El alerta expresado por expertos se da en medio de brotes de ébola y hantavirus. Las evidencias científicas advierten que una nueva crisis sanitaria global está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, la Argentina de Milei sigue afuera de la OMS.
Si para 2020, cuando explotó la crisis global por el coronavirus, ya existía un puñado de artículos científicos que anticipaban que un fenómeno de ese calibre podía suceder, en 2026, las alarmas por la posibilidad de una nueva pandemia se redoblan.
Un equipo denominado Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación, conformado por expertos de la Organización Mundial de la Salud, realizó un informe en el que apunta que los esfuerzos internacionales por evitar un nuevo colapso sanitario no son suficientes y que, de seguir así, en el corto plazo, se podría experimentar una situación similar.
“El mundo está al borde de daños aún mayores”, sentencia el documento. Para colmo, Argentina es de los pocos países que en 2025 no suscribió el Acuerdo sobre pandemias y, en el presente, pese a la insistencia de la OMS para cambiar su situación, está fuera del organismo.
La emergencia del ébola en la República Democrática del Congo, que acumula más de 100 fallecimientos y lo que está sucediendo con el hantavirus en el crucero y en otros países que identifican casos, exhiben a las claras la falta de preparación de los sistemas sanitarios para contener brotes.
El informe, titulado Un mundo al límite: prioridades para un futuro resiliente ante las pandemias, concluye que “a medida que los brotes de enfermedades infecciosas se vuelven más frecuentes, también se vuelven más dañinos, con impactos cada vez mayores en la salud, la economía, la política y la sociedad, y una menor capacidad para recuperarse de ellos”. E insiste: “Para reconstruir la confianza y promover la equidad, el mundo necesita una vigilancia independiente del riesgo de pandemia, un acceso equitativo a las contramedidas y una financiación sostenible, facilitada por una atención política constante”.
Este lunes, durante la apertura de la reunión anual de los estados miembro de la OMS, el director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó en relación al ébola y al hantavirus: “Estos dos episodios son apenas las crisis más recientes en nuestro mundo, presa de múltiples turbulencias”. Y agregó: “Desde los conflictos hasta las crisis económicas, pasando por el cambio climático y la reducción de la ayuda internacional, vivimos una época difícil, peligrosa y fuente de divisiones“.
Desde el organismo internacional buscan que Estados Unidos y Argentina revean su situación de dejar la OMS. Sin embargo, del otro lado parece haber un muro: EE. UU. no ha pagado sus cuotas desde que asumió Trump y adeuda 260 millones de dólares, al tiempo que Argentina insiste en su desvinculación.
El problema de siempre: la inequidad
Uno de los principales problemas que se advierte durante la última década es la falta de un financiamiento sostenido, capaz de preparar a los diferentes estados para afrontar crisis pandémicas. Según el informe, factores como la fragmentación geopolítica – impulsada por gobiernos poderosos como el de Estados Unidos -, el descreimiento en los organismos internacionales, los conflictos ecológicos y los viajes globales vuelven cada vez más compleja la instrumentación de políticas públicas que puedan servir de barreras para los virus. En la fase actual del capitalismo basta con que un patógeno afecte a una región para que, rápidamente, se propague en territorios lejanos.
Durante los últimos 10 años, el mundo se volvió menos inequitativo en relación al acceso de vacunas y tratamientos para afrontar crisis disímiles, como la viruela del mono o el Sars CoV-2. Basta con focalizarse en lo que sucedió durante la pandemia de la covid, cuando en una primera instancia, mientras que el continente africano no había inmunizado prácticamente a nadie, naciones como Canadá habían comprado vacunas como para inocular siete veces a sus ciudadanos.
Fue precisamente por este desorden que la OMS, en mayo de 2025, impulsó la firma de un Acuerdo sobre pandemias. Entre los objetivos, se pueden leer: la promoción de un acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos en futuras pandemias; el establecimiento de mecanismos de intercambio de información científica; el fomento de financiamiento para los sistemas de salud; y la mejora de la cooperación internacional.
En aquella oportunidad, hubo 124 votos a favor, 0 objeciones y 11 abstenciones (entre las que se destacan la de Italia o Rusia). Argentina ni siquiera dio el presente.
Los desafíos
Los impactos, señala el documento, no solo son económicos y sociales. Las crisis también afectan la confianza en los gobiernos, que realizan grandes esfuerzos por tratar de garantizar los marcos democráticos. De hecho, en pleno coronavirus, al gobierno de Alberto Fernández le costaba mucho lograr un consenso en cuanto a la implementación de medidas de aislamiento y luego de distanciamiento.
Con velocidad, emergieron los grupos anticuarentena que quemaban barbijos en señal de rechazo. Todavía hoy, el presidente Javier Milei insiste en calificar a la cuarentena argentina como “la más larga del mundo” y tilda a las restricciones avaladas por la OMS como delitos de lesa humanidad.
Entre los principales desafíos, los autores del informe hallan tres ejes principales. Desde su perspectiva, los tomadores de decisiones deberían ajustar las políticas de vigilancia epidemiológica para seguir más de cerca la posibilidad futura de una nueva pandemia. También deberían democratizar las condiciones de acceso a vacunas y tratamientos; así como comprometerse con un financiamiento que permita tanto la prevención como una mitigación rápida de sus efectos.
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