La psicoanalista Perla Trajtemberg advirtió sobre la preocupación de profesionales de la salud y la educación por la aparición de intentos de suicidio en niños y jóvenes. Señaló que los cambios de conducta, el aislamiento o las variaciones en el estado de ánimo pueden ser señales de alerta y planteó la necesidad de que familias y sociedad aborden el tema abiertamente.
En diálogo con CIUDAD TV, la profesional señaló que la situación se observa tanto a nivel nacional como internacional y remarcó la necesidad de que la sociedad aborde el tema con responsabilidad.
“Los profesionales de la salud, la educación, las familias están muy preocupadas porque hay una sorpresa de encontrar en edades más tempranas la aparición de los intentos de suicidio o los suicidios consumados”, explicó. Según indicó, este escenario se desarrolla en un contexto social complejo donde muchos niños y jóvenes atraviesan interrogantes sobre el sentido de la vida.
En ese sentido, sostuvo que la problemática interpela directamente a los adultos y al entorno social. “Estamos en un momento que tenemos que ser muy serios y preguntarnos, como sociedad, como familias, qué sentido le estamos dando a nuestra vida porque esto hace transmisión; nuestros hijos reciben el impacto directo de la noción de mundo, de la noción de vida que tengamos”, afirmó.
Trajtemberg señaló que la preocupación también se refleja en el ámbito sanitario. “Es semanal prácticamente no sólo las consultas que me llegan sino a la clínica mía y la preocupación de los profesionales de la salud y de la educación”, indicó. En la misma línea, explicó que en hospitales se analiza de manera periódica la cantidad de internaciones vinculadas a intentos de suicidio. “Semanalmente estamos interrogando en el ámbito hospitalario la cantidad de internaciones por intentos de suicidio de diferentes índoles”, agregó.
Desde una mirada psicoanalítica, planteó que muchas de estas situaciones aparecen como expresiones de sufrimiento que buscan interpelar al entorno. “Han llegado a un punto límite, en lo que en el psicoanálisis se llama el dolor de existir toma una preponderancia que no saben cómo interrogarnos”, explicó.
En ese marco, consideró que estos episodios pueden interpretarse como formas extremas de expresar un conflicto. “Son llamados desesperados. Son modos de interrogar, de una manera brutal muchas veces, al ámbito familiar y querer que salga una verdad”, sostuvo.
La especialista también remarcó la importancia de hablar del tema y de generar espacios de escucha. “Tenemos que hablar, colocar sobre la mesa este tema que está angustiando a mucha cantidad de gente desde los niños hasta los jóvenes y adultos”, afirmó.
En cuanto a la prevención, señaló que existen señales que pueden advertir a las familias cuando un niño o adolescente atraviesa una situación difícil. “Hay signos que son visibles, cuando el niño cambió su actitud, su estado de ánimo, cuando de pronto se encierra y no hay manera de conectar con él, uno tiene que pensar que posiblemente esté pensando algo”, explicó.
No obstante, aclaró que no todos los cambios deben interpretarse automáticamente como situaciones graves. “No todo pensamiento de un niño o un adolescente es catastrófico o alarmante, pero todos podemos saber en nuestro núcleo íntimo cuáles son las características de nuestros seres queridos y darnos cuenta si algo está cambiando”, indicó.
Por último, mencionó que en algunos casos el contacto con la tecnología puede influir en el estado emocional de los jóvenes. “A veces algo pasa en la intimidad del chico por su contacto con la tecnología que no nos damos cuenta, pero que le cambia el estado de ánimo y eso sí puede ser más observable; no la causa pero sí la consecuencia”, concluyó.




