La Argentina cerró 2025 con un récord histórico de exportaciones de alfalfa: 168.915 toneladas despachadas por US$65,5 millones. En comparación con 2024, el volumen de las ventas al exterior aumentó en 16.085 toneladas, un 10,5% más, mientras que el valor creció en US$13,3 millones, un salto del 5,5%. Córdoba consolidó su posición como principal polo con el 91% de los negocios con el exterior y un informe destaca los desafíos del sector.
De esa manera, ingresó al grupo de los principales proveedores mundiales, pero debe resolver dos desafíos claves para un nuevo salto exportador, según un informe del Clúster Alfalfa Córdoba junto al Grupo Alfalfa de INTA Manfredi y Córdoba Custom Service. El mercado global está en plena reconfiguración. El año pasado movilizó 8,4 millones de toneladas por unos US$2770 millones.
Las cifras incluyen tanto heno de alfalfa como de otras especies forrajeras. La alfalfa representa 44% del comercio debido a su elevado contenido proteico, alta digestibilidad y aporte de vitaminas y minerales. Es un insumo estratégico para los sistemas intensivos de producción de leche y carne.
El crecimiento argentino está vinculado a factores como la caída de las exportaciones de Estados Unidos, afectadas por el conflicto arancelario con China a la vez que hay una creciente demanda estructural de los sistemas intensivos de producción de leche y carne en Asia y Medio Oriente.
A ese panorama se agrega un alza en el interés de numerosos países compradores por diversificar sus fuentes de abastecimiento para reducir la dependencia de unos pocos orígenes. Esto abrió posibilidades para la Argentina y, en ese contexto, Córdoba consolida su posición como principal polo exportador del país, con 91% de los embarques.
En todo el mundo el negocio está en expansión
A la hora de analizar destinos, China es el principal importador mundial de alfalfa, con 1,5 millones de toneladas. Le siguen Arabia Saudita (617.500 toneladas) y Emiratos Árabes Unidos (399.000 toneladas), ambos países donde las limitaciones de tierra y agua hacen del comercio internacional de forrajes un componente estratégico para sostener sus sistemas ganaderos.
En paralelo se consolidan demandantes emergentes como Vietnam, Indonesia, Tailandia, Brasil y Egipto, que representan nuevas oportunidades para diversificar las exportaciones argentinas y reducir la dependencia de unos pocos destinos.
Gastón Urrets Zavalía, coordinador del Clúster Alfalfa Córdoba y referente en Henificación del Grupo Alfalfa de INTA Manfredi, explica que si bien Estados Unidos y España lideran ampliamente el comercio mundial, la Argentina reúne condiciones para continuar creciendo gracias a sus 3,2 millones de hectáreas implantadas, la producción en contraestación respecto del hemisferio norte y la experiencia técnica acumulada.
Logística, clave
En la investigación se advierte que el próximo salto exportador ya no dependerá únicamente de producir más alfalfa, sino de transformar una mayor proporción de esa producción en una oferta exportable estable y de alta calidad.
Para eso es clave ampliar la capacidad de secado, recompactado, pelletizado y acondicionamiento industrial, además de incorporar tecnologías a campo que permitan reducir pérdidas y cumplir con los estándares exigidos por los mercados internacionales.
Otro de los desafíos es la logística. Actualmente, colocar una tonelada de alfalfa premium en destinos como Emiratos Árabes implica costos cercanos a US$155 por tonelada, equivalentes a alrededor del 41% del valor final del producto, una brecha que limita la competitividad frente a otros países exportadores.
Para Urrets Zavalía, el desafío ya no pasa únicamente por producir más, sino por construir una cadena cada vez más competitiva: “Este tipo de informes nos permiten mostrar, con datos, el presente y el potencial de la alfalfa argentina. Desde el Clúster de Alfalfa de Córdoba y el INTA, buscamos acompañar el desarrollo y la profesionalización del sector para que se consolide como un generador estratégico de divisas y valor agregado”.
La Nación




