Productores algodoneros advierten que el 2,4-D y otros herbicidas hormonales, están causando daños ambientales masivos, afectando cultivos a kilómetros de distancia y reduciendo drásticamente la producción. “Los hormonales amenazan el futuro del algodón”, fue la dura afirmación de uno de ellos.
Además, reclaman controles más estrictos, cumplimiento de la ley y una acción conjunta de gobiernos, instituciones y productores para evitar una crisis económica y social en las provincias algodoneras.
Advierten sobre el impacto ambiental de las derivas de los hormonales y reclama mayor control estatal para proteger al cultivo y la economía regional. La preocupación por los daños que generan los productos hormonales en el cultivo del algodón se ha convertido en un tema de primer orden para el sector agroindustrial.
Héctor Linke, empresario algodonero y representante de la Asociación Argentina de Productores de Algodón, alertó sobre la gravedad de la situación: “El algodón es una planta muy susceptible a todos los hormonales. No identifiquemos si es uno u otro, todos afectan al cultivo”, dijo a Agroperfiles.
El productor remarcó que esta problemática no es exclusiva de Argentina. “Productores de Brasil tuvieron que ir a la justicia, y la justicia les dio la razón. Me parece muy bueno lo que hicieron, porque tomaron el toro por las astas”. Según Linke, en otros países las decisiones judiciales y las regulaciones son más estrictas, mientras que en Argentina el problema se agrava por la falta de control y el uso extendido de estos productos en épocas críticas.
“En Brasil no son como nosotros, directamente fueron a la justicia, y los que aplican indiscriminadamente se toparon con el horcón del medio”, señaló LInke.
Además, recordó que este tema no es nuevo y que se viene advirtiendo desde hace tiempo. “Nosotros estuvimos muy al frente cuando se autorizó la soja Enlist, porque sabíamos que podía ocurrir esto. Le dijimos al ministro de Agricultura en su momento que iba a traer consecuencias para el algodón”.
Daños ambientales y económicos
El impacto de los herbicidas hormonales va más allá de una simple deriva. Linke fue categórico al describir que “ya no estamos hablando de deriva, sino de una situación ambiental. El algodón lo detecta a 30 o 40 kilómetros”. Según explicó, la sustancia puede permanecer en el aire y viajar grandes distancias, afectando cultivos que ni siquiera se encuentran en zonas aledañas a las aplicaciones.
El referente algodonero señaló que las fechas de aplicación se fueron corriendo hacia los meses de mayor riesgo. “Antes se aplicaba en junio o julio y no era tan peligroso. Ahora se aplica en noviembre, diciembre o enero, y ahí se vuelve inmanejable”.
Además, advirtió que las llamadas buenas prácticas agrícolas no alcanzan. “Siempre dije que las buenas prácticas no podían existir porque el producto no tiene manejo. Si hay inversión térmica, se nos va al ambiente y hace daño a kilómetros de distancia”, remarcó.
Dijo en este sentido que este fenómeno ya está provocando consecuencias económicas graves en la región. “Hay productores que han dejado de hacer algodón. Si seguimos así, estamos empujándonos a una debacle muy importante. No nos olvidemos que el algodón mueve millones de pesos y genera miles de puestos de trabajo en toda la cadena”, remarcó Linke, alertando sobre el riesgo para las economías de Chaco, Santiago del Estero, Formosa y el norte de Santa Fe.
Respuestas provinciales dispares
Linke destacó que algunas provincias han mostrado mayor compromiso que otras. “Siempre digo que hay una provincia que nos escuchó muy bien, que es Santiago del Estero, y al Ministro de Agricultura de allí le agradezco siempre porque se comprometió a trabajar en esto”, afirmó. Sin embargo, sostuvo que en otras jurisdicciones la respuesta ha sido insuficiente. “En Chaco hemos hecho los reclamos, pero con poco éxito. Es como que lo dejan pasar, nos dicen que nos van a ayudar, pero no vemos acciones concretas”.
La falta de control y sanciones desalienta a los productores a realizar denuncias. “El productor no quiere hacer la denuncia porque dice ¿para qué? Si después no pasa nada”, lamentó Linke.
En este sentido, afirmó que esto genera un círculo vicioso donde las aplicaciones indebidas se repiten sin consecuencias y los daños se multiplican campaña tras campaña.
Además, reclamó mayor responsabilidad a los expendedores y aplicadores. “Hago responsables a los expendedores, porque hay una ley que prohíbe su uso y lo venden como agua. También a los aplicadores que están trabajando fuera de la ley”.
”Hay esperanzas”
Pese al panorama crítico, Linke dijo que hay señales de esperanza. Valoró los avances científicos que buscan una solución de fondo, ofreciendo “felicitaciones al trabajo que está haciendo Gensus para desarrollar una semilla de algodón resistente al 2,4-D. Es uno de los “frasqueros” más grandes que tenemos y con esto podríamos volver a crecer en superficie” señaló.
Sin embargo, el empresario insistió en que la tecnología por sí sola no alcanzará si no se corrigen las malas prácticas. “Podemos llegar a un momento en que el algodón no se pueda hacer más. Tenemos que unirnos productores, asociaciones, ingenieros, gobiernos y medios de comunicación para frenar este flagelo”, advirtió.
Al finalizar, Linke apeló a la conciencia del sector. “Llamo a la conciencia del productor que lo está aplicando en este momento. Tenemos que respetar la ley. Si esto sigue ocurriendo, vamos a luchar para que se prohíba totalmente, porque si no, seremos responsables de destruir una producción clave para el norte argentino”, indicó por ultimo.
Agroperfiles




