Piden investigar quién pagó el viaje del Presidente y si existió una “injerencia externa indebida”. Para el vicepresidente Geraldo Alckmin se trató de “una grosera intromisión en asuntos internos”.
La bochornosa participación de Javier Milei en la campaña electoral de Flávio Bolsonaro, con insultos a su par Luiz Inácio Lula da Silva, se convirtió primero en una crisis diplomática y ahora en una cuestión judicial. ¿Quién pagó el viaje a San Pablo? ¿Cómo se financió el hospedaje, la logística, la seguridad y el traslado de la comitiva libertaria? ¿Se utilizaron recursos de las arcas públicas de alguno de los dos países? Estas son algunas de las preguntas que el Partido de los Trabajadores (PT) formuló ante la Procuraduría General Electoral de Brasil. El espacio que lidera Lula presentó una denuncia judicial en la que pide que se investigue la excursión de Milei a la convención del Partido Liberal (PL), donde pidió el voto para el hijo de Jair Bolsonaro, agravió al mandatario brasileño y apuntó contra un juez del Supremo Tribunal Federal (STF).
La presentación pone el foco en si existió una “injerencia externa indebida” por parte del gobierno argentino. Las sospechas no son infundadas. La sobreactuación mileista en suelo paulista se enmarcó en la ambición del presidente argentino de construir un bloque regional de ultraderecha y erigirse como el delegado de Donald Trump en América Latina. Para el vicepresidente Geraldo Alckmin se trató de “una grosera intromisión en asuntos internos”.
Con el correr de los días, el conflicto no se diluyó; es más, la crisis diplomática se expandió a los tribunales. El PT presentó un escrito en el que sostiene que la participación del jefe de Estado argentino en el acto de Flávio Bolsonaro no puede ser interpretada como la de un invitado más. Como argumento principal, resalta la agenda que tuvo Milei durante su visita: comenzó con una recepción en el Palacio de los Bandeirantes por parte del gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, continuó con la entrega de la Orden del Ipiranga —la máxima distinción del Estado paulista— y terminó en la Convención Nacional del Partido Liberal, donde Flávio Bolsonaro lanzó su candidatura a presidente para los comicios del 4 de octubre. Sobre ese escenario, el argentino ocupó un lugar central como orador e insultó a Lula. Lo que la coalición oficialista le pide determinar a la Justicia Electoral es si existió una “integración logística y funcional entre la estructura oficial del Estado de São Paulo y el evento partidario”. En otras palabras, si se utilizaron recursos públicos para financiar la campaña bolsonarista.
En paralelo, la denuncia pone el foco en el financiamiento del viaje de Milei. La presentación del PT advierte que no existe información pública que permita conocer quién afrontó los gastos del traslado internacional, el hospedaje, la seguridad, la logística y el resto de la organización de la comitiva argentina. Por eso solicita establecer si se utilizaron bienes públicos de Argentina para financiar el encuentro opositor. “La participación del presidente argentino en un acto de lanzamiento de candidatura exige esclarecer si el Estado argentino financió, total o parcialmente, esa actividad”, indica el PT.
Consultada por Página/12, la Casa Rosada explicó que se trató de un “viaje oficial” y que Milei “fue invitado y condecorado por el gobernador de San Pablo”. En el marco de esa agenda, dicen, realizó la actividad partidaria. La explicación podría provocarle una complicación a Tarcísio de Freitas, en caso de que la Justicia entienda que financió una expresión partidaria. Además, fuentes allegadas a Presidencia lo compararon con la visita que Lula efectuó en julio del año pasado, cuando vino a la Argentina. “Es lo mismo que cuando vino acá. Participó en una cumbre de presidentes. Después fue a ver a Cristina. Es la misma situación”, completaron. Lo cierto es que el brasileño aprovechó la Cumbre del Mercosur en Buenos Aires para visitar a la expresidenta y no viceversa.
