Un informe del Instituto Gino Germani de la UBA, detectó que el 71,1% de las personas con empleo no supera la canasta básica total. La informalidad laboral alcanza un récord del 48% y se destruyeron más de 253.000 puestos formales en dos años.
El mercado laboral argentino atraviesa una transformación regresiva sin precedentes. Un estudio del Grupo de Estudios en Desigualdad y Movilidad Social (GEDyMS) del Instituto Gino Germani (UBA), basado en datos oficiales, revela que durante el último cuatrimestre de 2025 el 71,1% de las personas ocupadas percibían ingresos por debajo de la Canasta Básica Total (CBT), que mide el umbral de la pobreza.
La situación es aún más extrema entre los asalariados informales (90% por debajo de la CBT) y los cuentapropistas de baja calificación (85,1%).
El dato resulta contundente incluso para el segmento que debería estar protegido: el 59,3% de los trabajadores asalariados registrados no logra cubrir el valor de una CBT. La pobreza también alcanza al 57,9% de los cuentapropistas con alta calificación y al 18,2% de los patrones formales.
Por rubros, el 97,7% de las trabajadoras de casas particulares y el 87% de los empleados de “alojamiento y servicios de comidas” están en situación de pobreza, mientras que en la enseñanza y la industria manufacturera los porcentajes rondan el 68% y 67,4% respectivamente.
El estudio, liderado por el doctor en Ciencias Sociales Eduardo Chávez Molina, documenta una “desformalización progresiva y sostenida”. Entre el último trimestre de 2023 y el mismo período de 2025 se destruyeron 253.543 puestos de trabajo formales y 51.577 informales, mientras se crearon 288.765 cuentapropistas de baja calificación, que perciben salarios promedio de apenas $720.000 mensuales.
Como resultado, la proporción de asalariados formales cayó al mínimo histórico del 46% del total de ocupados, mientras la informalidad alcanzó un récord del 48%.
El cuentapropismo precario se consolidó como la categoría de mayor crecimiento, pasando del 16% al 20% del empleo total en una década y alcanzando a 2,6 millones de personas “estructuralmente vulnerables”. El 44% de estos trabajadores está sobreocupado (más de 45 horas semanales) y el 33% subocupado, una paradoja que evidencia que trabajar más horas no garantiza salir de la precariedad. El 86% no supera la línea de pobreza y el 42% cae en la indigencia.
La situación es crítica para los jóvenes: los menores de 30 años representan el 53% del total de desocupados, y su tasa de informalidad escaló al 60%, el valor más alto jamás registrado. El pluriempleo alcanzó su máximo histórico del 12%, mientras que casi el 20% de los ocupados demandan más horas de trabajo. En conjunto, las “personas con problemas de empleo” (informales, desocupados, sobreocupados y subocupados demandantes) sumaron 10.025.052 personas al cierre de 2025, un 24% más que una década atrás.
El informe advierte que el deterioro es resultado de la relación de fuerzas entre las clases sociales, con un gobierno que actúa como “ajustador directo y garante de los intereses de las clases dominantes” y conducciones sindicales que “han cedido terreno pasivamente”.
Con los índices de precios mayoristas de abril mostrando una suba extraordinaria del 5,2% que anticipa más inflación, y los salarios registrados acumulando siete meses consecutivos de pérdida frente a los precios, el estudio concluye que “el mercado de trabajo ya no funciona como un canal de integración social ni de movilidad ascendente”.
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