“Vamos a tener un trimestre sin plata”, le avisó Toto Caputo a las autoridades porteñas, con las que negocia el pago de la deuda que Nación arrastra con la Ciudad. El mismo mensaje desalentador recibió un gobernador aliado. Desde el Iaraf señalan que la recaudación nacional cayó 7,8% real interanual en enero y la que se distribuye a provincias y CABA retrocedió 6,6%.
Sobran los ejemplos: la Patagonia nunca recibió los 100 mil millones que prometió Milei para combatir los incendios y Santa Fe tuvo que afrontar sola la mejora de los sueldos de la policía luego de la reciente rebelión, como dejó en claro el gobernador Pullaro. Lo mismo ocurrió con los pagos del Pami a las clínicas de la Patagonia, pisados por Caputo. De hecho, los últimos ATN que repartió fueron en diciembre, desde entonces cero.
La economía argentina parece ingresar así a un laberinto conocido: falta plata, no porque el gasto haya explotado, sino porque los ingresos se enfrían y el financiamiento empieza a mostrar límites.
El primer problema es fiscal. La recaudación lleva seis meses consecutivos de caída en términos reales y enero marcó el nivel más bajo de los últimos 16 años ajustado por inflación. Según publicó ARCA, los ingresos alcanzaron 18,33 billones de pesos, con una suba nominal del 22% respecto de enero de 2025, pero una caída real frente a la inflación. El dato refleja una economía que pierde dinamismo y complica el equilibrio fiscal.
Las razones son conocidas. La suspensión de retenciones, la reducción de aranceles a las importaciones y la baja de impuestos internos impactaron sobre los recursos del Estado.
El IVA aportó 6,2 billones, con una mejora nominal del 16,4%, pero el componente aduanero cayó 7,6%. Es una señal clásica de enfriamiento: menos comercio exterior y menor actividad. El impuesto a las Ganancias sumó 3,4 billones, con un aumento nominal del 32,4%, que en términos reales apenas empata con el año pasado. El impuesto al cheque siguió una trayectoria similar.
En paralelo, los ingresos al sistema de Seguridad Social crecieron 27,7%, por debajo de la inflación anual, lo que confirma la pérdida de poder adquisitivo del empleo registrado. El resultado es directo: menos recursos disponibles y más presión sobre las cuentas públicas.
El economista Nadin Argarañaz, presidente del Iaraf, estimó que la recaudación nacional que queda en manos de Nación cayó 7,8% real interanual en enero y la que se distribuye a provincias y CABA retrocedió 6,6%. La recaudación total, según ese análisis, habría descendido 7,4% real.
El segundo factor es financiero. Durante 2025 y el inicio de 2026, la liquidez en dólares permitió sostener al mercado local. Las empresas emitieron Obligaciones Negociables (ON) para refinanciar deuda y traer divisas. Esa dinámica aumentó la oferta de dólares y le permitió al Banco Central comprar reservas sin presionar el tipo de cambio. Pero el mecanismo empezó a mostrar fatiga. En apenas un mes se emitieron más de USD 1.300 millones y luego el acceso al crédito externo volvió a limitarse.
El movimiento fue intenso. Telecom colocó cerca de USD 500 millones a una tasa del 8,5%. Banco Galicia emitió USD 216,2 millones. Mirgor USD 26,5 millones destinados a capital de trabajo. Las tasas para empresas de primera línea se estabilizaron entre el 7% y el 9% anual en dólares.
El problema es cuánto puede sostenerse. Ahí aparece el límite estructural. El mercado local absorbió cerca de USD 20.000 millones en ON durante 2025 y los analistas empiezan a hablar de saturación. Marina Dal Poggetto adviertió que el fondeo disponible es cautivo mientras no se normalice el acceso al crédito externo, que sigue complejo con el riesgo país por encima de los 500 puntos y Argentina calificada como mercado de frontera.
La consultora 1816 agrega otro problema: se refinancia lo que vence, pero cuesta conseguir dinero nuevo para proyectos de largo plazo. Fondos y aseguradoras, además, están cerca de sus límites regulatorios de exposición.
El tercer elemento que explica la escasez que advierte Caputo es el tiempo. Faltan tres meses para que ingrese el grueso de los dólares del agro. Entre abril y junio, el trimestre dorado, se concentra la liquidación más fuerte del año, principalmente por soja y maíz. Para la campaña se proyectan 146,4 millones de toneladas y exportaciones por unos 34.800 millones de dólares a lo largo del año.
Pero el ingreso efectivo depende de variables que el Gobierno no controla del todo. El clima ya empezó a generar dudas sobre una cosecha récord y, al mismo tiempo, muchos productores esperan mejores condiciones de precio o tipo de cambio antes de vender. “Van a tener que bajar de nuevo las retenciones a cero”, advierte un diputado que conoce al sector.
Mientras tanto, el ajuste vuelve a aparecer como la única herramienta disponible para sostener el equilibrio fiscal que defienden Milei y Caputo.
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