Los precios de los alimentos y servicios en la Argentina se vuelven a encarecer en dólares, mientras se abaratan los de bienes durables, producto de la apertura comercial y la baja de impuestos que contrasta con la apreciación del peso.
Al analizar la evolución de la competitividad local en una canasta de bienes y servicios frente a otros 9 países, un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea expuso la particularidad del actual escenario económico entre los diferentes rubros de consumo.
La evolución más favorable para los consumidores se concentra en los bienes durables, indumentaria y calzado. Aunque históricamente la Argentina ha sido un país costoso en estos sectores debido a la protección comercial y a una elevada carga tributaria interna, la brecha con el exterior se está acortando.
Al respecto, el reporte precisó que la Argentina resultó ser el país más caro en el 74% de los casos relevados en esta categoría durante agosto. Aunque la cifra continúa siendo elevada, representa una disminución frente al 82% registrado en mayo de 2025 y al 96% observado al inicio de las mediciones en marzo de 2025.
Desde el IERAL explicaron que la eliminación de trabas a la importación, la baja de aranceles y la reducción de algunos impuestos internos lograron compensar con creces el efecto de la apreciación cambiaria, abaratando estos bienes frente al mundo.
Al referirse a este fenómeno, el estudio precisó que el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) de la Argentina terminó agosto en $1.513, situándose un 20% por debajo del techo superior de la banda cambiaria. Aunque se ubica un 40% por debajo de su promedio histórico de largo plazo, valor que equivaldría a $2.078 actuales, el TCRM sigue siendo un 18% mayor al de diciembre de 2001 y un 12% superior al de noviembre de 2015.
A pesar de la mejora general en los bienes, algunos artículos como las freidoras de aire, los vestidos y las zapatillas deportivas continúan registrando en el país los precios absolutos más altos de toda la muestra internacional.
La situación inversa se da en los rubros de alimentos, bebidas y servicios personales, donde la apreciación de la moneda local verificada en 2026 ha comenzado a encarecer a la Argentina frente a sus competidores.
En alimentos y bebidas, el país resultó más caro en el 48% de los casos analizados en agosto, mostrando un leve retroceso de competitividad respecto al 47% de mayo. Esta evolución marca un quiebre frente al proceso de abaratamiento del 2025, cuando las reformas y la depreciación cambiaria habían logrado reducir este porcentaje al 39% en diciembre de ese año.
El encarecimiento relativo en el último trimestre se sintió con fuerza en productos como papas, bebidas gaseosas, cerveza y arroz blanco, mientras que los huevos y el agua mineral mostraron un abaratamiento relativo.
Por el lado de los servicios familiares y personales, el panorama es similar. Al respecto, el informe expuso que la Argentina pasó de ser más cara en el 32% de los casos en diciembre de 2025 a un 38% en agosto de 2026.
Mientras que la cuota de un gimnasio, la educación preescolar, el precio del combustible y la tarifa de taxi siguen siendo comparativamente económicos en el país, salir a comer a un restaurante o contratar un plan para el celular se destacan por su costo elevado.
Al comparar el poder adquisitivo del salario industrial formal de cada país frente a las canastas de consumo analizadas, el informe reflejó que el sueldo industrial en la Argentina promedió los 1.689 dólares mensuales en 2025.
Aunque esta cifra se posiciona por debajo de la registrada en naciones desarrolladas, como Estados Unidos o Australia, y de economías europeas, como Polonia, resulta superior a la de los salarios industriales de Brasil, México y Chile.
Este nivel salarial indica que, a pesar de que Brasil ofrece precios de alimentos y bebidas más bajos en el 90% de los casos comparados, el poder de compra del asalariado argentino es superior al brasileño y al mexicano en el 100% de los alimentos de la canasta.
La brecha desfavorable para el salario local reaparece con fuerza en los bienes durables por las diferencias de precios que aún persisten. Así se refleja que para comprar un automóvil, un trabajador en la Argentina necesita destinar 20 salarios mensuales enteros, frente a los 16 que requiere un trabajador en Chile y los 6 que necesita uno en los Estados Unidos.
En el caso de una moto de baja cilindrada, se requieren 2,2 salarios argentinos, frente a los 1,4 necesarios en el mercado estadounidense. Para adquirir un par de zapatillas, un trabajador local debe destinar el 7% de su sueldo, un esfuerzo menor al de Brasil y México (14%), pero superior al de Chile (4,7%) o al de los Estados Unidos (1,8%).
Agencia NA




