando a apostar parte del dinero de su boda a un número o color. Se sienten afortunados y, aunque rara vez, en ocasiones esa fortuna les acompaña también en el juego.
De hecho, hay historias muy curiosas al respecto, como la de una pareja que, en 2005, apostó 5000 dólares que había recibido en sobres de boda al color negro en una ruleta del Caesars Palace de California. ¿Qué pasó? Ganaron y duplicaron el dinero que habían recibido para sorpresa y jolgorio de todos los presentes. Ese día, la suerte estuvo del lado de los novios.
Puede que no sean bodas tan lujosas como las que se pueden celebrar en un Marriott, pero no dejan de tener algo especial, una mezcla de rito, tradición y suerte que hace que sigan siendo lo que son: una de las grandes tradiciones de los casinos.




