La Municipalidad de Tartagal, Sata, sacó a la venta un producto alimenticio que combina carne, hígado y corazón de cerdo con avena y verdura. Es una iniciativa público privada inspirada en la receta del tradicional haggis escocés. Se vende a $3.500 el kilo.
”Comer es un derecho. Comer todos los días es un derecho. Comer bien, con lo que el cuerpo necesita y no con lo que el bolsillo permite, también es un derecho. Y sin embargo, para miles de familias del norte salteño, comer se volvió una hazaña diaria, una cuenta que se hace en el mostrador de la carnicería y que casi siempre termina con menos de lo que hace falta”, señala el presidente de Tartagal Productiva SE, Lucas Javier Mercado Arzalán.
”Hay un discurso oficial que repite que el Estado se corra, que el mercado ordena, que cada uno se arregle como pueda. Y el resultado a la vista: la carne se transformó en un lujo y la dieta popular se llenó de harina y azúcar baratos, que llenan la panza y no alimentan”, agrega.
Indicando que, ”en Tartagal decidimos meternos en esa cadena. No con un discurso: con una empresa pública, un matadero municipal y un producto concreto que ya está en la mesa. Se llama Cuchiburga. Es un medallón de carne de cerdo, hígado, corazón, avena y verdura. Se vende a 3.500 pesos el kilo”.
Receta e idea
Mercado Arzalán reveló que, ”la receta nos llegó de la mano de Dante Galeano, empresario gastronómico de la ciudad, que nos acercó una preparación tradicional de Escocia – el haggis – y después invitó a los/as trabajadores de nuestra abastecedora a enseñarles cómo se hace. Sin contrato, sin factura, sin condiciones. De ahí salió una receta nueva, nuestra, del norte”.
”Y salió también una constatación de que, a esta altura, debería ser evidente: los pueblos del mundo se parecen mucho más de lo que nos hacen creer. El haggis nació de lo que los señores de Escocia le dejaban al campesino después de llevarse lo bueno. Las achuras, la avena, lo que no rendía. Igualito que acá. Y con eso los/as de abajo, en Escocia y en el Chaco salteño, hicieron comida. Y la hicieron rica”, insistió.
”Va a aparecer el prejuicio, así que lo digo primero: esto no es comida de segunda para gente de segunda. El hígado y el corazón están entre las fuentes más ricas y más fácilmente absorbibles de hierro, de zinc y de vitamina B12 que existen. Son exactamente los nutrientes cuya falta le come el futuro a un niño o una niña en sus primeros años de vida, los que están detrás de los problemas vinculados a la malnutrición que se ven todos los días en los centros de salud y en los centros de primera infancia de nuestros barrios”, resalta.
Afirmando que, ”después está la cadena, que es donde se juega en serio el desarrollo territorial. El cerdo lo crían pequeños productores de la zona. Se faena en el Matadero Frigorífico Municipal, con control bromatológico, recuperado y puesto a funcionar por decisión de esta gestión municipal. Se elabora en nuestra propia planta, con trabajo tartagalense. Y se vende directamente, en la abastecedora y arriba del Cuchimóvil, que recorre toda la ciudad – este, oeste, norte y sur- sin los eslabones que en la góndola multiplican el precio final por tres o por cuatro. Cada peso de ese circuito se queda en Tartagal”.
”No exagero. Un medallón de cerdo no resuelve el hambre en Tartagal. Pero marca un rumbo, y en tiempos en los que el rumbo es la destrucción de todo lo público y de los lazos comunitarios, marcar uno distinto es un acto político. Producir acá, faenar acá, elaborar acá, vender acá. Que el productor o la productora tenga a quién venderle y que la familia tenga qué poner en la sartén. Que el Estado llegue antes, del lado de la producción, y no solamente después, administrando la carencia”, resalta el presidente de Tartagal Productiva SE.
”Porque el hambre no se resuelve con asistencia: se resuelve con trabajo, con producción y con un Estado que se meta. Y la justicia social, cuando es de verdad, se sienta a la mesa”, finalizó.
Página 12




