El presidente de esa entidad, Faruk Jalaf, que representa a los empresarios de la provincia, alertó que muchas estaciones registran un déficit de unos 130.000 litros mensuales respecto del volumen necesario para alcanzar el equilibrio.
Las Estaciones de Servicio enfrentan una ecuación cada vez más difícil: venden menos litros, pero sus principales gastos se mantienen. En Misiones, la situación alcanzó un nivel crítico en las localidades fronterizas, donde los despachos se redujeron hasta 40 por ciento, mientras que el promedio provincial muestra una merma cercana al 20 por ciento.
El presidente de la Cámara de Estaciones de Servicio de Misiones, Faruk Jalaf, explicó a Surtidores, que el problema combina varios factores que terminan impactando sobre el precio final y sobre el resultado que queda para el expendedor.
El dato que marca la dimensión de la dificultad es el volumen. Según señaló, una estación comercializa actualmente alrededor de 220.000 litros mensuales, cuando necesita llegar a unos 350.000 para alcanzar el punto de equilibrio. La diferencia de 130.000 litros deja especialmente expuestas a las más pequeñas y a aquellas ubicadas en las zonas limítrofes.
Las diferencias de precios con países vecinos vuelven a sentirse en las provincias del norte. Con valores más altos medidos en moneda estadounidense, crece el movimiento de automovilistas y transportistas que buscan cargar combustible fuera del país para achicar gastos.
La pérdida de ventas tiene una explicación concreta en las ciudades fronterizas: el consumidor compara precios y encuentra una alternativa al otro lado. Jalaf señaló que en Brasil el litro de nafta ronda los 7 reales, un valor inferior a los $2.100 argentinos según la conversión utilizada por el dirigente, mientras que en Misiones puede superar los $2.350.
La diferencia modificó el comportamiento de quienes habitualmente cargaban combustible en la provincia. “Los que venían a cargar ya no cargan”, resumió.
La situación se agrava porque la provincia tiene aproximadamente el 90 por ciento de sus límites con Brasil y Paraguay. Para los empresarios, esa particularidad geográfica hace imposible competir cuando existe una diferencia significativa en el valor del litro.
“No se puede prohibir el libre tránsito”, afirmó Jalaf. Por eso, la alternativa que plantea o consiste en impedir el cruce, sino en atacar los factores que generan la brecha. Uno de los principales cuestionamientos del titular de CESANE apunta a la carga tributaria.
El dirigente sostuvo que el combustible soporta una fuerte incidencia impositiva y explicó que, aunque determinados tributos representen porcentualmente alrededor del 42 por ciento según la forma de cálculo, la presión efectiva sobre el precio resulta mucho mayor cuando se consideran las distintas cargas que intervienen en la operación.
Según su estimación, el litro de combustible sin esa incidencia tributaria tendría un valor cercano a $1.100, mientras que el consumidor termina pagando más de $2.000. A los gravámenes nacionales se agregan Ingresos Brutos, impuestos municipales y otros conceptos que terminan encareciendo la operación.
El dirigente también cuestionó que continúen aplicándose percepciones de Ingresos Brutos sobre determinadas operaciones financieras y bancarias, pese a decisiones previas que apuntaban a eliminarlas. La consecuencia, sostuvo, es que el expendedor queda atrapado entre un precio que desalienta el consumo y un margen que no crece en la misma proporción.
El otro componente que Jalaf considera determinante es la logística. El empresario cuestionó especialmente el valor que representa transportar el combustible hasta Misiones. “No puede haber $400 de flete por litro desde Buenos Aires”, sostuvo.
Según su estimación, el transporte debería representar alrededor de 6 por ciento del valor del producto, pero en la provincia puede llegar a explicar hasta un 20 por ciento. La crítica también alcanza al abastecimiento desde puntos más cercanos. Jalaf mencionó los envíos provenientes de Resistencia y Santa Fe y señaló que una menor distancia debería traducirse en una reducción del precio, algo que, según afirmó, no ocurre.
Además recalcó que la estructura financiera constituye otro problema para los expendedores y ubicó actualmente el margen de las estaciones entre 8,5 por ciento y 9,5 por ciento, dependiendo de la operación, pero aclaró que esa cifra no representa lo que finalmente queda disponible para afrontar todos los gastos.
“Las tarjetas de crédito absorben aproximadamente 2,5 por ciento de cada venta, mientras que las de débito representan cerca de 1,5 por ciento. Cuando se suman esos descuentos a los impuestos y otros cargos, el resultado se reduce considerablemente”, explicó. El estacionero sostuvo que, después de las distintas deducciones, en determinadas operaciones puede quedar apenas un 2,5 por ciento por litro comercializado.
A esto se suma un cambio en los hábitos de pago: cada vez circula menos efectivo, una tendencia que se siente especialmente en Misiones por la menor presencia de extranjeros que antes cruzaban la frontera para abastecerse.
La comparación con Paraguay es una de las referencias que utiliza el sector. Jalaf señaló que ese país aplica una carga tributaria total cercana al 10 por ciento, una diferencia que ayuda a explicar por qué el precio resulta más competitivo para los consumidores fronterizos.
“Los estacioneros somos explotados por el Estado porque somos entes recaudadores obligados del fisco sin ningún cargo a favor nuestro”, sentenció finalmente.
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