En el marco del Mes de Prevención del Suicidio, la psicoanalista Perla Trajtemberg habló en CIUDAD TV sobre el aumento de los intentos y suicidios, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Advirtió sobre las señales que pueden aparecer en la vida cotidiana y llamó a fortalecer los vínculos entre las familias, la escuela, el sistema de salud y el Estado.
La prevención del suicidio requiere mucho más que intervenir cuando aparece una crisis. Implica construir desde la infancia redes de contención, referentes y espacios donde niños y adolescentes puedan hablar de sus angustias, frustraciones y conflictos. Así lo planteó la psicoanalista Perla Trajtemberg, quien en diálogo con CIUDAD TV analizó la problemática durante el Mes de Prevención del Suicidio.
Trajtemberg, quien recientemente participó en Chaco de una convocatoria destinada a los ámbitos de educación y salud, sostuvo que existe un interés creciente por debatir una problemática que se volvió especialmente compleja cuando involucra a adolescentes.
“Es un mundo en el cual los niños y los adolescentes tienen que estar más preparados que nunca para poder abordar los avatares”, señaló. En ese sentido, mencionó entre los desafíos actuales el incremento del uso de la tecnología y los riesgos asociados, además de la necesidad de que los jóvenes puedan diferenciar entre realidad y virtualidad.
“Algo está fallando en la transmisión de los adultos”
Para la especialista, uno de los puntos centrales de la discusión está en el vínculo entre las nuevas generaciones y los adultos.
“Lo que nosotros vemos es que algo está fallando en la transmisión de los adultos a los niños”, afirmó. Y explicó que las situaciones de decepción, conflictos amorosos, bullying, grooming u otras experiencias que forman parte de la vida pueden convertirse en situaciones de enorme vulnerabilidad cuando no existen herramientas suficientes para afrontarlas.
La preocupación aumenta, sostuvo, porque actualmente aparecen casos en edades cada vez más tempranas.
“Que se ponga en riesgo la existencia es un tema que verdaderamente estamos alarmados porque es una solución que están considerando chicos de 10 años, de 11 años, de 14 años”, expresó.
Trajtemberg remarcó además la importancia de prestar atención a los intentos de suicidio. Según la estadística que mencionó durante la entrevista, pueden existir numerosos intentos previos antes de que una persona concrete un suicidio.
Por eso, planteó que familias, profesionales de la salud, docentes y Estado deben trabajar de manera conjunta para transmitir desde la infancia herramientas que permitan valorar la vida y, fundamentalmente, que los chicos sepan que tienen a quién recurrir cuando atraviesan una situación de sufrimiento.
Las señales que no deberían pasar inadvertidas
Uno de los aspectos centrales de la entrevista estuvo relacionado con las señales de alerta. Trajtemberg describió situaciones que suelen aparecer en las consultas: chicos que antes tenían una vida social activa y de repente dejan de hablar, se encierran, pierden interés en salir o pasan gran parte del día frente a una computadora.
“Cuando un cambio se produce en la vida de alguien, de nosotros también, cuando algo se produce como un cambio, es una alerta”, explicó. La especialista aclaró que no todos los adolescentes atraviesan de la misma manera esa etapa de la vida ni todo aislamiento debe interpretarse automáticamente como una señal de riesgo. Sin embargo, sostuvo que los adultos deben permanecer atentos a las modificaciones en las conductas y en los vínculos.
“No puedo estar metido en mi teléfono y no conectar con mis seres queridos, porque el tiempo es corto, pasa muy rápido”, reflexionó.
En esa línea, cuestionó la pérdida de espacios de encuentro dentro de las familias. “Los chicos se sienten solos”, afirmó, y advirtió que esa soledad puede aparecer incluso dentro de hogares que, desde afuera, parecen completamente constituidos. “No nos podemos permitir que nuestros chicos estén huérfanos de los referentes en los que puedan confiar”, sostuvo.
“Juzgar siempre te va a alejar del otro”
Frente a la pregunta sobre cómo acercarse a un adolescente que atraviesa una situación de sufrimiento, Trajtemberg fue contundente: el primer paso es no juzgar.
“Juzgar siempre te va a alejar del otro, porque va a generar una resistencia”, explicó.
La psicoanalista planteó que los adultos deben poder acompañar a los jóvenes incluso cuando no comprendan completamente lo que les sucede. La familia es un espacio fundamental, pero no el único: docentes, profesionales de la salud, referentes comunitarios y otros adultos significativos también pueden convertirse en puntos de apoyo.
“La familia no es todo. Podemos tener otros referentes que nos den una mano”, señaló.
Por eso, insistió en la necesidad de que los niños y adolescentes sepan que existe alguien a quien pueden recurrir cuando atraviesan angustia, dolor o frustración.
Hablar del suicidio: “Sí. Obvio que se habla”
Otro de los ejes de la entrevista fue la necesidad de romper con el silencio alrededor del suicidio.
Ante la pregunta sobre si es conveniente hablar directamente del tema, Trajtemberg respondió: “Sí. Obvio que se habla”.
Para la especialista, evitar la conversación no contribuye a la prevención. Por el contrario, consideró necesario que exista una persona capaz de acercarse al sufrimiento del otro sin miedo y ofrecerle un espacio de escucha.
“La empatía”, explicó, consiste en intentar comprender cuál es el deseo del otro, incluso cuando ese deseo aparece ligado a la muerte. En ese proceso, sostuvo, contar con un referente puede resultar fundamental.
“Mientras haya alguien que tenga el deseo de conectar con el dolor del otro y no tenerle miedo, porque esta es la pregunta clave, se habla o no se habla del suicidio”, planteó.
“Las estadísticas están haciendo que se hable cada vez más”
Trajtemberg rechazó la idea de que simplemente exista una mayor visibilización del tema. Según sostuvo, el crecimiento de los intentos y de los suicidios consumados está respaldado por estadísticas nacionales e internacionales.
“Las estadísticas están haciendo que se hable cada vez más, porque cada vez son mayores los intentos de suicidio y los suicidios consumados”, afirmó.
Durante la entrevista también mencionó una tasa de 12 suicidios cada 100.000 habitantes y sostuvo que los datos deben funcionar como una señal de alarma para las instituciones y la sociedad.
“Tenemos una obligación moral y yo te diría un deseo ético de acompañar a nuestros niños y a nuestros jóvenes”, expresó.
El rol de los límites: “El no es un acto de amor”
Hacia el final de la entrevista, Trajtemberg introdujo otro concepto que, según contó, generó un fuerte impacto durante la conferencia que brindó en Chaco: la importancia de los límites. “El no es un acto de amor”, sostuvo.
La especialista cuestionó la idea de que poner límites sea necesariamente una actitud autoritaria. Según explicó, los niños necesitan incorporar progresivamente la noción de lo permitido y lo prohibido, las consecuencias de sus actos y el respeto hacia los demás.
“El no es orden, el no es querer abrir un campo para el otro de lo permitido y lo prohibido”, explicó.
En ese sentido, consideró que enseñar límites no significa castigar o reprimir, sino transmitir herramientas para la convivencia y para el desarrollo de una vida saludable.
“Cuando alguien de la familia le dice ‘no’ es porque lo ama, no porque lo quiere castigar o reprimir, por gusto, es porque quiere un futuro sano para él”, concluyó.
Para Trajtemberg, la prevención comienza mucho antes de una situación de crisis: en la posibilidad de que un niño tenga vínculos, referentes, límites, escucha y un adulto dispuesto a preguntarle qué le está pasando. Y, sobre todo, en que nunca llegue a sentir que no tiene a quién recurrir.




