El rechazo ambientalista de 1996 frenó el proyecto binacional que Paraguay considera clave para garantizar energía a las maquiladoras y al sector tecnológico. El desarrollo del proyecto hidroeléctrico de Corpus, ubicado sobre el río Paraná, entre la provincia argentina de Misiones y el departamento de Itapúa, es prioridad dentro de la agenda del Gobierno de Santiago Peña.
Sin embargo, un referéndum realizado en 1996 frenó la iniciativa impulsada por la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y la Comisión Mixta del Paraná (COMIP). El plebiscito, de carácter vinculante, ha impedido reflotar el proyecto y concretar nuevos estudios de impacto ambiental en los últimos 30 años, pero en Paraguay esperan que las autoridades misioneras se animen a someterlo nuevamente al voto popular.
Según las estimaciones de la COMIP, la represa podría producir hasta 2.880 megavatios para la región. Se trata de un asunto sensible para el Gobierno de Peña, que enfrenta el escenario de un apagón energético para 2030, lo que comprometería no solo la llegada de inversiones extranjeras atraídas por los incentivos fiscales que ofrece el régimen de maquila, sino también la intención de convertir al país en un polo digital de la mano del centro de Inteligencia Artificial anunciado por Taiwán.
“Mirá, te lo hago simple y directo. Nuestro mayor impedimento es Argentina. La causa es un referéndum resuelto por la provincia de Misiones que se opuso al proyecto en 1996 y sigue vigente. Constitucionalmente tienen esa figura. La única solución es levantar el referéndum con uno nuevo que apruebe la iniciativa. La posición paraguaya siempre fue positiva para avanzar”, dijo a LPO una alta fuente de Yacyretá, quien además deslizó que ya existirían fondos para encaminar el proyecto.
Cabe mencionar que en 1996, Misiones llevó adelante un plebiscito sobre Corpus. La consulta estuvo acompañada por organizaciones ambientalistas y partidos políticos, y los misioneros dijeron no al proyecto, pese a que su producción representaría casi el 10% de su mercado energético y generaría fuentes de trabajo.
El principal motivo del rechazo fue el impacto que ocasionaría la represa sobre los recursos naturales de la zona. Sus promotores, en particular la COMIP, insisten en sus beneficios potenciales, como energía más barata y abundante – que el sistema eléctrico nacional podría aprovechar – y un mayor desarrollo industrial para la provincia.
La única solución es levantar el referéndum con uno nuevo que apruebe la iniciativa. La posición paraguaya siempre fue positiva para avanzar
Actualmente, Luis Bregman, director técnico de la COMIP, busca redefinir la ubicación estratégica de Coprus y analizar el impacto que tendría en la generación y distribución de energía, especialmente para Misiones.
“Es una obra sin volumen de regulación, lo que la define como una central hidroeléctrica de pasada. Su ubicación se fijó a 60 kilómetros aguas arriba del proyecto de Ita Kwá y posee una menor potencia instalada en comparación con aquel emprendimiento. La superficie afectada es menor”, explicó.
La necesidad de responder a la creciente demanda energética obliga al gabinete de Peña a analizar 22 nuevos sitios para levantar hidroeléctricas más pequeñas, con capitales privados. Esto, luego del mensaje enviado desde Brasil de que Paraguay debe producir su propia energía para responder a sus propios proyectos.
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