El documento del PT también dedica un capítulo al contenido del discurso de Milei. Destaca que hubo “menciones expresas al proceso electoral brasileño”: pidió votar a Flávio Bolsonaro, convocó a derrotar a Lula y envió “ataques directos y reiterados” contra integrantes del Supremo Tribunal Federal. Además, remarca que el show mileista fue difundido por las redes sociales del Partido Liberal como parte de la estrategia de campaña. “En materia electoral, la soberanía nacional se proyecta directamente sobre la autonomía del proceso democrático interno, asegurando que la formación de la voluntad popular permanezca libre de influencias institucionales externas incompatibles con la autodeterminación política del pueblo brasileño”, cuestiona la presentación.
Durante el acto, Milei esbozó su característico discurso de odio, donde calificó a Lula de “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”. También se refirió al ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes como una “basura calva”. La respuesta de la Cancillería brasileña fue llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli. El presidente del STF, Edson Fachin, en tanto, indicó que las expresiones fueron “irrespetuosas” e “incompatibles con la civilidad que debe caracterizar a las relaciones entre los Estados”. El PT, a través de su presidente, Edinho Silva, consideró “inadmisible que un jefe de Estado extranjero visite nuestro país y se dirija a sus poderes constituidos de manera irrespetuosa”.
Tras el escándalo, el Gobierno buscó ayer minimizar el hecho. En conferencia de prensa, el vocero Adrián Ravier justificó al Presidente diciendo que “siempre han habido insultos de ambos lados”, que se trata de “diferencias ideológicas y políticas” y que “la Argentina nunca ha llevado estas diferencias al plano diplomático”. “No creemos que esto vaya a impactar en la parte diplomática. No es la intención que esto afecte las relaciones comerciales entre dos pueblos hermanos”, concluyó.
Desde el comienzo de la gestión, e incluso durante la campaña electoral de 2023, Milei eligió a su par brasileño como blanco. En aquel entonces, lo tildó de “corrupto” y “comunista”. Es más, a su asunción invitó a Jair Bolsonaro. En ese contexto, Lula no participó de la ceremonia y envió a su canciller, Mauro Vieira.
El nuevo capítulo de esta disputa se enmarca en el objetivo del presidente argentino de impulsar una liga regional de mandatarios de ultraderecha. La sobreactuación, los gritos e insultos forman parte de una estrategia para erigirse como el principal delegado de Trump en América Latina. El sueño del libertario es diseñar un bloque subordinado a la política exterior de Marco Rubio.
En el PT hacen el mismo diagnóstico. Resaltan que el apoyo a Bolsonaro y el ataque a Lula no son aislados, sino que forman parte de una estrategia geopolítica para promover a las fuerzas de ultraderecha. De ahí que le pida a la Justicia Electoral que investigue si la participación de Milei violó las normas que regulan el financiamiento y la utilización de recursos públicos en actividades proselitistas.
Ahora la atención está puesta en la Procuraduría General Electoral. El organismo deberá definir si impulsa una investigación para determinar el origen de los fondos utilizados durante la visita de Milei, el eventual empleo de recursos públicos argentinos y la posible utilización de la estructura estatal de San Pablo para favorecer la campaña de Bolsonaro.
Desde el Planalto, ayer salió a contestar el vicepresidente Alckmin. “Un presidente no debe involucrarse en la elección de otro país, y además de ser una intromisión en asuntos internos de Brasil, lo hace de manera grosera, absolutamente grosera”, expresó. Además, subrayó que la pelea perjudica a la Argentina, al recordar que “Brasil es su mayor socio comercial”.
A priori, la confrontación parece favorecer a Lula. Lejos de bajarle el tono al conflicto, el PT respondió a las agresiones y decidió trasladar la disputa al terreno judicial. Los últimos números de Datafolha muestran al presidente brasileño al frente de la carrera electoral: reúne el 47 por ciento de intención de voto, frente al 43 por ciento de Flávio Bolsonaro. En el oficialismo interpretan que la polarización con la ultraderecha fortalece el respaldo de los sectores moderados.
Página/12




